Venezuela: Guerra de cuarta generación, nuevo capitulo

Por Gonzalo D. Armúa

Lo que sucedió en ese país en las últimas semanas se debe entender como un nuevo intento de la derecha local y del imperialismo en el marco de una guerra de “cuarta generación”, que sintetiza y perfecciona todas las formas de intervención utilizadas por EE.UU. durante el siglo XX.

Los hechos recientes

El domingo 23 de octubre la Asamblea Nacional de Venezuela, en manos de la oposición al chavismo- extraña situación en un país que supuestamente vive en una dictadura- convocó una reunión “ordinaria”, cuando el presidente Nicolás Maduro estaba fuera del país, para decretar la ruptura  constitucional, declararse en rebelión contra los restantes cuatro poderes del Estado, solicitar un juicio político al primer mandatario, exhortar a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) a desconocer a su Comandante en Jefe,  clamar por la intervención extranjera y extender el llamado “al pueblo venezolano” a la “defensa activa constante y valiente (sic)” de la Constitución.

El argumento para avanzar en este sentido fue que la Comisión Nacional Electoral (poder electoral)  habría anulado la segunda fase de recolección de firmas para realizar el tan aclamado Referendum Revocatorio al presidente Maduro–  lo que daría cuenta de una cooptación del Poder Ejecutivo hacia otro de los poderes y por ende una “suspensión de la democracia”-  es interesante ver como se puede romper el orden democrático en un país que, según la oposición, hace años que es una dictadura, y a su vez llamar a defender una Constitución que “hizo un dictador” . Carta magna que la derecha nunca quiso reconocer pero que ahora llama a  defender con la ayuda de una intervención extranjera.

A esta “insurrección” de la Asamblea Nacional, la oposición, nucleada en la denominada Mesa de Unidad Democrática (MUD) buscó combinarla con movilizaciones y huelgas para demostrar la poca legitimidad que tiene el gobierno chavista y “calentar las calles”, bajo el análisis de que la guerra económica les ayudaría para canalizar el descontento social a su favor. Hasta ahora ninguno de estos postulados se han cumplido como querían; las mayorías populares siguen siendo chavistas y han vuelto a ganar las calles; la huelga del viernes último no fue acatada ni siquiera por grupos empresariales y la llamada Mesa de Unidad no puede sostener ni la U. ya que los distintos sectores que la integran solo están amontonados bajo la paternidad norteamericana y su odio a lo plebeyo pero siguen sin salir de la disputa intestina por los cargos que cada fracción quiere ocupar una vez en el poder.

Aun así no es menos cierto que el antichavismo ante su impotencia por la imposibilidad de traducir su caudal electoral -logrado en diciembre de 2015- en fuerza movilizada y en apoyo de las Fuerzas Armadas, busquen generar focos de  violencia con altos costos en vidas para así promover un escenario de caos e inestabilidad que posibilite el discurso de crisis humanitaria y de esta forma apelar a la intervención extranjera- aunque este pedido no les cuesta mucho. Cabe recordar que en 2014 en la intentona golpista llamada “la salida” la derecha pretendió desconocer la victoria electoral de Nicolás Maduro y promovió una serie de acciones directas conocidas como “guarimbas” en las cuales fueron asesinadas 43 personas, en su mayoría chavistas, agentes de las fuerzas de seguridad y varios motociclistas- los cuales fueron degollados por los alambres tendidos entre postes, que impedían el paso a la altura de la cabeza. Además fueron incendiados edificios públicos y más de 5 mil venezolanos fueron heridos.

Desmontando los discursos

En primer lugar hay que resaltar que la oposición representa los intereses de las elites económicas de Venezuela que han vivido históricamente gracias a la renta petrolera y el comercio importador, bajo el patrocinio de EE.UU que salía beneficiado con el hidrocarburo a muy bajos costos, a expensas de la mayoría del pueblo sumido en la miseria. Pero también representan a un sector social culturalmente racista, psicológicamente colonizado y  étnicamente blanco que rechaza su  realidad nacional. Un sector que intercambia comer en McDonalds y tener galletitas Oreo por la salud y la educación publica, que añora (aunque sigue haciéndolo) viajar a “Mayami” a comprarse ropa y artículos de lujo. Este sector no es expresión de las mayorías empobrecidas, de los mulatos, los indígenas y negros que se identifican fuertemente como chavismo.

Otro elemento, al menos contradictorio, es el mote de “dictadura” que el discurso dominante intenta adherir al proceso bolivariano, para definir a un sistema político en el que en menos de dos décadas ha habido más de 17 elecciones, casi un promedio de una por año, y que además, como si no bastara la democracia representativa también  existen miles de comunas y consejos comunales con capacidad de decisión en la vida diaria, cuyas direcciones salen del propio pueblo venezolano, incluidos los no chavistas.

Los propios lideres de la oposición como Henrique Capriles, que es gobernador de Miranda, y el mismo Ramos Allup, presidente de la Asamblea Nacional, fueron electos en medio de una “feroz dictadura” que contradictoriamente acepta resultados electorales adversos. Como la Asamblea Nacional que esta en manos del antichavismo y entre sus primeras medidas plantearon la privatización de las viviendas dignas entregadas por el Estado. También resulta paradójico que la mayoría de los medios de comunicación son privados y opositores. Estos dicen ser “censurados” mientras expresan diariamente que no hay libertad de expresión y  hay que deponer al gobierno. En otras palabras, la oposición  se queja porque no la dejan ejercer su derecho a hacer un golpe de Estado.

¿Presos políticos o políticos presos?

Otro de los discursos surgidos como parte de la guerra de cuarta generación es que en Venezuela no se respetan los derechos humanos ya que hay “presos políticos”. Esta es, sin duda una operación de manual que busca instalar una corriente de opinión pública que legitime cualquier barbaridad de la oposición y corra de foco las verdaderas violaciones de los DDHH de otros países de la región, que son aliados de EE.UU en su política de control y saqueo.

Es extraño que la ONU (organismo que no es reconocido por defender a los países Menos poderosos) aprueba a  Venezuela en el examen periódico que se hace sobre el respeto a los derechos humanos mientras el discurso reaccionario utiliza el término  “presos políticos” para englobar al conjunto de sujetos detenidos en los últimos tres años por  ejercer su derecho a  organizar insurrecciones armadas, acciones violentas de protesta como los casos de  Leopoldo López y los alcaldes Antonio Ledezma y Daniel Ceballos, que desde sus lugares de poder municipal cortaron servicios de sus comunidades para contribuir a los planes desestabilizadores. O  Lorenth Saleh que aparece en varios videos planificando atentados terroristas y asesinatos selectivos.

Al menos el 50% de la cúpula política de la oposición ha participado en conspiraciones golpistas y violado la legalidad del país, de forma explicita en medios de comunicación, sin contar los hechos de corrupción y delitos comunes.

Mientras tanto del otro lado de la frontera, en Colombia, solo en un año hay 51 dirigentes sociales asesinados. En México, la policía municipal de Iguala en 2014  mató a 9 estudiantes y todavía siguen desaparecidos otros 43 por defender el derecho a la educación y evitar el cierre de escuelas rurales. En Honduras, luego del golpe de Estado en 2009 han sido asesinados y asesinadas decenas de dirigentes campesinos por oponerse a las políticas del gobierno y las empresas trasnacionales, como el caso de la referente indígena y feminista Berta Cáceres, reconocida mundialmente, pero brutalmente acribillada en su casa. Parece tragicómico que estos Estados recientemente hayan firmado un documento denunciando “la violación de DDHH en Venezuela”.

Según la analista Sonia Winer, este nuevo formato de intervención comprende operaciones de prensa, desabastecimiento de productos básicos, utilización de otros poderes republicanos como el judicial o legislativo, y  lo que el pentágono denomina como “guerra de calles calientes” que implica la financiación, manipulación o movilización de un sector de la población civil que se muestra como apolítico y que es retroalimentado con un discurso editorial que apela a lo autoritario y el odio racial.

El intento de “golpe parlamentario”  de estas semanas se escudó en la  supuesta “cancelación arbitraria” del referéndum revocatorio, proceso pausado- no cancelado- por el CNE luego de que se encontrasen mas de 10 mil firmas de personas  fallecidas y  otras miles que pertenecen a niños-  Esto sin tener en cuenta que la propia oposición inicio la recolección de avales a mitad de año por sus propias desavenencias y desencuentros cuando podría haber iniciado a principios de año. ¿Será que tal vez nunca se buscó llegar a un referéndum? Lo único que no está en duda es que el pueblo venezolano no le dejará realizar su tarea de modo tan sencillo. La operación mediática que tiene efectos en los desprevenidos del mundo no parece tener el efecto hacia el habitante bolivariano.

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