Las mareas no se detienen

El triunfo de Alianza País en Ecuador puede verse como la cresta de la ola de una nueva restauración del populismo en la región, según la alegoría que uso García Linera, uno de los más influyentes intelectuales orgánicos de la zona. Si bien la resistencia desde los poderes corporativos seguirá siendo feroz, los referentes de los gobiernos de centro izquierda recuperan su legitimidad ante el fracaso de las políticas aplicadas por sus representantes.

“Mientras miro las nuevas olas, yo ya soy parte del mar”

Charlie García “Mientras miro las nuevas Olas”

                En ediciones anteriores citamos al vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, Álvaro García Linera, cuando explicaba que los procesos políticos latinoamericanos se comportan como olas. En el momento de la cita analizábamos el avance neoliberal sobre américa latina luego de la etapa de gobierno nacional populares. Los casos de corrupción, el deterioro de las condiciones de vida básicas de los sectores postergados, el aumento de la deuda externa y del ingreso de capitales especulativos, le quitó fuerza a la envestida de la ola neoliberal y en el horizonte se ve como empieza a conformarse una nueva corriente a la que están llamados a protagonizar los referentes de los gobiernos populares. Las elecciones del 2 de abril dejaron a Ecuador en la cima de formación. Habrá que tener una esperanza cauta, pero esa nueva perspectiva obliga a la organización de los dirigentes sobrepasados por las bases que le exigen una mayor representación de sus intereses.

Una característica de los gobiernos populistas es la fuerte dependencia de sus líderes. El triunfo de la fórmula Lenín Moreno-Jorge Glass inició el camino de la renovación dirigencial dentro de este marco político ideológico. Luego de 10 años de dirección de Alianza País, la agrupación creada por el actual jefe de Estado ecuatoriano, Rafael Correa Delgado, obtuvo esta victoria electoral a pesar de los ataques desde la prensa hegemónica a los candidatos y al gobierno, reforzada por el ocultamiento sobre el pasado del aspirante Guillermo Lasso, un banquero que se enriqueció con lo que se conoce como “el Feriado”, por la operación financiera que llevó a la dolarización de su economía, lo que llevó al presidente a declarar: “Hemos ganado en condiciones muy adversas y a pesar de todo”. Tal es la complicidad de los medios con el banquero devenido en candidato que al momento del cierre de las elecciones dieron por ganador a Lasso por encuestas de boca de urna, lo que produjo que el postulante de la agrupación CREO-SUMA aún sigue sin reconocer el triunfo de Moreno, a pesar de que los observadores internacionales y la Comisión Electoral Nacional garantizaron la transparencia de los comicios. Ambos miembros de la fórmula presidencial fueron vicepresidentes de Correa, lo que respalda la confianza de la ciudadanía con respecto al rumbo que mantendrán. A raíz de esto el jefe de Estado declaró “(…) este domingo se paró ese Plan Cóndor, se paró esa restauración conservadora, se paró ese cambio de ciclo con la victoria popular en Ecuador”.

Brasil había comenzado este camino de recambio con la alternancia de Dilma Rousseff luego de la presidencia de Lula Da Silva. La resistencia desde los sectores corporativos brasileños expresados por la concentración mass-mediática llevaron a la mandataria petista al juicio político que terminó destituyéndola, lo que podría hacer mirar con desconfianza la estabilidad del nuevo gobierno ecuatoriano, abre una nueva puerta ante el fracaso de la administración de Michel Temer. El vicepresidente que llegó al máximo cargo siendo el principal impulsor del golpe institucional no puede mostrar ningún signo de mejora en la difícil situación económica, al punto que su Ministro de Hacienda, Henrique Meirelles anunció el viernes pasado un aumento del 65% de déficit fiscal proyectado, debido a la recesión en la que está inmersa la mayor economía de la región. A esto se le suman las denuncias de corrupción que afectan cada vez a más dirigentes del actual gobierno. A la destitución y condena a 15 años de prisión de Eduardo Cunha, por el caso Lava-Jato, caso que fue el iniciador del juicio político a Dilma, se le agrega la restricción de ventas de carnes brasileñas por irregularidades en análisis bromatológicos, hecho que dejó en evidencia a importantes frigoríficos que sobornaron a funcionarios públicos para sortear estos controles, en lo que se conoció como Operación Carne Franca. Los sectores que acompañaron el ascenso de Temer, hoy están retirando su apoyo, los grupos industriales y dueños del capital ya no confían en la capacidad de comandar una economía que solo beneficia a los grandes especuladores, únicos que hoy lo sostienen. En pleno avance neoliberal el Congreso intenta reglamentar un proyecto de tercerización laboral como respuesta al enorme desempleo que alcanza a 14 millones de personas. El Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB) aprovecha esta situación para promover una investigación sobre los fondos de campaña de la elección de 2014 intentando desestabilizar ahora a Temer y adelantar las elecciones. Ya vimos en acción el sistema judicial en Brasil, por lo que el PSDB aprovecha para mostrarse como el garante de los intereses de los poderes corporativos. Única respuesta al armado de la ola de avance de Lula Da Silva. Las calles brasileñas manifiestan su descontento con las medidas del usurpador del Planalto y el ex presidente es quien concentra, como alternativa electoral, este descontento. En marzo junto con Dilma encabezó un acto donde se inauguró la red de agua del Estado de Paraíba, obra que se gestó entre los gobiernos de Da Silva y Rousseff. En ese acto el expresidente se refirió a las próximas elecciones declarando que “(…) mientras ellos le piden a Dios que no sea candidato, yo les digo si voy (a las elecciones) es para ganar y recuperar la alegría de este país”. Las encuestan avalan estas declaraciones, a fines de 2016 se presentaron mediciones donde, ante una eventual segunda vuelta, Lula les ganaría a todos los posibles candidatos presidenciables.

Venezuela se muestra como el gran espacio de resistencia. Casi a diario, desde los medios de comunicación hegemónicos, las denuncias sobre el gobierno bolivariano arrecian. Al ataque de la oposición venezolana se suma el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), el uruguayo Luis Almagro, quien calificó al presidente Nicolás Maduro Moros de “dictadorzuelo”. Dentro del bloque regional, con la preminencia de ejecutivos dentro del arco neoliberal, el avance se profundiza, desde Mercosur, después del irregular quite de la presidencia protémpore de Maduro, dejaron a Venezuela de lado al momento de tratar los Tratados de Libre Comercio (TLC) con el Unión Europea.

A fines de marzo se produjo el desplazamiento de la Asamblea Nacional (AN) por parte de Tribunal Superior de Justicia (TSJ). La AN había intentado imponer a tres diputados del estado de Amazonas, a quienes había tomado juramento a pesar de las impugnaciones que pesaban sobre ellos a raíz de irregularidades en las elecciones. El TSJ, amparado en la Constitución Nacional, denunció la parálisis de la AN y su desacato. La respuesta de los partidos opositores y de la prensa hegemónica fue la denuncia de auto-golpe por parte del gobierno nacional. Pocos días después Maduro devolvió los poderes a la AN. Si tomamos, además de los problemas institucionales, la situación que vive la ciudadanía venezolana sigue siendo crítica. El desabastecimiento generado desde los oligopolios sigue más allá de los esfuerzos del gobierno por sostener los precios y el acceso a los productos básicos por parte de sus habitantes. Las marchas en contra de la administración bolivariana pierden convocatoria y gana en violencia. Durante la primera semana de abril se sucedieron 4 marchas en contra de Maduro, quien denunció que están sostenidas económica y políticamente desde “el norte”, por el apoyo que reciben los opositores desde EE.UU., que en otro avance sobre la autodeterminación del pueblo bolivariano, desde el Comando Sur el almirante Kurt W. Tidd reportó al Comité de Servicios Militares del Senado que “la creciente crisis humanitaria en Venezuela puede eventualmente obligar a una respuesta regional”. Ante este panorama el pueblo venezolano sigue sosteniendo la revolución que inició el comandante Chávez. Las marchas organizadas por la derecha no tienen anclaje en la voluntad popular y no habilitan el delante de las elecciones que intentan imponer con sus aliados regionales.

Pocas son las noticias que nos llegan de Paraguay, pero el 31 de marzo nos sorprendió que manifestantes incendiaran el Palacio del Congreso. Los reclamos fueron a partir de una habilitación para el plebiscito vinculante de enmienda constitucional que permita la reelección presidencial. La derecha paraguaya reaccionó ante la posibilidad de que Fernando Lugo vuelva a la primera magistratura del país guaraní, quien lidera las encuestas con el 50% de intención de voto frente a Cartés, el actual presidente, que apenas llega a un escuálido 12%. El presidente guaraní acusó a “barras bravas” de haber llevado a cabo el ataque al congreso. Los sectores corporativos del país quieren evitar a toda costa que el Frente Guasú llegue nuevamente al poder, luego del esfuerzo que le llevo la destitución de Lugo en 2012, cuando hizo playa la ola neoliberal en el sur del continente, siguiendo el ejemplo de su par centroamericano de Honduras. El pueblo recuerda el acceso a derechos que tuvo durante la administración del ex obispo y quiere regresar a las formas populares de gobierno.

Luego del referéndum que dejo por poco margen fuera de la reforma constitucional que permitiera la reelección de Evo Morales, el vicepresidente Álvaro García Linera, en declaraciones periodísticas afirmó: “Evo va a ser nuestro candidato ganador en 2019”. Explicó que existe la posibilidad a cinco distintas interpretaciones de la Constitución que permitiría al presidente Evo Morales seguir en el Palacio Quemado, aunque aclaró que dentro del Movimiento Al Socialismo boliviano hay una nueva generación de dirigentes capaces de aceptar el desafío. Repuesto de sus problemas de salud luego de su operación en Cuba, la jefatura boliviana sigue sosteniendo en los organismos interregionales a los gobiernos progresistas de la región.

La incógnita que se presenta al norte de Latinoamérica es como serán las elecciones del año próximo en México, dado que el candidato impuesto desde Televisa, Enrique Peña Nieto, muestra los fracasos de su gestión, la economía sigue en decadencia y la inflación aumentó tres veces comparada con el año pasado. Al mismo tiempo, EE.UU. sigue presionando sobre la frontera, en medio de una crisis económico social que sigue generando la extorsión laboral de las maquiladoras y la violencia del narcotráfico, que aumenta la migración hacia el norte. Las amenazas de Trump sobre la construcción de un muro se están plasmando en hechos reales. La promesa de un cambio profundo surge, como no podría ser de otra manera, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). El Consejo Nacional Indígena (CNI) buscará a una mujer entre sus integrantes como candidata a la presidencia mexicana. Se propone como un cambio cultural que rompa con la hegemonía patriarcal y lleve adelante un programa anticapitalista. El desafío es enorme. Tan lejos de Dios y tan cerca de los EE.UU., la oposición de los sectores burocráticos enquistados en el gobierno será fortísima y la candidatura de una mujer indígena dejará una profunda huella en la arena política que señalará un nuevo camino.

En Colombia se afianza el proceso de paz entre el Estado y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de aquel país (FARC). Conjunto con el proceso de desarme de las FARC, el Ejército de Liberación Nacional avanza en las tratativas para obtener la paz definitiva, lo que deja al operador político Álvaro Uribe Vélez, con poco margen de acción, después del intento de interrumpir los diálogos entre las fuerzas revolucionarias y el gobierno colombiano. El vicepresidente de Juan Manuel Santos, Germán Vargas Lleras, se apronta para ser su sucesor, solamente alta esperar como se desarrollará la inserción política de los militantes revolucionarios luego de la presentación de las listas con los nombres para acceder al derecho de amnistía.

En Argentina, el país que fue ejemplo de la región por el paso de un gobierno nacional popular a uno conservador por medio de elecciones libres, acaba de enfrentar el mes más difícil desde la asunción del presidente Mauricio Macri. Se sucedieron seis marchas multitudinarias que llevaron la delantera en el disconformismo con las políticas económico-sociales de la “Ceocracia”, como la de los docentes a la que le siguió una de la Confederación General del Trabajo, que terminó cuando las bases movilizadas exigieron a sus dirigentes que fijen una fecha para un paro general. A ésta le siguieron una masiva movilización en conmemoración por el Día Internacional de la Mujer y otra por Memoria, Verdad y Justicia en repudio a la dictadura cívico militar sucedida entre el 76’ al 83’ y en memoria de los compañeros detenidos desaparecidos, culminando el mes con una manifestación de la Central de Trabajadores de la Argentina. Esta serie de expresiones populares en contra de las políticas macristas sacó lo peor de las entrañas del poder. La huelga general que se desarrolló el 6 de abril fue masiva y al intento de algunas agrupaciones políticos sindicales de cortar rutas de acceso a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, le ofrecieron una feroz represión. De la misma manera actuaron cuando el gremio docente intentó una protesta pacífica al instalar una estructura que funcionaría de “Escuela itinerante”. Envalentonado por una manifestación en apoyo a su gobierno (que se vio más como una en contra de la administración anterior) aumentó el uso de la violencia institucional, única herramienta para mantener el control social que le queda como efectiva. El mayor desafío de la gestión son las elecciones de medio término en octubre que podrían licuarle la poca legitimidad que le queda. Los sectores populares muestran un nivel de cohesión mayor que la cúpula dirigencial. Las condiciones para retomar el centro de la escena política están dadas, es responsabilidad de los dirigentes estar a la altura de sus bases.

Este rápido recorrido por parte de la región da lugar a nuevos debates dentro del espacio del socialismo del Siglo XXI. Álvaro García Linera nos advierte sobre estar preparados para cuando sea el momento que la sociedad se organice para afrontar las nuevas olas. Las administraciones de gobiernos neoliberales están perdiendo la poca legitimidad que consiguieron con la construcción propagandística desde los medios hegemónicos de comunicación. Los sectores populares están sufriendo las consecuencias de la repetición de las políticas neoliberales. La nueva marea está formando olas, mientras se asoma un nuevo amanecer en el horizonte, algo mucho más grande que una luz al final de un túnel.

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