Arsat a la venta

Por Carolina Bojorge (Técnica en Relaciones Laborales)

Cristina Fernández de Kirchner tomó dos decisiones estratégicas en el plano espacial: una, la defensa de las posiciones orbitales asignadas por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (U.I.T.) y, por otro lado, producir nuestros propios satélites mediante la creación de la empresa ARSAT en 2006, constituyendo así nuestra soberanía en este aspecto.

Esto se llevó a cabo mediante la construcción de los satélitesArsat I y II, y con el objetivo de ampliación de lo iniciado en 2006, que consistía en avanzar con la fabricación de un tercero, el proyecto recién comenzó a fines de 2015 como parte de un nuevo plan de desarrollo satelital que contemplaba que se llevarían a cabo ocho más, entre ellos Arsat-3, el cual fue aprobado por el Congreso.

Ahora, esta soberanía que se logró obtener se ve seriamente amenazada por la manipulación de grupos económicos que buscan, con la ayuda de las políticas de Mauricio Macri,la privatización de esta empresaa través de la francesa ThalesGroup. Por lo que, tal vez resulte útil recordar la visita del primer mandatario de aquel país,GerardéHollande, a Argentina el 24 de febrero de 2016.

El ex presidente de Arsat, Matías Bianchi, explicó el 14 de noviembre de 2015 que inicialmente Arsat-3 estaba pensado construirse con fondos del Estado, pero que luego se decidió redefinir el plan para construirlo con flujos propios generados por los otros dos satélites para garantizar la sustentabilidad del negocio.

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Pero las políticas de Macri, según el presidente actual de la empresa satelital estatal, Rodrigo De Loredo,quien confirmó que el Gobierno suspendió la construcción del Arsat III, catalogan de obsoleto el funcionamiento de Arsat II debido a que supuestamente no cuenta con los permisos correspondientes, pero estos ya fueron enviados en tiempo y forma por la gestión anterior, y por cuales se aguarda la respuesta.

Con estas decisiones tomadas desde el gobierno actual no solo se dio un paso atrás en medida de progreso tecnológico sino que se barre rotundamente con los beneficios que podría acarrear para la Nación la puesta en funcionamiento del Arsat II que ya está en órbita y el cual tiene una cobertura inmensamente mayor que va desde Tierra del Fuego hasta Canadá, lo que va acompañado de un discurso idéntico que se va adecuando al tema en boga, pero siempre definiendo como inútil lo realizado durante los 12 años.

La privatización de la empresa Arsat implica una inminente pérdida de soberanía orbital, lo cual sin duda nos retrotrae en la historia al satélite Nahuelsat, un consorcio privado encabezado por la alemana DaimlerChrysler Aerospace (hoy Airbus) y la italiana Finmeccanica, satélite que ni siquiera se había comenzado a construir llegada la fecha en que debía ser enviado al espacio.

Es inaceptable que volvamos al plan sistemático que tienen siempre las políticas neoliberales para poner en manos extrajeras lo que le pertenece a todo el pueblo argentino. Pongamos en tela de juicio los intentos de privatización de las empresas que se estatizaron con tanto esfuerzo como son los casos concretos de Aerolíneas Argentinas, YPF y Arsat.-

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