El “nuevo amanecer” de los nacionalismos de derecha

Por Sabrina Perez (Lic. en Ciencia Política)

Resulta paradójico cómo en la época de la globalización y la comunicación a gran escala, donde el mundo se encuentra más conectado que nunca, los sentimientos nacionalistas (y en particular, de carácter conservador o reaccionario) reflotan y se instalan no sólo en los discursos cotidianos sino también en formas más institucionalizadas como los partidos políticos y sus plataformas.

Los hechos recientes de la política nacional e internacional nos muestran que estas ideas resurgen y cobran fuerza, invitando a reflexionar sobre ello para entender los procesos políticos actuales.

Si nos remontamos a sus orígenes, el nacionalismo aparece tras la expansión colonial europea y la consolidación de los Estados-Nación, como medio de legitimación ideológica de los mismos. Ésta se logró utilizando múltiples aparatos, tales como la escuela, el ejército, la religión y los medios de comunicación, entre otros.

El mismo tomó su carácter más radical, autoritario y violento a mediados del siglo XX con el nazismo y el fascismo. Hablamos, en ese sentido, de los nacionalismos de derecha, contrapuestos a los de izquierda.

En la Argentina y el resto de America Latina, los nacionalistas de derecha se vincularon históricamente a grupos militares y cómplices civiles y religiosos que por la fuerza buscaron re-instalar el “orden”, imponiendo al resto sus creencias e intereses y censurando e incluso eliminando a aquellos que les hacían oposición.

A nivel global, en las últimas décadas y hasta la actualidad el nacionalismo se manifiesta en sus formas más extremas a través de grupos o sectores sociales tales como los llamados neo-nazis, militares con pretensiones autoritarias, grupos religiosos fundamentalistas, entre otros.

El nacionalismo no es un mero sentimiento de exaltación y reivindicación de la identidad nacional; también tiene una faceta racista, discriminadora y xenófoba que se manifiesta a través de relatos que trazan diferencias entre “los unos, y los otros”, basados en dicotomias tales como “blancos o negros” “argentinos o extranjeros” “gente trabajadora o vagos” entre algunos ejemplos. De esta manera, se genera una fuerte intolerancia por todo aquello que es considerado distinto, el otro, a pesar de tener profundo desconocimiento de su realidad.

Estas diferencias son caracterizaciones construidas a partir de prejuicios y estereotipos, que buscan desvalorizar a la otra identidad frente a la propia y constituirla como una amenaza. También hay ejemplos de esto en frases tales como “los inmigrantes nos sacan el empleo”, “se aprovechan de nuestros servicios”, o “nos invaden con su cultura”.

Bajo la misma lógica, se justifican las desigualdades sociales. El rico, la “gente bien”, tiene cualidades personales virtuosas que le han permitido alcanzar la buena fortuna, mientras que “los pobres” son producto de sus propios vicios como la vagancia, la comodidad y la falta de ambición, y por lo tanto culpables de su destino.

En el mismo sentido, los sectores de elite hacen uso de las ideas nacionalistas, clasistas o xenófobas; fomentan divisiones sociales que los favorecen, aunque ellos mismos distan mucho de trabajar por el bienestar nacional, sino que lo hacen por sus propios intereses. Podemos sostener que recurren a un “falso nacionalismo” para afianzar su dominación.

A nivel internacional, la avanzada actual de la ultra-derecha y las expresiones nacionalistas tienen un punto álgido en la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, quien fue electo por y a pesar de sostener una fuerte campaña contra los inmigrantes y de endurecimiento de las restricciones para el ingreso de los mismos, en un país donde las comunidades extranjeras constituyen una parte relevante de la población.

También han alcanzado distintos niveles de popularidad diferentes partidos políticos en casi todos los países europeos, que son expresiones de la ultra-derecha. En las recientes elecciones de Holanda, el candidato de esta línea ideológica (Geert Wilders) quedó segundo, mientras que en las próximas a celebrar en Alemania en septiembre y Francia en abril, también tienen sus representantes en las figuras de Frauke Petry y Marine Le Pen respectivamente.

El Brexit que está en proceso de separar al Reino Unido de Europa, también es una muestra de estas tendencias ideológicas en el viejo continente.

Pero no se limita a ser un fenómeno europeo, ya que encuentra su correlato en la elección de gobiernos de derecha en América Latina. Se expresa a través de discursos ligeramente más moderados, como el de Mauricio Macri en Argentina y Pedro Pablo Kuczynski en Perú, sumado a la destitución de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, en un juicio político express cuestionado internacionalmente y criticado por amplios sectores que lo califican de golpe de estado velado bajo presuntos marcos institucionales.

Más alla de la experiencia brasileña, en la actualidad la gran mayoría de los grupos de extrema derecha se caracterizan por buscar el poder a través de las urnas y así obtener verdadera legitimidad, a diferencia de epocas anteriores, aunque recurriendo a veces a estrategias desleales.

Los nacionalismos de derecha se encuentran en una etapa de expansión, pero no dejan de tener fuertes resistencias de aquellos que no comulgan con sus ideas. Quedará en manos de los ciudadanos de cada país permitirles acceder al poder o limitarlos, cuando les toque concurrir a las urnas.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s