CTA en pie de guerra y CGT entre carpetas,sobres y obras sociales

Por Esteban Regueira.

El clima social de los últimos meses ha pasado de enrarecido a enfurecido, ya que a la ola de despidos y suspensiones se suma una fuerte lucha salarial de los trabajadores que pugnan por no resignar una paritaria libre que les permita dignificar el fruto de su trabajo; en este aspecto vemos varios focos de conflicto con desagregaciones puntuales que muestran un escenario crítico y a la vez interesante. Desde esta perspectiva, la lucha de los docentes se observa como el símbolo más fuerte que cuenta con el apoyo de la cúpula de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), debido a que se encuentran librando una verdadera batalla frente al poder real que busca someter su profesión al escalón de voluntariado; por otro lado también están aquellos asalariados nucleados en la Confederación General del Trabajo (CGT) que, a diferencia de los docentes, no cuentan con el acompañamiento de una cúpula que desde hace décadas se presenta viciada de corrupción y oportunismo.

En este contexto es importante analizar el rol de las dos centrales que nuclean a la clase trabajadora argentina y su rol frente al paro general anunciado para el próximo 6 de abril.

La CGT, con bases combativas y un triunvirato apaciguado por dádivas, carpetas y dirigentes gastados.

La movilización masiva protagonizada por la central obrera semanas atrás dejó, además de un atril volador y corridas hacia Pablo Moyano, sensaciones, aspectos e imágenes mucho más que elocuentes. En una nueva demostración de fuerza y ante el reclamo a una sola voz de las bases y amplios sectores que representan a las Pequeñas y Medianas Empresas se esperaba una definición tajante respecto a la fecha del paro general (que luego se confirmó debido al nuevo desaire por parte de la Casa Rosada) pero la cúpula decidió optar por el silencio y un tibio mensaje de advertencia al gobierno. Era claro que en la previa a la movilización algo habría pasado entre el Ministerio de Trabajo y los integrantes del triunvirato de Azopardo.

La oportunidad para el triunvirato compuesto por Héctor Daer del Sindicato de la Sanidad, Juan Carlos Schmid, representante de los trabajadores de Dragado y Balizamiento, y el legislador bonaerense y titular del Sindicato de Obreros y Empleados de Estaciones de Servicios, Garages, Playas de Estacionamiento y Lavaderos, Carlos Acuña era inmejorable, calles colapsadas de trabajadores movilizados desde todas partes y hasta el inusitado apoyo de las PYME, pero algo hubo, la atmósfera del escenario estaba enrarecida y los discursos parecían más una advertencia a un nene que no toma la leche que un reclamo combativo del estilo cegetista al cual los argentinos se encuentran acostumbrados.

Sobres y carpetas, fondos a obras sociales, en fin, dádivas y amenazas; armas con las cuales se siente cómodo al combatir Macri, Triaca y cualquier miembro del gabinete. Alcanzó solo con nombrar a Covelia para que Hugo Moyano decida dedicarse de lleno a su gestión como presidente de Independiente. Claro que todo se maneja en un absoluto secreto y entonces sólo se tienen datos  off the record y entonces probar este tipo de presiones es demasiado complejo.

Pero no hay que perder el foco de lo que muestra la realidad y entonces parece dar la sensación de un miedo a viejos tiempos que revuela en el aire de la CGT; aquellos momentos de debilidad sindical logrados con flexibilización laboral, un arma más efectiva que cualquier sobre, carpeta y obra social que se pueda pensar y los hechos lo demuestran. En la década del ´90, con un desempleo alto fue muy fácil controlar la protesta salarial de los sindicatos, pues ellos perdieron poder por dos cuestiones lógicas, la primera fue la cantidad de desempleados que se traduce en menor cantidad de afiliados; y la otra que es consecuencia de la primera, ya que por el miedo al desempleo, muchos trabajadores optaban por no manifestarse y hasta desafiliarse de los sindicatos, dejando al movimiento obrero con un poder de fuego demasiado restringido,  pues vale recordar que en esta etapa quienes cobraron fuerza fueron los movimientos de desempleados, algo que parece comenzar repetirse.

La CGT parece atravesar una crisis de liderazgo y representación, los incidentes de la última marcha dan testimonio de una distancia entre las bases que se cansaron de esperar y una dirigencia tibia y amedrentada que recurrió al paro sin movilización para calmar los ánimos de sus representados y montar un escenario de lucha que tape la debilidad por la que atraviesa la conducción del movimiento obrero; es momento de recambios y muchos de los líderes de antaño lo saben.

 

La CTA en pie de guerra con la lucha docente como bandera

Distinto es el rol de la Central de Trabajadores de la Argentina; su postura ante las políticas de ajuste del actual gobierno se demuestra mucho más dura y radical, y lo deja claro en la posición inflexible de los docentes bonaerenses ante el frente de batalla que abrió el gabinete de Vidal y que busca precarizar la profesión. Ya van varias semanas de duras negociaciones en las que el intento de denostar el trabajo del docente aún no pudo llegar a buen puerto y eso se debe a la lucha incesante de los gremios provinciales los cuales vienen realizando demostraciones de fuerza que encienden las alarmas a nivel nacional.

En este contexto la CTA encabezada por el histórico Hugo Yasky, que incluso cuenta con el apoyo del disidente Pablo Michelli, con quien durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner parecía que las diferencias eran insalvables, y lo demostró en las marchas federales, en el paro del día 30 de marzo y en plegarse a la jornada del 6 de abril en conjunto con la CGT. Aquí la búsqueda de los gremios es clara,  por un lado el llamado a paritarias a nivel nacional y por otro no negociar con una referencia de un 17% de inflación anual dado antes de finalizar el primer trimestre los números no pronostican menos del 22%.

Por su parte desde la provincia, Vidal y el gabinete de educación buscan polarizar la protesta con Baradel y llevarla al campo del escenario de un año electoral. Es por eso que no guardan reparos en atribuir la dureza de la posición docente a los posibles vínculos del líder de SUTEBA con el kirchnerismo, esto los llevó a decisiones tan nefastas como ilegales tales como elaborar listas negras con los nombres de los docentes que adhieran a las jornadas de paro al mejor estilo década del ‘70  u ofrecer premio a quienes decidan no parar y dar clases; claro está que en sus posibilidades la idea de ofrecer una propuesta superadora que dignifique la labor docente no está.

Un nuevo paro general se avecina y una nueva marcha federal se prepara frente a un gobierno que parece encerrado en un obstinamiento que puede tener costos electorales muy caros y sociales aún peores. Son semanas fuertes y donde lo que está en juego no solo es una posición en una negociación sino también el futuro de la clase trabajadora frente a un panorama de ajuste que sobrevuela a lo largo y ancho del país.

 

 

 

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