Cristina Eppur Si Muove

Por Juan Manuel Erazo

La historia está repleta de relatos que ciertos, distorsionados o absolutamente falsos, llegan a tomar gran relevancia a lo largo de los años. Una de ellas dice que a comienzos del siglo XVII, el astrónomo italiano, Galileo Galilei, tuvo que negar ante un tribunal de la Santa Inquisición que la tierra se movía alrededor del sol. Ante el peligro de ser quemado en la hoguera, amenazado, perseguido y negado a continuar sus investigaciones, Galileo negó la teoría heliocéntrica, pero inmediatamente después de hacerlo susurró por lo bajo una frase en latín, Eppur Si Muove (y sin embargo, se mueve). La Tierra se mueve. Eppur Si Muove, resistir, aunque sea en un susurro.

Cristina Fernández hoy tambíen se sigue moviendo. La derecha orgánica expresada en la alianza Cambiemos, y centralmente en el PRO, pareciera querer verla convalecer ante algún tribunal de Santo Oficio. Los grandes monopolios mediáticos, esos que no puedo derrotar ya sea por mala fortuna o por falta de esfuerzo, hoy intentan enterrarla en actos de corrupción, mala gestión, populismo deformante, entro otras cosas. El massimo sueña hace rato con su extinción, y aún lo hace explícito.

Por otra parte, la renovación del Partido Justicialista cada vez la aísla más, entre intendentes y gobernadores de ambiguas declaraciones; que siembran cartas de presión y negociaciones futuras; que especulan con los movimientos de las estadísticas, las bocas de urna, el marketing electoral y otras alquimias modernas. Para darse una idea, el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde, ya descartó que la ex mandataria participe de los comicios en 2017, y Verónica Magario, intendente de La Matanza, señaló que “la etapa de Cristina cerró en diciembre de 2015”. No obstante después se desmintieron con un clásico “no fue tan así”. En fin, muchas ambigüedades.

Cristina, sin embargo, se mueve. Aun sin cargarse al hombro la conducción orgánica del kirchnerismo, aun con pequeñas apariciones, aun con viento en contra, se mueve. Y mueve, bastante, con gente que filma, llora, aplaude, grita. Prueba de ello son las miles  de personas se hicieron presentes dentro y fuera del Estadio de Atlanta el pasado jueves 6 de octubre, para escuchar a la líder simbólica de eso llamado kirchnerismo, que hoy se presenta menos homogéneo que en otras épocas, en recomposición, con diferentes estrategias, pero con una claro liderazgo, por lo pronto, más simbólico que orgánico.

La política se hace de gestos

Hay radicales en Cambiemos, hay radicales que votaron a Macri y hay radicales que se arrepienten de haberlo hecho. A esos apuntó Cristina. Ya en su discurso en la sede de ATE Capital el pasado 14 de septiembre, distinguió entre los “gorilas de clase” y los “gorilas de aspiraciones”, esos que según el sentido común progresista se enriquecen en los gobiernos populares (aun insultándolos), y después se empobrecen en gobiernos liberales (y en muchos casos los siguen justificando). A esos apuntó Cristina haciendo hincapié en la defensa de las conquistas de los últimos 12 años como el camino hacia un capitalismo serio y moderado, en contraposición al plan neoliberal que reduce el consumo interno. Resume esta idea en su crítica “¿Cómo va a haber capitalismo sin consumo? Se contradicen con la misma política que defienden”.

De los 40 minutos aproximados que duró el discurso, la primera mitad se destinó a una defensa de las conquistas de los últimos 12 años (centrado en el plano laboral y productivo, apuntado a la clase media) y lo restante fue una repetición de conceptos que ya viene sosteniendo y en los cuales ha profundizado mucho más en discursos anteriores. Como en La Plata e incluso en Ecuador se refirió una vez más al “frente nacional, popular y democrático”, habló de “nuevas mayorías” y llamó a “despojarse de las mezquindades”.

No obstante, se destaca una idea: “Necesitamos una reforma constitucional, una nueva constitución. Con la actual hay un desequilibrio en la relación de fuerzas entre ciudadanos y corporaciones. Esta nueva Constitución exigirá la conformación de un gran frente ciudadano que discuta nuevamente nuestro país y sus bases. Rediscutir el modelo de país, las relaciones de poder y las obligaciones de cada uno de los ciudadanos”. No es la primera vez que Cristina habla de esto. Tampoco es la primera en hacerlo, ya que muchas organizaciones políticas y sociales lo vienen planteando hace mucho. Pero lo cierto es que de la boca de Cristina, es otro el alcance y su masividad.

 

Cristina en el espejo de Irigoyen

El kircherismo está marcado por dos preguntas que se entrecruzan, se condicionan, se complementan ¿Qué hay que hacer para volver? y ¿Cómo vamos a volver? Para volver se pueden hacer muchas cosas, en peor o mejores condiciones, pero se puede negociar, subordinarse, “comerse sapos”, esa es la pregunta pragmática. ¿Cómo se quiere volver? Esa es la pregunta reflexiva, la densa, la incómoda.

Se piensa a Cristina en el espejo de Irigoyen. Ambos pusieron la soberanía nuevamente en debate, desarrollaron una incipiente industrialización, conformaron espacios políticos amplios, mantuvieron relaciones tensas en el plano democrático con potencias como el Reino Unido y los Estados Unidos (en el plano económico es otro cantar). Salvando las distancias, se parecen, más que nada en su a veces inexplicable capacidad de movilización.

Irigoyen también es el de la “Patagonia Trágica”, el de la “Semana Trágica”, el que le daba la mano y felicitaba a militares asesinos de trabajadores. ¿Cristina llega a tal cosa? Claro que no, pero también es la Cristina de Milani en el Ejército y Berni como secretario de Seguridad. Palos hubo, y varios. Y todo siempre se les tensó más en tiempos de ajuste mundial, avance liberal, caída de precios en materias primas, conflictividad.

El discurso de Cristina en Atlanta apuntó más hacia el votante de clase media descontento con todo. Se habló de manipulación mediática, que existe, claro está. Pero la autocritica necesaria exige aceptar que, guste o no, duela o no, sectores populares, pobres, excluidos; sí, votaron a Macri. Y eso le debe doler a todo el campo popular, pero centralmente al kirchnerismo, que fue gobierno. Durante los últimos años del gobierno anterior, las  condiciones de vida de los sectores más postergados se veían estancadas y cuando sigue habiendo hambre la manipulación mediática socaba más ¿Son todosmilitantes del PRO? No, son pobres, del barrio, un cartonero, una mantera, un cooperativista.

Por eso la pregunta reflexiva, la incómoda ¿Cómo vamos a volver? Es complejo pensar la construcción de un proyecto popular transformador poniéndose en las antípodas de la figura de Cristina, sin tratar de analizar sus discursos, reconocer su importancia. Pero al mismo tiempo, no es posible ampliar la base que necesita un proyecto popular a partir solo de su figura, que todavía marca divisiones en el campo popular. Esto se sabe, Cristina también lo sabe, estas tensiones no se agotan en el 2017.

Los discursos de la ex mandataria se inscriben en esta situación. No es épocas de candidaturas, ni definiciones finas, ni grandes acuerdos. Es época de quitar sectarismos, proponer unidad, llamar a la reflexión, al debate. Nada hace pensar que los próximos años tendrán un discurrir previsible. No es épocas de comprar recetas viejas en oferta sino de hacer la propia. Cristina, entre muchos y muchas, aporta ideas al debate. Habrá que someterlas a la reflexión, probarlas en el fuego de la calle, en la complejidad de la unidad, contrastarlas con la realidad, someterlas a la prueba de vencer al tiempo, de encantar al pueblo.

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