A contramano del mundo

El gobierno de Mauricio Macri a contramano del mundo. El libre mercado, la exclusión social y una economía que mata.

Por Facundo Pajon (somoscepoc@gmail.com)

“Algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando.

Francisco, Evangelii Gaudium, 2014.

La cita anterior, pudo haber sido escrita por un economista crítico de la escuela económico-liberal, por un trabajador de la economía social, por un académico defensor del estado-centrismo de la política económica, por un marxista o post-marxista, y hasta -inclusive- por un teórico peronista o del campo popular.

La realidad es que la cita fue extraída del Evangelii Gaudium, una exhortación apostólica realizada por el Papa Francisco a todos los obispos, presbíteros, diáconos, personas consagradas y laicos; con el fin de brindar un posicionamiento general ante “el mundo actual” por parte de la Iglesia Católica Apostólica Romana.

Ésta postura de la Iglesia, demuestra que algo en el mundo ha cambiado. Ha habido un antes y un después, tras el derrumbe financiero del 2009. A partir del cual, las diversas instituciones y organismos internacionales, comenzaron a definir diferentes posturas con respecto a la importancia de un capitalismo responsable, una economía “más humana” y, fundamentalmente, que el sistema siga “funcionando” sin provocar una excesiva exclusión, que continúa en  aumento desde fines del siglo XX y principios del siglo XXI.

En este contexto, prestigiosos economistas, importantes personalidades religiosas, dirigentes de alto rango dentro de asociaciones y organismos internacionales, y -hasta- grandes empresas multinacionales; han coincidido en la imposibilidad de que el sistema siga funcionando como “hasta ahora”. Uno de los grandes exponentes económicos de éstos tiempos es Thomas Piketty, quien en sus últimos libros “El Capital en el siglo XXI” y “La economía de las desigualdades”, sostiene que la desigualdad que vivimos hoy día, es la misma -o aún mayor- a la de finales del siglo XIX y principios del XX, de la cual teóricos como Karl Marx, se horrorizaban a causa de las atrocidades que producía la industrialización en sus países.

Ante este panorama, fueron reivindicadas muchas de las medidas tomadas por la región Latinoamericana desde sus gobiernos populares. La protección del consumo interno, la generación de puestos de trabajo, la interconexión de las economías en desarrollo y el incremento en la seguridad social de los ciudadanos; fueron los ejes claves que, desde los sectores ya mencionados, fueron señalados como caminos posibles para el desarrollo de un nuevo capitalismo.

Sin embargo, -y para algunos sorpresivamente- el referéndum en Bolivia para la reelección Evo Morales, la victoria de Mauricio Macri en las elecciones presidenciales argentinas, y el -por lo menos- dudoso impeachment a Dilma Rousseff, demostraron -entre otras cosas- el poder que poseen los grupos económicos concentrados y la vinculación que existe entre los mismos, el poder político y el judicial en América Latina.

Esta serie de eventos, cambiaron el rumbo de la política económica en la región. Brindando una nueva oportunidad a la nueva derecha de implementar sus medidas económicas y sociales, contra-poniéndolas a las de los gobiernos populares, y ofreciéndolas a la tela de juicio de la ciudadanía.

En este sentido, haciendo foco en la Argentina, el gobierno de Mauricio Macri ha repetido viejas recetas, no ha innovado, y ha producido una involución en el sistema productivo argentino que, lejos de esperar inversiones, se las rebusca para ajustar lo menos posible y no generar una ola de desempleos -aún mayor- de la que ya existe.

Según el informe de coyuntura realizado por la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMIRA), “En el segundo semestre del 2016, la producción metalúrgica se contrajo -7,3% interanual, producto de una caída de -5,9% en el tercer trimestre y de -8,7% en el cuarto trimestre del año”. Asimismo, Juan Cantarella -Gerente General de la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC)- sostuvo en el diario Página 12 del 7 de noviembre de 2016, que “la producción de vehículos es una de las actividades industriales que más ha caído en 2016, con una baja del 13%”. Los números del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), confirmaron a principios de marzo, la fuerte recesión que sufrió la Argentina durante 2016. Según este informe,  el año pasado la actividad económica se contrajo un 2,3%. No obstante, Jorge Triaca -Ministro de Trabajo- también señaló que la construcción se contrajo un 11%, en una tendencia que se replicó en la industria manufacturera (5,7%); el sector de agricultura, ganadería y pesca (5,5%); la minería (5,3%); la intermediación financiera (3,8%) y el comercio (2,6%). Sumada a que la inflación acumulada entre marzo de 2016 y marzo de 2017 -siguiendo los datos que brinda el mismo INDEC- fue del 40,6%.

A pesar del lanzamiento del Plan Productivo Nacional, por parte de los ministerios de Trabajo y de Producción, en donde se establecieron ocho “pilares” para el desarrollo de las pequeñas y medianas industrias (PyMES), no ha habido grandes cambios en lo que va del 2017. Los incesantes paros, cortes y movilizaciones; las paritarias propuestas por debajo del 20%; y el crecimiento de la economía “estipulado” en un 2%; dan cuenta de la pérdida del poder adquisitivo del ciudadano medio y del malestar social que los mismos poseen ante las medidas económicas y sociales, adoptadas por el gobierno.

Retomando. Luego de la crisis del 2009, el mundo, no fue igual. El capitalismo financiero, dió muestras de su afán de crecimiento sin sustentación posible; de las grandes estafas, que el mismo sistema, está dispuesto a aceptar; y de la necesidad de la intervención de los Estados en la política económica de cada país.

Si el Estado no interviene, el mercado se autorregula. Y si el mercado se autorregula, las corporaciones -y sus intereses- gobiernan. A contramano del mundo, el gobierno de Mauricio Macri invita a las corporaciones a co-gobernar y desarrollarse en aquellas áreas que “ya conocen”. Lo cual, produce los efectos ya mencionados (contracción económica, desempleo, concentración de la riqueza, pobreza, exclusión, etc.)

Finalizando. Al comenzar este artículo, aparece una cita del Papa Francisco (principal exponente anti-neoliberal en el mundo Occidental). Al principio de esa exhortación, el Papa sostiene: “Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata”.

Ser conscientes que el libre-mercado mata, no es ser un fanático. Ser conscientes que el libre-mercado mata, es tener conciencia de que la economía está al servicio del hombre y no el hombre, al servicio de la economía.

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