Democracia de las corporaciones

Por Daniel Rosetti

El próximo 8 de noviembre se desarrollarán las quintoagésima octava elecciones presidenciales en los Estados Unidos de América. Lo paradójico es que en el país que se arroga la defensa de la democracia en nuestro planeta tiene un alto nivel de abstencionismo. El 55% de los estadounidenses concurrieron en las últimas elecciones, eso hace que el presidente de la principal potencia mundial llegó al poder con un cuarto del apoyo de su población. Paradójico también es que el derrotado candidato demócrata Bernie Sanders tenía un 60% de imagen positiva de los votantes registrados, más alta que los candidatos que quedaron en la carrera por la presidencia, su competidora Hillary Clinton y el republicano Donald Trump.

Los ganadores de las primarias se enfrentaron el 26 de septiembre y vuelven a presentarse paradojas. El precandidato Sanders acusó a Hillary Clinton de representar al establishment y el libro “Clinton Cash: La historia no contada sobre cómo y por qué los gobiernos extranjeros y las empresas ayudaron a hacerse ricos a Bill y Hillary” de Peter Schweizer, donde denuncia como la candidata demócrata financió su campaña con aportes de privados a cambio de favores a empresas relacionadas con tratados de libre comercio. El candidato republicano es un empresario inmobiliario y representante de las corporaciones económico financieras. Entonces ¿que podrían debatir entre dos representantes del mismo sector? Pero, paradojas del imperio, el debate se llevó a cabo.

Esta fue la primera de tres confrontaciones de programas políticos que tendrán antes de las elecciones de noviembre. El primero de los temas que trataron se refirió a la generación de empleos. La candidata demócrata prometió la creación de 10 millones de empleos. Para lograrlo basó su propuesta en infraestructura, desarrollo de nuevas tecnologías energéticas limpias y responsables medioambientalmente y aumentar las exportaciones. Hizo hincapié en la igualación de oportunidades y de acceso a altos puestos de las mujeres, un mayor balance entre las responsabilidades entre mujeres y hombres. Los tratados de libre comercio, como el Tratado Transpacífico, serían la base de su política comercial. Donald Trump criticó enfáticamente este tipo de políticas, acusando a los Tratados de Libre Comercio (TLC) de destruir los puestos de trabajo de los estadounidenses por hacer quelas empresas manufactureras se fueran hacia otros países y que la solución será bajar los impuestos y las regulaciones comerciales, responsables de que los capitales propios no inviertan. Los TLC más que una solución serían, según el republicano, profundizar el problema ya que el Tratado de Libre Comercio de Norte América (NAFTA, según sus siglas en inglés) fue responsable de la pérdida de 30-50% de puestos de trabajo (no aclaró la fuente de sus datos), tratado que calificó como el peor acuerdo de los EEUU, mientras Hillary intentaba ponerlo como un logro de la administración de su esposo, William Clinton. Trump propuso eliminar las regulaciones externas, a la vez que impondría mayores tasas a las empresas que manufacturando fuera de la Unión, vendieran sus productos en el mercado local.

El candidato por el partido republicano en todo momento se despegaba de los “políticos”, presentándose como un empresario que sabía hacer negocios y eso lo habilita para poder hacer los negocios que necesita EEUU para recuperarse. Constantemente “chicaneaba” a Hillary con su trayectoria política y su incapacidad de resolver los problemas que proponía solucionar después de treinta años de trayectoria. Para Trump, los políticos ni pueden resolver problemas, mientras que los profesionales de cada área son quienes pueden traer soluciones. Clinton, por su parte acusó a Donald de haberse beneficiado con la crisis financiera del 2008, y a los grupos económicos financieros de Wall Street, de crear la tormenta perfecta y afectar a 9 millones de personas. Los profesionales que proponía Trump serían incapaces de anteponer sus intereses.

Esto llevo al debate a exponer las posiciones sobre cómo debería ser la política impositiva. Parte de la mayor crisis económica desde la década de 1930, según la demócrata, fue el poco apoyo a la clase media y los beneficios de las grandes riquezas. Recordemos que la crisis de la burbuja financiera estalla a finales de la administración de G. W Bush (h), hecho que usó Clinton para culpar las políticas impositivas republicanas de la gran recesión. Clinton propuso aumentar los impuestos a las grandes fortunas y los capitales de financieros y el apoyo a la clase media se cristalizarían brindándoles gratuidad en la educación, incluyendo la universitaria, mejores colegios y reduciéndole los impuestos. A la inversa Trump sostuvo que son los ricos quienes crean trabajo y si se les reduce los impuestos generarán empleos, mientras quea la inversa, fugarán hacia mejores inversiones. Hillary le salió al cruce acusándolo de evasor, apoyada por el moderador que le preguntó sobre las auditorías a las que está siendo sometido. Rodeado Trump intentó escapar recordando los treinta mil correos que se filtraron de la secretaria de estado; Hillary salió del brete haciéndose responsable del error y que no lo volvería a cometer.

Cuando pasaron a tratar la cuestión racial, Hillary se lamentó de los hechos de persecución a los que son sometidos los ciudadanos afroamericanos, proponiendo como solución mayor asistencia social a las minorías, aumentar el control de armas para bajar los niveles de violencia social, mayor capacitación policial y asistencia a los oficiales que están sometidos a gran presión que termina afectando su salud física y mental. Eso ayudaría a evitar la violencia innecesaria ante un delito que expone a otros civiles. El republicano rechazó el argumento con la frase “ley y orden”, reivindicando las políticas agresivas de los alcaldes neoyorquinos Robert Giullianiy MichaelBloomberg. Propuso políticas fuertemente represivas como la de “detener y cachear”, dando datos de disminución de delito gracias a medidas como ésta, donde los ciudadanos “honestos” no deben temer. En su lógica, habría dentro de las comunidades afroamericanas y latinas (dando la idea de ghetos de estas etnias) “pobres buenos” y “pobres malos” y “ley y orden”, defendería alos unos de los otros. Clinton refutó estas medidas calificándolas de inconstitucionales y estigmatizantes. La política de detener y cachear solo se aplica sobre afroamericanos, latinos o musulmanes, como lo demuestran los 123 asesinatos de ciudadanos afroamericanos a manos de la policía,según publicara el Washington Post. Para Hillary es necesario una mayor cohesión entre la sociedad civil y la policía para mejorar las condiciones sociales y disminuir la violencia social.

El último tema fue el de la seguridad exterior. Trump acusó a la administración de Obama de ser la causante de la aparición del grupo Estado Islámico (ISIS) al retirar anticipadamente las tropas de Irak y no dejar a las empresas estadounidenses quedarse con el petróleo, producto con el cual la organización se financia. Cuando le recordaron al candidato su apoyo a la invasión en Irak, el rechazo esa acusación, pero el moderador lo refutó, diciendo que la historia demostraba lo contrario. Mientras Hillary Clinton remarcaba la necesidad de afianzarse en las organizaciones internacionales, especialmente en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) para combatir el terrorismo, Trump negó la necesidad de que los EEUU sigan siendo los garantes de la paz en otros países y que la OTAN debería pagarle a los estadounidenses por los servicios militares que les presta. Esta parte del debate fue la que más acusaciones cruzadas generó, sin políticas aplicables claras, solo se resume en peleas sobre distintas conductas de ambos candidatos

Donald Trump parece más sincero que Hillary Clinton. Sabemos que por brutal que parezca, hará lo que propone. Mientras que la candidata demócrata deja la duda si irá contra los intereses de quienes financiaron su campaña. El discurso demócrata es políticamente correcto. Paradójicamente la ciudadanía estadounidense debe elegir entre dos proyectos que, presentados distintos, pueden ser iguales cuando se concreten.

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