Aborto: un debate urgente en Latinoamerica

Por Christian Libonatti

El Congreso de Perú se prepara para tratar la despenalización en casos de violación. Un repaso de la situación en el resto de la región y el postergado debate argentino.

Organizaciones sociales volvieron a presentar un proyecto que busca modificar el Código Penal de Perú para terminar con las penas que pesan sobre las mujeres que realicen un aborto. Al día de hoy sólo está permitida la interrupción del embarazo “cuando es el único medio para salvar la vida de la gestante o para evitar en su salud un mal grave y permanente”.

La iniciativa legislativa ciudadana consiguió juntar más de 80 mil firmas, obligando a los diputados peruanos a discutir el tema en las diferentes comisiones. Sin embargo, las opiniones están divididas y puede repetirse lo ocurrido en 2015, cuando el proyecto fue archivado y su debate congelado hasta después de las elecciones en las que se impuso Pedro Kuczynski.

Pero, ¿qué pasa en el resto de Latinoamerica? En la mayor parte de los países hay leyes similares a la propuesta presentada en Perú. Incluso hay algunas más restrictivas, como en Chile, donde está prohibido en todos los casos. Hay otras naciones en los que el Código Penal contempla algunas situaciones excepcionales: en Brasil y Colombia abortar es legal en casos de violación, embarazo de riesgo para la mujer o malformaciones cerebrales del feto.

El único país en el que está legalizado es Uruguay, y allí hay estadísticas que permiten demostrar lo positivo de tener un Estado presente. Desde que el Congreso uruguayo aprobó el aborto con pastillas (misoprostol), los casos de muertes asociadas a interrupciones de embarazos bajaron drásticamente. Es el propio sistema de salud público el que lleva adelante esta política social: las intervenciones pueden realizarse de forma gratuita, con acompañamiento profesional y hasta la semana 12 de gestación.

La ley marca que primero hay que acercarse a un centro de salud y luego tener una reunión con un equipo interdisciplinario para hacerse una ecografía y exámenes de sangre. Después hay cinco días “de reflexión” y recién finalmente se prescribe la medicación para realizar el aborto en el hogar. Lilian Abracinskas, directora de la organización Mujer y Salud en Uruguay (MYSU) dijo esta semana a Pagína/12 que en los últimos cuatro años unas 25.000 mujeres accedieron de forma legal y que en ese tiempo sólo murieron dos personas, una de ellas por un procedimiento clandestino.

En la Argentina la situación dista mucho de la de su hermana oriental. Aquí solo se permite interrumpir un embarazo en caso de violación o peligro para la vida de la madre y en muchas provincias esa opción es inexistente. Muchos son los jueces o funcionarios que dilatan las decisiones para que el aborto no pueda realizarse.

Con respecto a la discusión parlamentaria, hace dos años se presentaron algunos proyectos en el Congreso pero ni siquiera se pudo superar el debate en comisiones. La presión de los grupos conservadores frenó la despenalización y cajoneó toda iniciativa relacionada al tema.

El Encuentro Nacional de Mujeres del fin de semana pasado, en donde más de 70 mil militantes pidieron la implementación del aborto seguro, legal y gratuito, demostró que esta problemática necesita una respuesta urgente. Y como siempre se pide lo imposible, la sociedad necesita que no sea a través de un mix de represión y balas de goma.

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