Viejos Lobos recorren Europa

por Daniel Germán Rossetti

A mediados del siglo XVII el filósofo inglés Thomas Hobbes nos advirtió que el hombre se había transformado en el lobo del hombre. Hoy lejos de aquella Europa, que buscaba el conocimiento en las experiencias, olvida su trágica historia y vuelve a refugiarse en las fallidas aventuras de encierro y en sus peores prácticas culturales que parecieron abandonadas, desconociendo que sus peores enemigos se encuentran en la cúpula de sus sociedades y no dentro de su seno. Podríamos decir lo mismo de Estados Unidos de Norteamérica y el acceso al poder de Donald Trump, pero solo muestra hoy su cara más brutal, las políticas nacionalistas de EE UU nunca fueron muy distintas de las que proclama el magnate devenido presidente. Las sociedades de los países centrales desconocen las nefastas influencias de los grandes grupos corporativos que a medida que incrementan sus negocios, promueven la construcción del enemigo externo que viene a adueñarse de aquello que les pertenece por derecho de origen. El terrorismo cumple así la función de ordenador dentro de las estructuras sociales, donde en ningún momento se cuestiona que pasaría si se retiraran las tropas de los territorios invadidos y dejara de comerciar el armamento que luego se usa contra ellos mismos. La construcción del enemigo que llega de afuera también se alimenta de los rasgos culturales de los descendientes de otras migraciones anteriores dando como resultado el aumento de la desconfianza en el otro, que cuanto menos responde a ciertos rasgos étnicos, más peligroso resulta. El hombre ya no es su propio depredador, ahora elige a su verdugo.

En los países centrales la batalla cultural parece perdida. Los recuerdos del separatismo étnico-racial priman por sobre las oxidadas memorias del viejo Estado de Bienestar de la posguerra. Las derechas con sus lenguajes más radicalizados, avanzan en el sistema de representación popular sin violentar los procesos democráticos. Los viejos partidos de centro izquierda que a fines del siglo XX habían morigerado sus discursos y reorientado sus políticas hacia los favores del libre mercado, quedaron en medio de un mar de confusión sin poder tener en claro a quién dirigen sus mensajes. Nuevos ensayos de movimientos orientados hacia ideologías de izquierda no terminan de convencer a un electorado que es constantemente atacado desde los medios hegemónicos de comunicación con propagandas que los invitan cada vez más a encerrarse en sí mismo, aumentado la disgregación social. La individualidad, se expone así, como un valor rompiendo la idea del ser colectivo, social y por lo tanto político. El ciudadano se convierte así en un mero cliente donde se le hace una encuesta de opinión en cada proceso electoral y no interesa si el proveedor es el Estado o una Organización Privada. Queda entonces así, reducido su rol a un gendarme que debe mantener a raya a cualquier individuo que se oponga al desarrollo del plan de vida individual y desconectado de todo colectivo.

El punto de inflexión es el Brexit, la salida de la Unión Europea (UE) de Gran Bretaña. La ciudadanía británica optó por salir del gran acuerdo regional ante la posibilidad de estar obligada a recibir refugiados de Siria y el sud occidente asiático. Refugiados que la misma potencia ayudo a generar con el violento desalojo del poder de Bashar Al Assad. El complejísimo conflicto Sirio llevó al tráfico de armas de las potencias a un excelente negocio que costó la vida de 250.000 personas y 4.500.000 refugiados, base principal del conflicto migratorio que desató todos los demonios de la xenofobia en el antiguo continente. El Estado Islámico, grupo de resistencia con métodos de terror, disputa el poder. Otro demonio creado por las potencias hegemónicas como representantes de la industria armamentística. El Reino Unido pertenece al selecto grupo de los países miembros del Consejo de seguridad de las Naciones Unidas, quienes comercian el 70% del armamento mundial, según informa Amnistía Internacional. El problema migratorio quedó entonces solucionado, el cierre de las fronteras británicas es para defenderse de los ciudadanos que son expulsados de sus países por los ejércitos que responden a las grandes corporaciones financieras armamentísticas. De esta manera sigue profundizándose la grieta abierta entre el 1% de la población que posee la misma cantidad de riquezas que el otro 99%. La sociedad inglesa prefirió satisfacer a sus líderes y romper con principios básicos de solidaridad humana que alguna vez convirtieron a Londres como la ciudad más cosmopolita del mundo. Desde el triunfo del neoliberalismo con Margaret Thatcher en 1979, la derecha británica tuvo distintos actores hasta lograr la ruptura con la UE.

Alemania nos deja el recuerdo de la primer ministra Ángela Merkel negándole muy educadamente el asilo a una adolescente y su familia. La principal economía europea se encuentra dentro de los 10 países con mayor participación en el comercio internacional de armas. En las elecciones federales alemanas de este año se opone a Merkel el representante del Partido Social Demócrata (PSD) Martin Schulz, presidente del Parlamento Europeo. Dentro de los planes del partido están cortar impuestos y aumentar el gasto de defensa, recortando los programas de bienestar social. A pesar de estas propuestas, Schulz culpa del aumento de la brecha entre pobres y ricos al populismo. Como nos advierte el filósofo francés Jaques Rancière, populismo es usado como el nombre que “disimula la exacerbada contradicción entre legitimidad popular y legitimidad erudita, la dificultad de la ciencia para conciliarse con las manifestaciones de la democracia […]Este nombre oculta y revela a la vez la gran aspiración de la oligarquía: gobernar sin pueblo, es decir, sin división del pueblo, gobernar sin política”[i].  Entre el conservadurismo tecnocrático de Merkel y de Schulz el intelectual francés aclara el panorama que se le oculta al pueblo alemán.

En Francia el marginal Jean-Marie Le Pen le pasó a su hija la posta en la construcción del enemigo llegado allende las fronteras. El mensaje xenófobo creció por las incompetencias del Partido Socialista que pasó a ser el representante de los sectores corporativos, que como dijimos más arriba, ponen al país galo, miembro también del Consejo de Seguridad de la ONU, bajo el poder financiero armamentístico. Marine Le Pen, la heredera radicalizada, tiene hoy la posibilidad real de llegar a la primera magistratura ante la imposibilidad de Francois Hollande de mantenerse en el poder y el fracaso de la derecha liberal ante las denuncias de corrupción del candidato Francois Fillon. Le Pen rescata la desideologización de la política, declara a su espacio como los representantes del pueblo y no de la derecha o de la izquierda, pero sabemos por experiencia que cuando dicen no tener ideología están firmemente parados en los paradigmas del pensamiento conservador de orden establecido. Los franceses no escuchan a sus intelectuales.

Algo similar pasa en la tercer economía de la UE, Italia, con el actor Beppe Grillo y su movimiento 5 Estrellas (por los ejes de su programa: agua pública, movilidad sostenible, desarrollo, conectividad y medio ambiente) que se pone por fuera de “la política”. El dirigente se define orgullosamente como populista y reclama el privilegio de ser quien escucha al pueblo y no a las grandes empresas, cautivando a los sectores desencantados de su país de distintos sectores y edades. El concepto de populismo se vuelve aquí en un producto al gusto del consumidor. En oposición a Grillo vuelve la figura de Berlusconi. Luego de un viaje a la isla de Malta se reunió con Ángela Merkel y le aseguró que él es la garantía contra el peligro del populismo de 5 Estrellas.  Italia dio el ejemplo a Europa tomando de la delantera en derecho humanitario garantizando el amparo de menores inmigrantes y el acceso a educación, salud y asistencia legal en todos los casos. El millonario ex primer ministro viene a detener este tipo de políticas, asegurando que es el garante de la estabilidad ya que según sus cálculos su candidatura en las próximas elecciones llegaría al 40% con el apoyo de la derecha italiana.

Algo de alivio trae la derrota en Holanda del candidato Geert Wilders, apodado el “Donald Trump” holandés, por el primer ministro Mark Rutte quien declaró, luego de asegurarse la mayoría parlamentaria que Holanda había puesto un alto al “populismo equivocado”, luego del Brexit y el triunfo de Trump en los EEUU. Considerado el país con legislación más progresista de la zona Euro, no deberían apagarse las alarmas. Si bien la agrupación de Wilders, Partido para la Libertad (PVV según sus siglas en holandés) no logró las 30 bancas que buscaba, aumentó sus representantes en 5, pasando a 20 escaños, hecho que el candidato destacó al finalizar el escrutinio. Con la promesa de prohibir el Corán y el cierre de las mezquitas e, imitando a Gran Bretaña, salir de la UE y abandonar el euro, el PVV se consolida. Si bien la propuesta no tomó fuerza, los avances sin prisa, pero sin pausa fueron una constante en el avance de la derecha europea. Se ganó una batalla, pero la guerra durará más tiempo.

Hemos planteado en notas anteriores los peligros de la principal hegemonía mundial en manos de un magnate que llega por afuera de la política. El haberse negado a estrechas la mano de Merkel su vista oficial a Alemania muestra la arrogancia de quien solo sabe dar órdenes sin entender los contextos. La insistencia en la construcción del muro que lo separe de México y el enfrentamiento con China, la potencia que pone en juego su hegemonía, el aumento del presupuesto armamentístico y el abandono de planes de asistencia social hacen incomprensible el apoyo del electorado.

El sociólogo Francois Dubet en “¿Por qué preferimos la desigualdad? (aunque digamos lo contrario)” propone “Para que el principio de igualdad llegue a construir una voluntad de igualdad social debe asociarse a un sentimiento de solidaridad y fraternidad”, luego nos advierte que “Sin ese trabajo, nada nos protegerá del peor de los escenarios: la alianza del conservadurismo cultura y el liberalismo económico, como preparación para el retorno de unas desigualdades sociales que creíamos desaparecida para siempre.” [ii]Las sociedades de los países centrales parecen así encerradas en su laberinto.

El lobo ha sido domado por seres más crueles que él y el Estado que imagino Hobbes no protege a la humanidad de ella misma, sino que potencia su ferocidad.

El concepto de populismo que utilizan en Europa se diferencia del que usamos en Latinoamérica, pero los mensajes xenófobos y de disgregación de clase y social junto con el avance de las estructuras financieras sobre los gobiernos son similares. Al momento de escribir esta nota la noticia del día fue que un trabajador atropelló a otro trabajador desocupado que se manifestaba. La disgregación social se muestra como un fenómeno global inversamente proporcional a la concentración económico financiera. Mientras se abren los negocios, se cierran las oportunidades,

[i] Rancière, Jacques; El odio a la democracia; Amorrortu, Buenos Aires, 2012 pp. 114; 115

[ii] Dubet, Francois; ¿Por qué preferimos la desigualdad? (aunque digamos lo contrario), Siglo XXI, 2015; pp. 108;109

Fuentes informativas

Amnistía Internacional; https://www.es.amnesty.org

BBC mundo; http://www.bbc.com/mundo

La vanguardia; http://www.lavanguardia.com/internacional

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