#NiUnoMás

Por Gala Kreisler

En los últimos días, a través de los medios de comunicación y declaraciones de funcionarios, se evidenció una tendencia a minimizar la lucha feminista. Por un lado, se toma la bandera del #NiUnaMenos, pero por otro se siguen reproduciendo lógicas androcéntricas y patriarcales. ¿Es posible modificar las prácticas machistas tan fuertemente arraigadas en los discursos?

Tras las elecciones del pasado martes en Estados Unidos, en la cual Donald Trump fue elegido presidente, muchos salieron a preguntarse cómo era posible que se votara a un candidato abiertamente misógino y denunciado por acoso sexual. Lo cierto es que el cuestionamiento es cuanto menos hipócrita, si se tiene en cuenta que por estas latitudes el mensaje no es muy diferente.

Un pionero en la materia es el actual presidente argentino, Mauricio Macri, quien en 2014 al ser consultado sobre el acoso verbal, declaró “A todas las mujeres les gustan los piropos, aunque les digan qué lindo culo tenés”. De allí a la fecha se sucedieron numerosos hechos que pusieron en jaque esta lógica de pensamiento, motivados por la situación de emergencia en materia de género. Sin embargo, algunos periodistas y funcionarios parecen no haberse enterado.

Uno de ellos es el actual intendente de Mar del Plata, Carlos Arroyo (PRO). En ocasión de los festejos por el 50º aniversario de la Escuela Primaria Nº5 del barrio San Patricio de la localidad que gobierna, argumentó: “…Creo que muchos políticos invierten innecesariamente en campañas cuando deberían priorizar en la educación. Malgastan dinero en campañas que están de moda, como la de violencia de género…”. Según el dirigente macrista, la lucha contra los femicidios no es más que una cuestión pasajera, estacional, que pronto dejará de ser noticia.

Las masivas movilizaciones que se vienen dando desde el 3 de junio de 2015 a la fecha, encabezadas por el colectivo Ni Una Menos, buscan generar un cambio de conciencia real sobre la necesidad de erradicar la violencia de género y el machismo. Lo cierto es que incluso en la cobertura de las mismas se siguieron reproduciendo los mismos vicios de siempre, como el comentario esbozado por el periodista Mario Massaccesi para cuantificar la concurrida marcha del pasado 19 de octubre, en el denominado Miércoles Negro. Solo pudo reflexionar: “muchos platos habrán quedado sin lavar”.

Por su parte, el Gobernador de Entre Rios, Gustavo Bordet, en una entrevista con Cadena 3 depositó en los medios de comunicación la culpabilidad por el incremento de los femicidios: “Hay una gran responsabilidad social de poder informar sin sensacionalismo estas cuestiones que lo único que producen después son un efecto en cadena que genera una multiplicación de estos hechos dolorosos”. Incluso en lo que podría tratarse de una preocupación genuina por el padecimiento diario de las mujeres, se incurre en el error de entender los femicidios como una cuestión de moda. De esta manera, busca reducir el rol del Estado, ente encargado de garantizar una real igualdad entre hombres y mujeres. En consonancia con esta justificación, aparecen las palabras de quien también fuera funcionario público, Silvio Maresca.

El filósofo, profesor y ex director de la Biblioteca Nacional, declaró la semana pasada al diario Infobae que “el femicidio es un tema de moda en los medios de comunicación, que deberían asumir su responsabilidad. Forman parte de la producción de los acontecimientos y no son sólo un reflejo de ellos”. El problema es la curiosa lógica que encuentra para justificar los terribles desenlaces: “los varones están desubicados y desconcertados, y reaccionan. Las mujeres ejercen violencia psicológica, más la sobreexigencia de esta sociedad de consumo”. Según él, los hombres son violentos porque las mujeres lo son psicológicamente con ellos, y los medios de comunicación los presionan. Con tal argumento, culpa a las víctimas por provocar la violencia y legitima un actuación deplorable.

El colmo del absurdo lo ha aportado el medio Todo Noticias, al hacer la cobertura del primer juicio sobre trata de personas en Tierra del Fuego. Para referirse a Alika Kinan, hija de la mujer que sobrevivió a una red de trata, tituló “La más bella de las víctimas: habla la hija de una esclava sexual”. Esta vez, la nota fue escrita por una mujer, prueba de que el machismo no es propiedad única de los hombres.

En todas estas situaciones hay un entramado común: invisibilizar la cuestión, minimizarla al considerarla una moda impuesta”, y lo que es peor, desligar al Estado como agente responsable de evitar esa reproducción de violencia. Si bien las multitudinarias marchas han logrado instalar el tema en la agenda mediática y social, parece difícil encontrar un hueco en la agenda institucional: no entra ni uno más.

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