Así no te voy a votar

Por Sabrina Perez (Lic. en Ciencia Política)

El pasado 23 de octubre se llevaron a cabo las elecciones municipales en Chile, para las 346 comunas (Municipios, en Argentina) donde se eligió a los alcaldes (intendentes) y concejales que ejercerán sus cargos durante los próximos cuatro años. Uno de los rasgos más llamativos de la jornada fue la alta abstención de la ciudadanía a participar de los comicios, con sólo el 34% de adhesión.

Tras la última reforma del sistema electoral, la inscripción a los padrones es automática, pero el voto es opcional y voluntario, y el ciudadano puede emitir su sufragio o no, aunque no está exento de la obligación de participar en la organización y control del proceso de ser requerido. El porcentaje de concurrencia registrado en estas últimas elecciones es uno de los más bajos de la historia del país, lo que profundiza la crisis de la ya castigada legitimidad de los gobernantes. En estos contextos, la inestabilidad política está a la orden del día.

En Chile funciona un sistema bipartidista donde los dos bloques mayoritarios son “Chile Vamos”, una coalición de centro derecha en la que el ex mandatario Sebastián Piñera se destaca entre sus líderes, y “Nueva Mayoría” la alianza de centro izquierda de la actual presidenta Michelle Bachelet.

Luego de haber conquistado 144 alcaldías, la alianza de derecha cambió el tablero y superó a la oficialista, lo que sienta un precedente para la próxima elección presidencial de 2017, a la que Bachelet no puede presentarse nuevamente ya que no está permitida la reelección. Por su coalición, hay tres posibles candidatos, entre ellos Isabel Allende, la hija del ex presidente, mientras que para Chile Vamos suena fuerte el nombre de Piñera.

Varios de los candidatos perdedores afirman que los magros resultados no se deben a sus propias performances políticas, sino que son un “voto castigo” a la gestión de Nueva Mayoría a nivel nacional.

A pesar del relativo éxito de la alianza de centro derecha, los que más crecieron son los candidatos independientes, que pasaron del 0,62% de los votos obtenidos en la última elección a 17,36%, y conquistaron alcaldías que eran tradicionalmente de alguno de los dos bloques mayoritarios. Entre ellos, se destacó el apoyo que obtuvo Jorge Sharp, cercano al partido de izquierda Revolución Democrática,  que se impuso en Valparaíso.

El resultado es un duro golpe para la fuerza política de la presidenta, pero Piñera no tiene todavía el camino allanado. Hay un 65% de votantes que no participaron el 23 de octubre que pueden definir los resultados de los próximos comicios a realizarse en noviembre de 2017, si se da vuelta la tendencia actual a la baja concurrencia.

La clase política que padece en conjunto la deslegitimación, deberá buscar la forma de apelar a ese sector que descree de ellos, para  revertir la crisis. Una de las críticas sociales es la sobre-representación de los empresarios y la influencia de los medios de comunicación sobre los gobiernos; los ciudadanos chilenos sienten que sus representantes no los toman en cuenta. Sumado a los casos de corrupción, la profunda desigualdad, y a una seguidilla de gestiones que pasaron sin lucirse, la situación actual no resulta sorprendente.

La ciudadanía chilena está enviando un claro mensaje de rechazo para la clase gobernante. Mientras los poderes concentrados sigan siendo los principales beneficiarios de las políticas estatales da lo mismo quién esté en el poder; lo que significa que ir a votar representa, a lo sumo, una pérdida de tiempo.

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