Michel Temer: Occidente a la caza de América Latina

Por Rodrigo Adriel Iturriza, Licenciado en Ciencia Política (UNLaM)

El pasado 20 de septiembre, seis países de nuestra América se retiraron de la Asamblea General de las Naciones Unidas al momento de escuchar el discurso del actual presidente de Brasil. La decisión de Bolivia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela evidencia un síntoma de un nuevo capítulo en la larga historia por la disputa de América Latina y sus recursos.

En un contexto de restauración de gobiernos neoliberales a partir de diversos mecanismos, Michel Temer, al igual que Mauricio Macri, se muestra como un Jefe de Estado permeable a las demandas del capital transnacional y de las potencias tradicionales de Occidente[1]. Su llegada al poder se digita a partir de una nueva estrategia geopolítica global combinada con un modus operandi que se aplica de manera sistemática en toda la región, involucrando medios hegemónicos de comunicación, buena parte de los poderes judiciales y los sectores concentrados de la economía.

Por ello, el gesto de los gobiernos no neoliberales que quedan en Latinoamérica no es un capricho ejercido por naciones al margen de la toma de decisiones a nivel internacional; sino que cristaliza un desacuerdo fundamental: en esta parte del mundo hay quienes se resisten al modelo existencial neoliberal, vehiculizado por una impronta imperial, cuyas manifestaciones y formas de operar no se muestran de la misma manera que hace más de una década.

En efecto, en nuestros días la idea de imperialismo obedece más a una coalición de poderosos actores de la arena global que a un país en especial[2]. Así, la Unión Europea, el FMI, el Banco Mundial, Gran Bretaña, los Estados Unidos, empresas transnacionales, entre otros, ejercen un imperialismo que, además de querer hacerse de los recursos fundamentales de nuestra región (petróleo, gas, agua, minería, alimentos, etc.); busca quebrar nuestras identidades, sostener sus economías sobre los escombros de la globalización, hegemonizar el sistema capitalista financiero-especulativo, enlazar su imagen con la idea de Humanidad e instaurar un único camino para el desarrollo, la democracia y la construcción del conocimiento.

Las venas de América Latina se abren y se cierran, entonces, no tanto por una causalidad/casualidad biológica, sino por una combinación de factores nacionales e internacionales entre los que el papel que juegan los gobiernos del Sur del Colorado es central. Mientras Temer las quiere abrir, otros las quieren cerrar.

Frente a este nueva embestida, los países que aún logran resistir la nueva ola neoliberal, siguen enfrentando –desde donde y como pueden- una potencia que va más allá de sus posibilidades. Esto es especialmente cierto al saber que Brasilia, Buenos Aires y la Ciudad de México, están alineadas en un mismo posicionamiento. La idea de “volver al mundo” es el principal constructo conceptual para legitimar tal esquema.

Pero la evidencia sobre este fortalecimiento de Occidente en nuestro territorio no se limita a cuestiones discursivas. Entre muchos elementos aparecen el aumento sideral de la deuda externa argentina en dólares[3]; el impulso a la Alianza del Pacífico y el debilitamiento del Mercosur, al tiempo en que se le bloquea a Venezuela el ejercicio de su presidencia pro tempore; la “nueva” posición argentina en relación a la soberanía sobre el Atlántico Sur[4]; el ajuste, reordenamiento o desmantelamiento de los programas sociales y derechos laborales; entre otros.

De cara a este panorama, podemos dar cuenta de los límites de los procesos de integración –receta revalorizada en los últimos años para blindar la región- basados en gobiernos y no en Estados (en sentido amplio) y pueblos (o sobre el conjunto de las sociedades civiles). Es por ello que la construcción de una integración regional se manifiesta –otra vez en nuestra historia- como una necesidad en función de la defensa y fortalecimiento de nuestra soberanía, independencia, capacidad de desarrollo, identidad y forma de democracia. La clave está, entonces, en la conformación de un sujeto político latinoamericano anclado en una multiplicidad de espacios y niveles que articule de forma equilibrada y sistemática una unidad a partir de intereses concretos compartidos, a los efectos de hacer valer nuestra voz en la conformación del orden mundial.

La retirada de estos seis pueblos de la Asamblea General, como acto de resistencia, necesita de la decisión y la acción de amplios sectores de nuestras latitudes en torno a instituir una alternativa que nos contemple y proyecte. Resistir e instituir son los dos ejes políticos sobre los que nuestros países tendrán que caminar.

 

[1] Disponible en: http://www.infobae.com/america/mundo/2016/09/20/michel-temer-en-la-onu-celebramos-el-acuerdo-entre-el-gobierno-colombiano-y-las-farc/.

[2] Para profundizar en este marco teórico se recomienda la lectura de “Imperio” de Michael Hardt y Toni Negri.

[3] Disponible en: http://www.eldestapeweb.com/desde-que-asumio-macri-el-estado-tomo-deuda-casi-us50-mil-millones-n19749.

[4] Disponible en: http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-309755-2016-09-19.html.

 

 

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