Pelota manchada

La persistencia del neoliberalismo en cortar los lazos populares dentro de los clubes. La disolución del Programa Fútbol Para Todos. La ganancia de los monopolios y la pérdida de un derecho adquirido para la sociedad en general llevada a cabo por la Alianza Cambiemos.

Por Víctor .E.G.

El 13 de Abril de 1951, en Argentina, se estrenó la película “El Hincha”, guionada por el poeta popular: Enrique Santos Discépolo; que también interpretaba el papel de un obrero industrial (“el Ñato”), fanático hincha de un club de barrio. En una de las tantas frases célebres del film, “Discepolín” afirmó: “¿Qué sería de un club sin el hincha? Una bolsa vacía. El hincha es el alma de los colores. Es el que no se ve, el que se da todo sin esperar nada. Eso es el hincha… Eso soy yo”. Si dudas, eran otros tiempos en una Argentina totalmente distinta a la actual, en donde la pasión por el fútbol era realmente popular y no estaba contaminada por el mercado nacional e internacional.

En los tiempos actuales, esta pasión de multitudes dejó de ser una parte de la cultura popular para convertirse en un negocio de pocos. El fin del programa “Futbol Para Todos”, es el claro ejemplo de la voracidad de los grandes patronos de los medios de comunicación, ayudados por la mano del gobierno neoliberal argentino. Fiel a su estilo conservador, el Estado nacional se retiró a pesar de haber prometido a finales de la campaña electoral la gratuidad de espectáculo deportivo.

Cabe hacer un ejercicio de memoria en el cual se encuentra la figura de Mauricio Macri, que ejerció la presidencia del Club Atlético Boca Juniors, y que en el 2001 llevó la propuesta a la Casa Madre del fútbol argentino, convertir los clubes de futbol en Sociedades Anónimas. La propuesta privatizadora no tuvo éxito, ya que la intención de traer capitales privados a los clubes perdió en una votación de 38 en contra a 1 a favor, y finalmente se desvaneció en forma tajante la idea del ingeniero de incorporar el gerenciamiento a los equipos.

¿Por qué y para qué surgió esa idea de privatización de los círculos deportivos? Aquí, se encontró una de las tareas fundamentales del pensamiento neo-conservador: la destrucción del lazo social que proporcionan los clubes con la comunidad en general. Para el neoliberalismo la solidaridad no rinde como negocio, sólo es una fantasía; el concepto del bien común no tiene sentido dentro de su ambición impúdica, todo tiene un valor monetario y la reunión de hombres y mujeres detrás de un ideal, es peligroso para sus planes de expoliación, la ideología de las sociedades civiles sin fines de lucro es un estorbo para sus planes egoístas. Todos éstos “peligros” se encontraban inmersos en las instituciones del deporte. Por lo tanto, había que convencer a las grandes masas de hinchas que lo mejor era lo privado.

Para la manipulación de las subjetividades, no hay nada mejor que la maquinaria de los medios concentrados quienes fueron y son parte fundamental del negocio de la pelota, como así lo afirmaba el slogan de la propaganda de Cablevisión: “Somos los dueños de la pelota”. Sin embargo, la apropiación del fútbol necesitó de socios que comulgaran con la misma idea de exclusión: las comisiones directivas de los clubes, y en éste caso los dirigentes del balón pie.

Con la tesis de la cantidad de socios e hinchas que tiene el club de la Rivera, Macri prohibió la entrada del público visitante, sentó las bases de la discriminación a simpatizantes contrarios con la excusa de dar más comodidad a su gente. Luego, lo siguieron otros directivos de distintos clubes llamados grandes, para lo que argumentaron, la gran convocatoria de sus socios e hinchas. De a poco y en forma solapada se excluía al pueblo futbolero de los estadios ajenos.

Una gran masa de individuos se veía forzados a ver el equipo preferido en la televisión y claro está que eso no era gratis, lo que daba paso al futbol codificado. Las sociedades sin fines de lucro, fueron cooptadas por la “dictadura del dinero” que era proveniente de la transmisión de los partidos en vivo y en directo. Los horarios; los días y hasta los escenarios de juegos eran digitados por las empresas mediáticas; que no tenían en cuenta la preferencia de los verdaderos dueños del club. De esta forma anularon las asambleas en donde los socios, artífices legítimos y legales democráticamente votaban las diversas acciones importantes que atañan a los patrimonios de las entidades, y para ello se creó un nuevo estatuto paralelo a imagen y semejanza del beneficio de las corporaciones televisivas.

El grupo Clarín, era el amo de las imágenes. La dupla de atacantes estaba conformada por Canal 13, con su programa Fútbol de Primera ; TyC Sports y Fox Sport (que compartía producciones con Torneos y Competencias), es decir, además de tener dos atacantes letales contaban con uno más en el banco de suplentes, dispuesto siempre a ayudar a su “equipo”. La fiesta de los ´90 trajo consigo un cambio del sentido de pertenencia, el estadio ya no era el lugar del hincha, ahora, tenían que pagar una consumición en algún bar para ver  a sus colores preferidos y todo aquel que no tuviera la moneda para el café, apoyaba la ñata contra el vidrio del lado de afuera de la cantina.

Durante la campaña presidencialista del año 2015, Mauricio Macri, opinaba lo siguiente con respecto de la televisación del fútbol por parte del Estado nacional: “¿Por qué me tengo que intoxicar en un momento lindo viendo a Boca, por qué me tienen que poner la política en el medio? El fútbol nunca fue un lugar de la política, el fútbol fue un lugar de encuentro independientemente de qué partido político tuvieses. (…) Vos te juntabas con José y con Cacho en la cancha todos los domingos sin saber a qué se dedicaba cada uno, y ahora se ha politizado todo, no solo el fútbol local, la selección todo usándolo con la política de por medio, eso se va a acabar”.

Y así fue, el presidente exterminó el contrato que el Estado tenía con los clubes, con vigencia hasta el año 2019. El acuerdo firmado e iniciado en 2009, pagó a los clubes la suma de 600 millones de pesos, dicha oferta superó los 230 millones de pesos dados por la compañía TCS (perteneciente al grupo Clarín). La AFA, le había pedido a la empresa privada la suma de 720 millones de la misma moneda. La empresa se negó y ante la rotura del contrato por parte de la Casa Madre, accionó en la justicia. La nueva transmisión se hacía por televisión abierta y gratuita, y además de las imágenes del partido, incluyó relatos, comentarios y tandas publicitarias propias.

 

El único anunciante privado fue el fabricante de camiones Iveco. En las tandas publicitarias se promovían campañas temáticas de concienciación del público en general sobre asuntos de interés social. El gobierno anterior siguió la lógica popular: los partidos de futbol llegaban a todos los lugares del territorio argentino, los diversos estratos sociales estaban informados de sus derechos y las distintas franjas etarias disfrutaban de los eventos deportivos por igual, y a eso se sumó la televisación en Alta Definición proporcionada por la TV Pública. Canales de cables; periódicos y emisoras radiales, no tenían el alcance informativo del programa FPT. Una inversión cultural por intermedio del deporte, no sólo del futbol. Sin embargo se soslayó maliciosamente la función de contención social que proporcionan todos los clubes, no sólo los grandes. Las asociaciones de barrio sustentaban algunas necesidades de niños y niñas en estado de pobreza, muchos clubes abrieron sus puertas a estos purretes que no eran socios de las instituciones, brindándole actividades deportivas diversas. Los colegios estatales se amparaban en los estadios para festejar las fechas patrias. Y todo se hacía porque hubo un Estado que repartía recursos financieros equitativos. Los clubes podían mantener su infraestructura y sus trabajadores (que no solamente son los jugadores de profesionales) en forma digna.

El presidente argentino supo cómo estrangular las finanzas de los clubes adeudando los pagos convenidos por la pauta publicitaria, invocó el sermón de “la pesada herencia”. Un nuevo capítulo de la batalla por el sentido común se llevaba a cabo para convencer a la población de los males que traía la televisación gratuita. El gobierno exhortó a la austeridad y la prioridad del dinero para llevarlo a otras políticas públicas. Los personeros de los canales y de las radios se rasgaban las vestiduras y exigían el fin del pago del Estado a los clubes. Con su visión nublada por los intereses económicos los esbirros de la segregación no entendían el derecho al esparcimiento y la contención familiar en los cuales esa parte del pueblo (siempre postergada por la élite dominante) veían la televisación cómodamente instalados en sus hogares, todos los partidos de los equipos de Primera A ; Nacional B y la Selección Argentina.

Muchos medios hegemónicos se vieron beneficiados por la eliminación del F.P.T. Una vez más, el dinero que salía de las arcas del Estado Nacional retornaba a las grandes empresas de medios de comunicación sacaron a relucir todo su arsenal mediático, legitimaron la mentira de Cambiemos. Los millones de pesos (de nuevo) estaban en las manos de los empresarios: Magnetto; Vila; Manzano; Saguier; por nombrar algunos claros y repetidos ejemplos. Sus canales deportivos; noticieros y magazines, constantemente inoculaban la falacia de dinero mal gastado. Ninguno de los medios informó con veracidad el pasamano del dinero. Aplaudieron la medida neoliberal de una falsa eficacia económica.

El relato macrista apeló al libre comercio de los clubes y con gran audacia, volvió a rememorar la vieja intención de la privatización de las instituciones y expresó: “Debe ser optativo para los clubes de fútbol seguir como asociaciones civiles o convertirse en empresa. (…) En un mundo donde todos apuntamos a elegir en libertad, que los socios de cada club elijan”. No se puede optar en un mundo gobernado por los intereses concentrados y más aún si el Estado es socio de los empresarios inescrupulosos, la idea del club cómo nexo y auxilio del barrio o de la sociedad no se encuentra en el catalogo neo-conservador.

Actualmente la AFA, hizo un nuevo contrato televisivo, optó por la empresa Fox comandada por el multimillonario Ted Turner. En Argentina dicha empresa es socia de la empresa Torneos y Competencias; en la cual uno de sus dueños Alejandro Burzaco (socio del Grupo Clarín y hermano de Eugenio Burzaco secretario de Seguridad de la Nación) se encuentra preso bajo una  fianza de 30 millones de dólares en la ciudad de Nueva York. Se lo acusó de pagar coimas dentro del país (AFA) y  fuera del mismo (Conmebol y FIFA). El CEO pagó en forma ilegal a dirigentes de fútbol para que le otorguen la televisación de los partidos. El tridente Fox; Torneos y Clarín tuvo éxito y se quedaron con los derechos televisivos.

Un documento enviado por la empresa de Torneos, informaba a los directivos de los clubes lo siguiente: “TCs garantiza a Turner que la explotación plena de los mismos no se verá obstaculizada, obstruida ni impedida de modo alguno por la demanda promovida por TCS. (…) A nuestra solicitud y siempre bajo la condición de que Turner resulte adjudicatario de los mencionados derechos en la forma indicada en el párrafo anterior, y en el nuevo marco de lo acordado con dicha empresa, nuestra representada se compromete a no continuar el mencionado juicio contra la AFA”.

La coacción del Grupo surtió su efecto, el miedo atrapó a los directivos. Los dirigentes de los clubes asustados por un juicio fantasma, en el cual los empresarios de la Televisión Satelital Codificada no lo quisieron seguir llevándolo a cabo por que la empresa increíblemente se declaraba indigente, no podían pagar la suma de 60 millones de pesos para seguir a cabo con el trámite judicial y litigar por 2000 millones de pesos. Cedieron ante la oportunidad de no tener problemas con los dueños de una parte del poder en Argentina, que están siempre atentos a difamar a todo aquel que no se enrole en sus filas.

“El Ñato”, jamás se hubiera imaginado ver a su querido club desde afuera. El afiliado al Club Victoria, entraría en la reunión del presidente del club con el CEO de la empresa de turno y diría con toda su voz ronca: “A mí me van a escuchar o me sacan envuelto en una canasta. Soy el socio Nº 17. (…) Ustedes no saben nada de fulbo, son bolicheros (…) sí ustedes los dirigentes no ven nada nosotros los hinchas lo vemos todo”. Y hoy, comprobamos como el primer mandatario rompió su promesa electoral de preservar el F.P.T. Todos los hinchas nos quedamos con las manos vacías y nos cegaron la vista de las pantallas. Para el neoliberalismo lo más democrático es pagar.

Como en el final de la película “El Hincha” que termina siendo defraudado por la corrupción de los intereses comerciales vinculados a la pelota, podemos asegurar que la pelota sí se mancha, por un modelo de exclusión y avaricia llevado a cabo por el tercer desembarco neoliberal.

 

 

 

 

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