Tranqui, vos fugá.

por Rodrigo Adriel Iturriza

¿Era necesario tomar una cierta cantidad de medidas económicas de ajuste en función de la situación heredada por el gobierno anterior? ¿Es cierto que “no había alternativa”? Los análisis de Economía Política nos ayudan a encontrar algunos elementos para llegar a una respuesta.

Es sabido el cuadro de situación de la economía nacional. Sin embargo, nuestro presente se explica más por las medidas tomadas por el gobierno de Mauricio Macri que por los desajustes macroeconómicos del gobierno anterior. Y esto es especialmente cierto si vemos que, dentro de todo este contexto, hay algunos que al ajuste lo miran desde arriba.

Cambiemos llegó a la Casa Rosada sosteniendo una gran cantidad de ideas-fuerza que justificaban las medidas a tomar. El “escandaloso” déficit fiscal era una de ellas. Ahora bien, si este es un problema para la economía, hay dos posibles caminos para solucionarlo: o subir los impuestos o bajar el gasto (una tercera vía sería concretar ambas cuestiones). Macri eligió la segunda, pero combinada con una reducción de impuestos a los sectores más concentrados de la economía nacional: el campo y la mega-minería.

Mientras vastos sectores de las organizaciones populares se volcaron a las calles en contra del tarifazo, Aranguren argumentaba que el esquema tarifario era una mentira insostenible y había que avanzar sí o sí hacia su actualización, con el consiguiente golpe a los bolsillos de la mayoría de las y los argentinos. Pero lo cierto es que si se juntaban los recursos que ingresaban al Estado Nacional a partir de esos impuestos, los subsidios podían ser sostenidos sin mayores problemas.

¿Por qué volver al tema de los subsidios? Porque en esta medida se ve de forma contundente la transferencia de recursos de los sectores populares hacia los más ricos. Esto es así ya que mientras se paga más por los servicios básicos, el Estado deja de sostener parte de su propio financiamiento en base a los ingresos de los sectores más concentrados. Pero esa no es la única parte.

Es sabido también el aumento de la deuda externa. Argentina fue, en este año, el país en “vías de desarrollo” que más se endeudó con el mundo[1]. La excusa: financiar obras de infraestructura. Sin embargo, el destino de esa toma de deuda fue a financiar el déficit que Cambiemos mismo profundizó desde su llegada a Balcarce 50 (en parte explicada por la situación mencionada más arriba) y la venta de dólares irrestricta que se aprobó hace poco. Así, mientras el mundo está en recesión y el ingreso de divisas al país no se explica por el flujo comercial, de algún lado salen los dólares que se fugan al exterior con permiso del Banco Central.

En la medida en que la Argentina toma deuda para financiar la compra de divisas y no le cobra retenciones al campo y a la minería, estos sectores –nuevamente, los más poderosos del país- dejan de aportar al fisco para ayudar a sostener servicios básicos utilizados por los sectores medios y populares. Así, sus ganancias, conseguidas en nuestro país, fruto de nuestro trabajo, no son objeto de ninguna restricción para la reinversión y se aseguran un canal de escape hacia los bancos extranjeros. Bancos de los cuáles provino parte del dinero de la deuda. Bancos en los cuáles buena parte de los funcionarios del gobierno actual fueron altos gerentes. Bancos que tienen una conexión sistémica con los paraísos fiscales y los organismos multilaterales de crédito. Si, así es, la mayor parte de las y los argentinos financian la fuga de divisas más escandalosa desde la vuelta a la Democracia porque ¿no había alternativa?

Mirando el presente queda claro no solo que no es cierto que no había alternativa, sino que el gobierno nacional optó por orientar la economía nacional hacia un solo sector y que, además, poco está haciendo para fomentar la inversión y la reinversión productiva de capitales; ya que la enorme parte de los excedentes vuelven a irse fuera del país, mientras que los que tienen que trabajar y quienes están fuera del sistema heredan una deuda extraordinaria que, en última instancia, explica el financiamiento de los ricos con el dinero de los pobres y vuelve a dejar al país al límite de la pérdida de la soberanía económica y, por tanto, política. Si antes la mentira populista “sacaba” a los ricos para “darle” a los pobres en un circuito “clientelar”, hoy, la verdad CEOcrática se dice a sí misma: “tranqui, ahora que es más fácil, vos fugá”.

[1] Disponible en: http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/28-9632-2016-09-23.html.

 

 

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