Sturzenegger: El monetarismo en el siglo XXI.

Por Ka Eme

El 26 de septiembre de 2016, Federico Sturzenegger, presidente del Banco Central de La República Argentina (BCRA), presentó las metas de inflación: entre 12 y 17% para el 2017, entre 8% y 12% en 2018, y de 5% para 2019. Para lograrlo se apoya en la teoría monetarista clásica, la cual sostiene que una cantidad excesiva de masa monetaria en manos de la sociedad provoca aumento de precios; mientras que “secar la plaza”, es decir, retirar dinero del mercado desacelera la inflación.

De esta manera, Sturzenegger planea alcanzar sus fines a cualquier costo. “La baja de la inflación es un objetivo que no se negocia” manifestó el pasado martes en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, en el marco del 10° aniversario de la revista Bank Magazine.

Controlar la inflación ha sido uno de los más rotundos fracasos del Kirchnerismo. Su política de expansión monetaria, sumada a los datos poco confiables del INDEC bajo su gestión, disparaban la suba de precios y alimentaban la especulación. En su defensa, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner argumentaba que las paritarias siempre cerraban por encima del porcentaje de inflación por lo cual los trabajadores nunca perdían poder adquisitivo en un marco de crecimiento productivo y de empleo.

En modo de alegoría, se podría decir que el gobierno anterior solucionaba el problema inflacionario echando más nafta al fuego, porque para que los salarios se mantuvieran por encima de la inflación se necesitaba expandir la masa monetaria, es decir, emitir mayor cantidad de divisas. Esta política, así como aquellas que intervenían la economía en contra de la inflación, como la de Precios Cuidados; fueron muy criticadas por el actual Gobierno.

Siguiendo con la alegoría del fuego, se puede argumentar que la nueva política que propone el titular del Banco Central es dejar de arrojar combustible al fuego, sin importar si este se apaga. Durante el Kirchnerismo, “secar la plaza” era el último recurso de la política económica. En cambio, para Sturzenegger la principal herramienta para bajar los índices de inflación es retirar dinero de las manos de los consumidores.

A simple vista, alcanzar el objetivo de reducir la inflación parece algo deseable por cualquier político o funcionario. Sin embargo, el problema es  cómo se logra este objetivo. Sturzenegger, con su visión monetarista del problema, no tiene en cuenta las repercusiones en el sector productivo y comercial de esta política restrictiva: bajan los precios porque baja la demanda, es decir, caen las ventas, se dispara el desempleo y se produce una recesión.

La ecuación de intercambio: MxV=PxQ

Irving Fisher, economista norteamericano, uno de los mayores exponentes de la teoría monetarista clásica, desarrolló esta ecuación de intercambio en su libro “El Poder de Compra del Dinero” (The Purchasing Power of Money), escrito en 1922.

En esta ecuación (MxV=PxQ), encontramos, del lado izquierdo, las sumas de dineros pagados por los compradores; y del lado derecho, las sumas recibidas por los vendedores.

La idea básica es la siguiente: como la velocidad de circulación del dinero (V) y la cantidad de bienes vendidos en un periodo determinado (Q) para Fisher, en el corto plazo, no varían y permanecen constantes lo único que puede hacer la autoridad monetaria (por ejemplo el BCRA) es determinar la masa monetaria (M), lo cual impactará directamente en los precios de los productos (P).

Para resumir, en este esquema podemos encontrar dos variables, una independiente (M) que es determinada por el Banco Central y una dependiente (P) que se ajusta según los cambios en M para garantizar la igualdad de la ecuación.

Teniendo en cuenta esta idea, es fácil comprender la estrategia antiinflacionaria de Sturzenegger. “Secar la plaza” y bajar los precios aunque provoque recesión. Como un caballo con anteojeras, tanto el gobierno como el titular del Banco Central no analizan otras opciones contra la inflación, como por ejemplo aumentar la producción de bienes para que suba la oferta y caigan los precios manteniendo o aumentando los niveles de empleo.

La teoría monetarista es justamente eso, una teoría. La cual no siempre coincide con la realidad económica-social de un país. Llevada a su máxima expresión implica adecuar las personas a los números y, como se sabe, los números se pueden cerrar con la gente afuera.

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