Pobreza en tiempos de Macri

Pobreza en tiempos de macri

Esteban Pastoriza

La Argentina actual sufre bajo el Gobierno que le hizo más daño en menos tiempo. En poco más de diez meses las viejas recetas  de ajuste implementadas por las políticas neoliberales de Mauricio Macri aumentaron la exclusión, la pobreza, el desempleo, la represión, el hambre, alterando las condiciones de vida de la sociedad argentina y sobre todo de los sectores más vulnerables. Basta recorrer las calles de las principales ciudades, para reconocer en ellas a familias enteras viviendo a la intemperie, a miles de personas buscando en los tachos de basura aquello que pueda satisfacer por un momento algunas de las carencias que dominan su pésima condición social y comedores barriales abarrotados de individuos que buscan paliar la falta de alimentos que sus estómagos parecen reprocharles, comprobando que el predicado paraíso de felicidad no existe.

A partir  del mes de Diciembre del año 2015, la vida de los argentinxs cambió de manera descomunal. Vuelven los merenderos y los chicos esperan que las escuelas abran sus puertas para comer su único plato del día; zaguanes, entradas de edificios, cines y teatros son el único techo de familias enteras que volvieron a situación de calle. Los contenedores de residuos de restaurantes, verdulerías y casas de comida son de nuevo la góndola en la que miles de personas consiguen sus restos diarios. Cerca de 600 mil trabajadores perdieron su puesto de trabajo o su “changa” y ellos también se vuelcan al timbreo en los barrios (como las caras más reconocidas del actual equipo de gobierno), pero no buscan una foto, simplemente la solidaridad de otro ciudadano que pueda compartir con ellos algo de comida que les permita completar o finalizar la jornada. Otros tantos  miran de reojo la escena crítica,  palpitando un penoso y probable futuro semejante. Todos cambiaron alguna de sus costumbres diarias, desde el medio de transporte, hasta sus hábitos de consumo, ajustando una situación en la que muchos viven en la pobreza y al borde de la miseria y los demás, todos los demás, están peor que hace pocos meses.

En este contexto recesión económica, los índices de indigencia y pobreza, son preocupantes. Del casi millón y medio de habitantes que cayeron bajo el nivel de pobreza en el primer trimestre del año, según la confiable medición del Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina, se calcula que menos de  la mitad vive en el Gran Buenos Aires, lo cual constituye una bomba de tiempo. Hoy la cifra de personas que viven sin satisfacer las necesidades básicas es del 34%.  El diagnóstico se palpa en comedores e instituciones de asistencia social de varios distritos, que reciben cada vez mayor demanda, pedidos que llegan a las autoridades municipales y sobre los que el gobierno bonaerense debería  empezar a tomar nota antes de que la situación se descontrole.

Para conocer la pobreza estructural de una sociedad, los investigadores recurren al método directo que contempla diferentes índices (no solo el monetario)  que permiten dar cuenta de las condiciones de vida de los hogares. Es decir, observa si las necesidades se satisfacen o no teniendo en cuenta variables como condiciones de vivienda, accesos a servicios sanitarios, acceso a la educación, capacidad económica y nivel educativo del jefe de hogar, población rural o urbana.

Si a ello se le suman las “restricciones naturales” que poseen los hogares establecidos en un entorno de menor nivel socioeconómico, donde se percibe un importante déficit de educación sexual y reproductiva que implica no poder desarrollar una planificación familiar acorde a la condiciones sociales existentes,  falta de oportunidades educativas y profesionales que impiden establecer proyectos laborales y personales, dichas familias quedan envueltas en las llamadas “trampas de pobreza”  que someten a varias generaciones pobres.

En base a esto, el nuevo informe de la UCA, advirtió al Gobierno de Macri sobre la falta de “protección social” ante las medidas adoptadas en los meses que lleva de gestión y al tiempo que le atribuye la creación de “nuevos pobres” y le pide “una distribución socialmente más equitativa de los costos de ajuste y de los recursos disponibles”. En lo que va del año 2016, los números reflejan el incremento en 1,4 millones de nuevos pobres y más de 400 mil personas que se sumaron a la indigencia.

Estos nuevos pobres, no son más que personas que pertenecían a la clase media y que ahora, debido al cambio de prioridades de este nuevo Gobierno y a sus medidas de apertura de importaciones y de libre mercado, se ven arrastrados hasta la línea de pobreza. Porque ya no hay un Estado que proteja sus puestos de trabajo estableciendo aranceles que limiten la importación de los productos que compiten con la industrias locales, lo cual lleva a despidos masivos, reducción de sueldos, precarización y flexibilización laboral.

Pese a que el Gobierno de Macri confía en lograr un “derrame de inversiones, que generen más y mejor empleo, bienestar y felicidad para todos”, lo que en realidad se advierte es que el mayor riesgo social no solo lo está experimentando la población más vulnerable que depende de la ayuda del Estado, sino también los miles de hogares que fundan su subsistencia en trabajos precarios, pequeños comercios y trabajadores eventuales que no han recibido una especial protección social frente a la actual caída de consumo, aumento de los precios, y los riesgos de despidos y reducción de actividades.

 

 

VOCES QUE HABLAN DE POBREZA

En el Barrio La Fe, de Lanús, la cocina está a cargo de Martina. En mayo de 2016, el intendente de Lanús, Néstor Grindetti, ex ministro de Hacienda de Macri durante su gestión como Jefe de Gobierno porteño, cortó por algunos días la entrega de alimentos a 55 comedores comunitarios de partido. La cocina de Martina estuvo cerrada durante cinco días.  “La gente caminaba desesperada por el barrio buscando comida. Preguntaba dónde podía conseguir algo para comer. Es una situación que no veía desde principios de 2000”, comentó la encargada del lugar.

Los adultos que se alimentan en el comedor del Barrio La Fe, trabajaban hasta principios de año en obras de construcción o hacían changas. Ahora, la actividad laboral en el barrio se estancó y los hijos de esos desocupados llegan corriendo cada mediodía al comedor. Martina los ve llegar desde la puerta,  “Parecen un malón”. “Muchos vienen con el guardapolvo blanco antes o después de la escuela.  Cada uno se pone delante su plato y su vaso de agua o jugo. El guiso tiene verduras, fideos o arroz y, a veces, carne; eso depende de que algunos vecinos hagan una colecta o el carnicero les regale un corte”.

Martina cocina desde las 8 y sirve la comida entre las 11 y las 13 horas. Muchos de los chicos, después de almorzar, se llevan un tupper con más guiso a las casas para comer en la mesa familiar, para no perder la escena del almuerzo o cena con los papás y hermanos.

La demanda básica de alimentos no es la única que está en aumento, se hace evidente un recrudecimiento de problemas relacionados a la provisión de medicamentos debido a  la falta de entrega de algunos insumos que contempla el plan Remediar y que producen la reaparición  de ciertas enfermedades  en los barrios más pobres.

El clima que se vive en los barrios marginales no es el mejor, pues allí es donde la crisis golpea más fuerte. Las familias que se veían beneficiadas por distintos planes sociales impulsados por gobiernos anteriores, sumadas a las changas o diferentes actividades laborales que los jefes de hogar llevaban adelante, hoy se ven perjudicadas por no ser fuentes de consulta  antes de establecer los recortes que el actual Gobierno impulsa desde el Estado y estimula a los sectores privados.

FABRICA DE POBRES

En el mes de Septiembre del corriente año, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), hizo público los números actuales de pobreza e indigencia del país, los mismos dan cuenta de un 32,2% y 6,3% respectivamente. Luego de conocer dichas cifras, el Presidente Mauricio Macri, enfatizó que a partir de ese momento debe ser evaluada su gestión, dando a entender que sus políticas de ajuste, desigualdad y desempleo   no han influido en el incremento porcentual de los nuevos pobres.

No es la primera vez que el Jefe de Estado, hace declaraciones de alto impacto en la televisión, radio, diario, portales informativos o redes sociales. Mauricio Macri, plantea en una misma frase que “tiene conciencia de la dureza de las medidas que adopta, que sufre por la gente” y que la promesa de “pobreza cero” impulsada en campaña “es obvio que no se puede alcanzar en cuatro años de gobierno”. Lo hace con total liviandad e impunidad, la misma que(en el marco de los Panama Papers), lo llevo a decir:“si yo hice sociedades o no, son cosas de mi vida privada”.

El Presidente Macri puede decir cualquier cosa ya que cuenta con  el blindaje más importante: los medios masivos de comunicación. Aquel poder hegemónico enmarcado en el Grupo Clarín que abre sus alas, o mejor dicho sus páginas, y lleva lejos las fatídicas medidas de ajuste que proponen las políticas neoliberales de Maurico Macri. Lo hacen encargándose de retomar discusiones de herencia, de imágenes que muestran un despliegue (digno de películas de Hollywood) con un juez federal (Claudio Bonadio) como actor principal y con la policía metropolitana, como actores secundarios, dirigiéndose al sur del país a excavar profundos pozos que no encuentran ningún tesoro escondido.

Esta es la manera en la que el Gobierno Nacional quiere esconder la pobreza en tiempos de Macri, buscando desviar la atención y llevando la discusión a otros terrenos  que permitan capturar la opinión pública a su parecer. Lo que sucede es que la pobreza no solo se expresa en números, sino que se percibe en las calles, en los comedores barriales abarrotados, en los semáforos con más pibes limpiando los vidrios de los autos, en la movilizaciones sociales que reclaman por trabajo y ayuda social, en los timbreos que piden por una mano solidaria, en los rincones de las diferentes casas y edificios que, en la noche, vuelven a ser, tal como en los peores momentos de crisis del país, el albergue de los que menos tienen.

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