La crisis democrática en Brasil

Por Sabrina Perez (Lic. cn Ciencia Política)

La democracia en Brasil atraviesa su momento más difícil desde el golpe de Estado que culminó en 1989. 61 votos bastaron para determinar la destitución de Dilma Rousseff como presidenta de Brasil, a menos de dos años de que fuera electa por 54 millones de ciudadanos, a través de un procedimiento constitucional denominado “impeachment”.

La acusación central contra la mandataria fue la de haber realizado maniobras contables de legalidad dudosa, utilizando fondos de bancos públicos para cubrir financieramente programas gubernamentales. El Congreso sostiene que las cuestiones de presupuesto tienen que pasar por ese ámbito para ser evaluadas y aprobadas. Si bien Rousseff niega haber realizado dicha práctica, la controversia gira en torno a si es una causa suficientemente relevante como para llevar adelante la destitución, ya que el uso de fondos de bancoses un recurso que los gobiernos utilizan normalmente.

El sector político afín a Dilma, por otro lado, aduce que este proceso es un golpe de Estado de carácter institucional, impulsado por el ala de la derecha brasileña, frustrados por su incapacidad de llegar al poder a través de la vía democrática. Además, señalan que gran parte de los senadores que votaron por su destitución tienen causas de corrupción en sus espaldas. No sólo lo califican como un abuso institucional, sino también como una hipocresía de parte de personas que tienen acusaciones aún más graves sobre sus espaldas.

En relación a esto, cabe mencionar que el nuevo gabinete de Temer, vicepresidente que tomó el cargo de Rousseff hasta cumplir con el mandato completo, está compuesto por figuras destacadas de la oligarquía nacional, banqueros y militares relacionados con la última dictadura de ese país. Varios de ellos están involucrados en causas de corrupción, relacionadas con evasión fiscal y coimas de empresas privadas como Odebrecht y el grupo Quieroz Galvão.

Pero Rousseff no fue la única alcanzada por este procedimiento institucional. A Eduardo Cuhna, quien impulsó como presidente de la Cámara de Diputados el juicio político contra la mandataria, se le hallaron cuentas en Suiza con sumas millonarias sin justificación de su procedencia, lo que le costó su destitución por la Cámara Baja, por 450 votos contra 10. Cuhna acusó al PT de “revanchismo” y aseguro a sus colegas que “a ellos les iba a pasar lo mismo”.

A nivel internacional, varios países de la región, como Ecuador, Bolivia, Costa Rica, Nicaragua, Venezuela y Cuba, han rechazado la legalidad de este proceso, y  es causa de controversia en el mundo.

La situación política de Brasil se vincula con el auge del neoliberalismo en la región. La derecha suramericana no ha tenido buenas performance electorales tras las crisis de fin de siglo, y ha buscado retomar el poder por vías paralelas, dentro del marco institucional. Sin recurrir al recurso militar, ha buscado desestabilizar y deslegitimar los gobiernos de tendencia popular, con estrategias similares, principalmente acusaciones de corrupción a mansalva, pero también poniendo trabas a las gestiones.

Sin embargo, no hay en Brasil, ni se observa en un futuro cercano el surgimiento de un partido o alianza política que logre la masividad y representatividad que tiene el Partido dos Trabalhadores, de Lula y Dilma. La derecha la tendrá difícil cuando le toque pasar nuevamente por las urnas.

 

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