Dos plazas, dos momentos, una misma lucha

Por Nico Fernández

La Marcha de la Resistencia volvió a congregar, durante 24 horas ininterrumpidas, a miles de personas bajo la consigna Por el derecho a trabajar, resistir sin descansar. Cristina Conducción. Bajo una lluvia que no dio respiro y un frío que invitaba a amontonarse, se llevó a cabo la ronda histórica, testigo de la resistencia de un pueblo a la más feroz dictadura que haya vivido nuestro país. Desde el escenario tomaron la palabra el diputado nacional Edgardo Depetri, Agustín Rossi, el intendente de Ensenada Mario Secco, Hebe de Bonaffini y cerrando el acto, el diputado nacional Máximo Kirchner.

“Doce años de felicidad me hicieron pensar que no volveríamos a hacer esta marcha, pero desde que asumió este salvaje de Macri al poder, empecé a pensar que íbamos a necesitar algunas marchas de la Resistencia”, reflexionó Hebe de Bonaffini durante su discurso en el que pidió “pensar que vamos a hacer con los compañeros que se quedaron sin trabajo” debido a las políticas de ajuste aplicadas por el gobierno.

Por su parte, Secco comenzó su discurso refiriéndose a que en los doce años de gobierno kirchnerista, Ensenada se transformó en el segundo polo industrial que más aporta al PBI de la Provincia de Buenos Aires. “Ese es el legado que nos dejó Néstor y Cristina. Entonces nos paramos de manos y denunciamos que se empieza a ver el hambre y la miseria en nuestros pueblos”, señaló al referirse a las consecuencias de 9 meses de gestión macrista.

Durante el cierre de la Marcha, el diputado nacional del FPV, Máximo Kirchner, criticó al gobierno de Mauricio Macri de “ver fantasmas en todos lados” y hablar de que los trabajadores son los que ponen palos en la rueda mientras ellos solo tienen “un plan de negocios para las transnacionales en vez de tener un plan de gobierno para el pueblo”. Llamó a la unidad para defender lo conquistado y señaló que “hay que tener los brazos bien abiertos, los oídos bien abiertos, los ojos bien abiertos (…) y el corazón bien grande para enfrentar un modelo económico cuya principal consecuencia siempre es explotar las miserias de todos, de volvernos más individualistas (…) Hay que organizarse, hay que estar alegres, en estas peleas, tristes no se gana. Les mostraron la zanahoria de ganancias y hoy tenemos el palo de la desocupación sobre millones de trabajadores, más gente pagando ganancias que antes, más desocupados que antes. Han inflado otra vez la deuda externa (…) Esta no puede ser solo una Marcha de la Resistencia, sino que también tiene que ser una marcha de la construcción”, señaló en su alocución.

Por otro lado, el 2 de septiembre con una Plaza de Mayo desbordante se produjo el cierre de una movilización que comenzó en la mañana del miércoles 31 de agosto. Una columna partió desde la ciudad chubutense de Comodoro Rivadavia y otra, en representación del Nordeste Argentino (NEA) salió a las 8 desde la provincia de Misiones. Una tercera formación arrancó a las 11 desde la ciudad de Esquel. Una cuarta, del Noroeste Argentino (NOA) salió desde la provincia de Jujuy tras un acto realizado frente al penal de Alto Comedero, donde permanece detenida Milagro Sala. La quinta y última columna, en representación de Cuyo, partió desde el Cerro de la Gloria, ubicado en la ciudad de Mendoza. Todos se agruparon bajo la consigna Un pueblo movilizado para terminar con el tarifazo, los ajustes y los despidos.

La marcha es la reedición de una similar que se realizó en 1994, a cinco años del gobierno de Carlos Menem. Sin embargo, entre ambas existen muchas diferencias. La del viernes 2 por lo menos cuadriplicó a la del 94’. A mediados de los ’90 se trataba de un proceso de destrucción sistemática del empleo, por lo que el movimiento piquetero era más numeroso que el sindical y los primeros tenían el protagonismo. Esta marcha se da luego de 12 años de crecimiento del empleo y avances de los derechos de los trabajadores. Por eso las columnas sindicales fueron tan numerosas y junto a los movimientos sociales, partidos, los sectores juveniles y organizaciones de derechos humanos congregaron alrededor de 200.000 personas en la Plaza.

Convocada por las dos CTA, la movilización contó con la participación de gremios de la CGT disconformes con la posición de la cúpula (Corriente Federal de Trabajadores) que expresaron desde las bases una unidad de acción y articulación con el propósito de defender el empleo y oponer un plan de lucha, como se mostró en los masivos actos de Rosario y Córdoba antes de llegar a Plaza de Mayo. “Si tuviéramos que contar los que estamos acá, la cantidad de asambleas, de plenarios, de encuentros; pero así se fue construyendo, desde abajo, fíjense, desde abajo y desde el borde”, señaló Hugo Yasky.

Los discursos priorizaron el llamado a la unidad para enfrentar las políticas económicas del macrismo. Así los señalaba Yasky en su discurso de cierre: “Esa unidad es el mapa del campo popular, que el liberalismo y el neoliberalismo quiere dividido, quiere roto, quiere que cada pedacito no encastre con el otro. Si ellos nos logran dividir, van a lograr dominarnos. Si nosotros construimos la unidad con la convicción de que esa unidad es para la lucha, por la liberación, por la emancipación social, la justicia social. Si esa unidad la construimos somos invencibles…”

Dos marchas y una sola consigna: Construir la unidad para la lucha y la lucha para avanzar. Todo esto, en el marco del fortalecimiento de la organización popular para construir una nueva mayoría que pueda hacer frente al plan de hambre y desocupación, es la tarea y la idea que unió a las dos plazas.

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