La igualdad como herramienta para romper el techo de cristal

Por Christian Libonatti

El Congreso de la Nación debate esta semana la Paridad de Género para los legisladores y los discursos machistas salieron a la luz. El apoyo de todos los bloques y la intención de incluirla dentro del paquete de la polémica boleta electrónica.

Aunque las mujeres representen el 51% de la población argentina, su participación en cargos jerárquicos tanto en el ámbito público como privado es mínima. Según un relevamiento de GlueConsulting, en Argentina sólo el 4% de las empresas grandes y pymes están dirigidas por mujeres. Al mismo tiempo, aunque el 50% de los trabajadores del poder ejecutivo nacional son mujeres, ellas ocupan sólo el 22% de los cargos de conducción política en el gabinete de Mauricio Macri, el mismo porcentaje que ocuparon en el gabinete de Cristina Fernández de Kirchner.De 24 provincias, sólo en 5 hay gobernadoras, mientras que en la Provincia de Buenos Aires eseporcentaje es aún menor: sobre 135 municipios apenas hay 4 intendentas.

La psicóloga Mabel Burines especialista en cuestiones de género y fue una de las primeras en hablar del techo de cristal aquí en Argentina. “Es una superficie superior invisible en la carrera laboral del género femenino, difícil de traspasar. Es un obstáculo que les impide avanzar hasta ocupar los puestos jerárquicos más elevados en todas las organizaciones laborales. Se lo denomina ‘de cristal’ para connotar que en su construcción no hay leyes ni códigos visibles que impongan a las mujeres semejante límite, sino que éste se observa al analizar el entramado de las carreras laborales de las mujeres”.

Este techo está influido por las culturas organizacionales que adoptan criterios de selección y promoción de las personas desde parámetros patriarcales, según los cuales la perspectiva masculina impone los criterios acerca de quiénes pueden ocupar los puestos jerárquicos más altos. Como sucede en la discusión parlamentaria, esta barrera se construye por los prejuicios y estereotipos respecto del género femenino, entre ellos la suposición de que las mujeres no tienen las cualidades suficientes para ocupar determinados puestos de trabajo.

Fue el macrista Pablo Tonelli, desde la presidencia de la Comisión de Asuntos Constitucionales de Diputados, el primero en criticar esta iniciativa: “No estoy de acuerdo con el cupo femenino porque el mérito para ser diputado tiene que ser la capacidad y no el género”. Su posición no es nueva. En 2011, y por un fallo de la Justicia, tuvo que dejar su lugar en la lista de diputados a la actual legisladora Cornelia Schmidt-Liermann, tras determinar que el PRO estaba violando la ley de cupo femenino.

A pesar de las críticas, la discusión por la paridad de género en el Congreso llega por iniciativa de todos los bloques, para tratar de superar las desigualdades existentes en ambas cámaras.  En 1991, cuando se aprobó la la Ley 24.012, se dispuso ese cupo del 30 por ciento para la integración de las listas a cargos electivos nacionales, lo que se convirtió en una medida pionera en América Latina para mejorar el acceso de las mujeres a puestos de representación. Sin embargo, según un documento elaborado por Amnistía Internacional y otras 30 organizaciones sociales, esta ley no sólo operó como un techo para la participación de las mujeres, sino que aún es vulnerada por diferentes partidos políticos, alianzas y frentes electorales sin que la Justicia Electoral la haga cumplir.

Hoy en día, son varias las propuestas para llegar a la paridad. Hay proyectos presentados por la diputada Cristina Álvarez Rodríguez (Frente para la Victoria), la senadora Marina Riofrío (Frente para la Victoria) y hasta uno del massista Sebastián Galmarini que fue aprobado en la legislatura bonaerense. Además cuentan con el apoyo del GEN, Libres del Sur, Frente de Izquierda, la UCR y el Frente Renovador. Sin embargo, desde el oficialismo aceptaron incluirlo en la votación parlamentaria siempre y cuando estuviera dentro del proyecto de reforma electoral: esto quiere decir que para conseguir la paridad de género va a ser necesario aprobar la Boleta Única Electrónica, un método considerado como poco confiable en todo el mundo.

Al atarse a una polémica reforma, hay riesgo de que muchos legisladores decidan votar en contra al oponerse al proyecto macrista, o hacerlo sólo con algunos artículos y de forma simbólica, como anunció el kirchnerismo. Esto podría suceder luego de aprobarse en general en el recinto, algo que el oficialismo cree como seguro.

Romper el techo de cristal no es fácil y no va a poder destruirse sin las leyes de igualdad que den un marco para actuar. Ya lo marcaba la Ley 13.010 de voto femenino sancionada en 1947: “Las mujeres argentinas tendrán los mismos derechos políticos y estarán sujetas a las mismas obligaciones que les acuerdan o imponen las leyes a los varones argentinos”.

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