Un pueblo situado a la derecha

La marcha de “1 A” convocada en forma solapada por el gobierno nacional. Los viejos resentimientos estimulados por el mensaje xenófobo de Macri. La adhesión de los medios amigos al régimen neoliberal.

Por Víctor. E.G

La historia del pueblo argentino siempre estuvo dividida en múltiples antítesis. Morenistas y saavedristas; federales y unitarios; personalistas y anti personalistas; peronistas y anti peronistas; azules y colorados; Marina y Ejército (durante la sangrienta dictadura de 1976), son solo algunos ejemplos que nos dejó la historiografía argentina. Por lo tanto, los tiempos que vivimos no son ajenos a las viejas antinomias. Pero hay un detalle característico que se repitió persistentemente en el tiempo: es el discurso xenófobo. Invocado por una cierta parte de la población, que siente que es superior al resto de sus conciudadanos, se manifiedta proclamando su supremacía moral y ética.

¿Quién impuso la jerarquía de los valores honorables? Esta vez, la imposición partió de todos aquellos integrantes de una sociedad que no fueron parte de la militancia de un partido político o de algún gremio y no estaban interesados (a su entender) en la praxis política. Dentro de su comprensión, ellos fueron y son el “verdadero pueblo”. Los convocaron para la defensa de la democracia en nombre de los valores republicanos. Hombres y mujeres que salieron en forma franca, tomaron las calles, sin que nadie los lleve a bordo de un colectivo rentado. Los patriotas argentos se manifestaron por amor al país y no por dinero dado por algún dirigente político y tampoco fueron forzados a ir para garantizar la persistencia de algún plan social. De acuerdo a sus discursos, solamente los movilizó el sentimiento nacional. Defendieron el cambio, aunque el mismo los esté empujando hacia un nuevo abismo económico social.

En su imaginario, la culpa de las penurias argentinas la tiene “el otro”, y más aún si su color de piel no concuerda con la blancura de su tez , o su cuerpo está impregnado con aroma de algún chacinado de origen popular. Para ellos, no son parte del pueblo argentino, como no lo fueron otros personajes en épocas de antaño: los aborígenes, los negros, los gauchos y los peones  gringos de la Patagonia. La nueva casta elitista de la derecha hizo su desembarco el 22 de noviembre de 2015, vino a liberar de la Nación de los males del populismo. Sin embargo, algunos asistentes que se encontraron allí reunidos no tomaron conciencia que fueron parte activa de lo que la clase rica constantemente aborreció: el pueblo trabajador. Se entreveraron con una clase dominante que siempre los sometió; tal vez, lo hayan hecho con el deseo de ser aceptados en la elite del cambio.

Los partidos de la derecha siempre han capitalizado bien estos sentimientos de identidad nacional y maltrato al pobre,  y además tuvieron una visión muy particular de la vida democrática. Se olvidaron del nexo social, rol fundamental que cumple el partido político (cualquiera sea su ideología) con el gobernante de turno; al tratarse de la llegada que tiene el ciudadano de a pie con su representante electoral.

En una audaz jugada la Alianza Cambiemos y los medios de comunicación aliados al gobierno, pusieron en marcha el “1 A”. Una manifestación solapada a favor del gobierno que sintió que hay sectores políticos y gremiales que lo quisieron desestabilizar, con el fin de que termine su mandato antes de tiempo. La consigna fue concentrarse en Plaza de Mayo en defensa de la democracia y de la República. Cerca de 25.000 almas se reunieron en la mítica plaza en apoyo al gobierno neoliberal.

Cosa curiosa, si las hay, es la conformación de la masa diestra. Muchos de ellos fueron los que golpearon sus cacerolas pidiendo la destitución del gobierno democrático anterior que se había impuesto en las elecciones del 2011, con un 54,6% de los votos a favor. También, apoyaron los cortes de rutas durante varios meses, perpetrado por el lockout patronal del sector agrario.  Los piqueteros blancos (según el concepto de Hugo Biolcati) más implacables y violentos tuvieron su recompensa por haber practicado el delito de cortar las rutas nacionales: hubo cargos públicos para Alfredo De Angeli, convertido en Senador por la provincia de Entre Ríos y para Ricardo Buryaile, Ministro de Agroindustria. El partido PRO los cobijó bajo sus alas representativas.

La marcha en favor de la democracia fue organizada acorde a los tiempos tecnológicos vigentes, Cambiemos utilizó hábilmente las redes sociales para sumar adherentes a la manifestación popular. Para el gobierno de la derecha fue un gran desafío tomar las calles,; al punto que luego de terminada la misma, el Presidente escribió en su Twitter: “Qué emocionante lo que acaba de pasar en todo el país, que lindo. Que creamos que tenemos un futuro por construir. Que juntos vamos a generar las oportunidades de progreso para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. Lo expresamos desde el corazón, espontáneamente, sin que haya habido colectivos ni choripán”.

Se trató de una provocación más del Primer Mandatario, que lejos de su promesa de campaña de llevar a cabo la unión de los argentinos, atacó con desdén desde el pedestal de su clase a todos aquellos que anteriormente a “su marcha” se organizaron en todos los puntos del país, en reclamo de sus legitimos derechos.  Así, bastardeó las marchas en defensa de la educación pública, encabezadas por los gremios docentes; la conmemoración del 24 de Marzo y el paro con movilización convocado por las dos CTA; las cuales sumaron más de un millón de habitantes, en clara muestra de expresión democrática. Se trató,en todos los casos, de un reclamo pacífico en contra de las políticas neoconservadoras.

El Presidente, al ver a su pueblo “espontáneo” contradijo sus palabras vertidas en el mes de Marzo, cuando dijo: “Yo no creo en los paros y en las movilizaciones”. La doble vara que apareció en la reflexión del ingeniero,  contó con el apoyo de los canales América 24 y TN. Los dos medios unificaron mensajes, omitieron información y faltaron a la verdad. La conductora del noticiero A 24, Paula Trapani, se adelantó al mensaje presidencial; y con énfasis expresó varias veces: “ [hay] muchas familias con chicos, que vinieron autoconvocados, sin micros y sin cortar las calles”. Hay una cuestión extraordinaria  que no se puede ocultar, el acto de fe, la satisfacción  de la periodista al ver la muchedumbre en las calles rioplatense. A su expresión se le sumó el discurso de TN: “Hay mucha gente con banderas argentinas y no se ven banderas de partidos políticos”. Una vez más la mentira en favor de la anti política que manipuló a muchos adherentes del gobierno.

En la tarde de Buenos Aires se vió mucha gente emocionada que dejó de lado la cacerola y agarró el estandarte celeste y blanco. Tal vez, este estrato social se haya dado cuenta de lo que realmente es vivir en un sistema democrático. Las consignas vertidas por los simpatizantes de Cambiemos eran de variado tenor: “Déjate de joder Baradel” ,“Los chicos a las escuelas”, “Vinimos con la SUBE”,“Hay que cantar, hay que cantar, los piqueteros a laburar”, entre otras. No hubo nada de originalidad en los cantos de los concurrentes, simplemente prosiguieron con la estigmatización provocada por el gobierno y atizada por los medios aliados. Fue la segunda parte de la versión de la “grasa militante”, denunciada tiempo atrás por el ahora ex Ministro de Economía, Prat Gay.

Una democracia siempre se consolidó con trabajo, un buen gobierno siempre dio trabajo, fomentado por las políticas públicas en favor del trabajador. El régimen actual es entonces un mal régimen: no solo no dio trabajo, sino que lo destruyó y se justificó cínicamente y legitimado por  esa parte del pueblo que pensó y sintió en lo más profundo de sus vísceras que la haraganería de los demás pobladores del país es el mal a erradicar. Argumentaron que para ello no hay nada mejor que aceptar, sin protesta, el trabajo esclavo en los talleres de alta costura o en los campos de la oligarquía agro ganadera.

Volver al pasado es la intención del Cambiemos en todo su conjunto. Y para ello necesitó de esa porción de habitantes que añoraran los tiempos de la mano dura y la represión para todos aquellos que no pertenecen a su círculo patriótico.

Caía la noche y de a poco “los ciudadanos independientes” (como los titulo Federico Pinedo) regresaban a las viejas costumbres autoritarias, y así lo reflejaron sus vociferaciones políticas: “Argentina sin Cristina”, “No vuelven más”, “Justicia por Nisman”. Por decoro y respeto al lector no escribimos textualmente los insultos y ataques dirigidos a la prensa que no comulga con el oficialismo, como fueron los casos de los periodistas Roberto Navarro; Víctor Hugo Morales y la señal C5N. La crispación se apoderó de algunos macristas, envalentonados por el fervor de sus pares cercanos. La matriz de la ignorancia y del odio de clase fue creada por los funcionarios de la Alianza , alentada por los medios amigos y personificada por los partidarios del orden severo.

El primer mandatario, olvidó al escribir su mensaje xenófobo, que él es presidente de todos los argentinos y debió dejar de lado o al menos disimular su desagrado hacia una masa importante de la población que está en las antípodas de su pensamiento. El presidente se dejó llevar peligrosamente por ese manchón de gente que lo aclamaba. Los cánticos y los cárteles de aborrecimiento y de racismo de los ciudadanos genuinos e independientes llevaron consigo las formas que el mismo Macri soberbiamente expresó ante las amenazas de muerte a los hijos del secretario de SUTEBA: “Baradel no necesita que lo defiendan”. El resumen del rencor se pudo ver en una pancarta en manos de una señora, que con orgullo la elevaba para que lo vieran todos: “Desaparecieron los que tenían que desaparecer”.

Su pueblo, el de la derecha, enarboló el mismo rencor hacia una ex Presidenta que el mismo Macri acrecentó en cada oportunidad que tuvo, con la mentira del legado de un país fundido. La verdadera democracia siempre dio lugar a toda aquella persona que esté en condiciones de presentarse a una elección. Por consiguiente, un deseo de antipatía no puede proscribir un nombre de la historia nacional cualquiera sea su bandería política. En concordancia, los más longevos manifestantes comentaron a las cámaras sus asistencias a las manifestaciones de 1955, año en el cual comenzó la proscripción del partido Justicialista derrocado por un golpe militar. Quienes ayer apoyaron a las botas, hoy protegen a un empresario millonario.

En variadas ocasiones, el jefe máximo del Poder Ejecutivo puso en evidencia su ignorancia conceptual cuando utilizó la palabra “populismo” cómo un accionar diabólico. Su pueblo le cree y repite los mismos errores, siente el mismo descrédito producto de su falta de tolerancia y desconocimiento de la construcción política. El pueblo situado a la derecha encontró a su líder, un fiel reflejo de sus pensamientos y emociones. No es un pueblo nuevo y espontáneo, es un antiguo poblado, el mismo que se escandalizó cuando los cabecitas negras llenaron Plaza de mayo. Hoy ese pueblo olvidado y vilipendiado sigue de pie con sus reclamos no atendidos. Ellos llevan en sus espaldas cientos de años de angustias y privaciones.

La brecha social se ha ensanchado producto de la ideología neoliberal, para la cual fue necesario sacar a su gente a la calle. Estás personas que defienden una democracia contaminada por la segregación y la exclusión, se organizaron y se hicieron ver con sus finas liturgias en las coquetas calles porteñas. Un pueblo situado bien a los márgenes de la derecha argentina, dijo presente.

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