La deuda: la verdadera pesada herencia

La historia de la deuda es la historia de una gran estafa al pueblo argentino que, a la vez que indigna, evidencia las claves para entender 200 años de idas y vueltas en la política nacional.

por Sabrina Pérez

La historia de la deuda externa argentina esta entreverada por las circunstancias políticas y económicas de cada época, y tiene sus raíces en el siglo XIX, cuando nuestro país todavía llevaba el nombre de Provincias Unidas del Río de La Plata. En aquel entonces, firmas británicas como la Baring Brothers, realizaron ventajosos acuerdos a partir de la presidencia de Bernardino Rivadavia, quién, con el propósito de realizar obras públicas, contrajo deudas por el valor de 2.800.000 libras esterlinas, de las cuales sólo llegaron al país 600 mil. Lo que es peor, no lo hicieron  en efectivo sino en letras de cambio que nunca fueron invertidos en las obras prometidas, y que se terminaría de devolver casi 100 años después, por el valor de 24 millones de libras.

Fue la gobernación de Juan Manuel de Rosas la que asumió el pago de las deudas previamente contraídas, negociando una quita del 80% en los intereses. Si bien durante su mandato se pagó parte de la deuda, esto cesó cuando fue derrocado en la batalla de Caseros en 1952. En el transcurso de su gestión, además, logro revertir el déficit fiscal que tenía la balanza comercial y volverla superavitaria.

Los posteriores presidentes, Bartolomé Mitre y Domingo Sarmiento, de corte liberal, acrecentaron la deuda principalmente para financiar la guerra de la triple alianza contra Paraguay. Además, el presidente Mitre nacionalizó los compromisos de la provincia de Buenos Aires. También liberal, el presidente Julio Argentino Roca continuó la política de endeudamiento con gran Bretaña. Mientras tanto, dicho país obtenía el control de los transportes, los bancos más importantes y ciertas industrias locales.

En los años posteriores el derrotero fue similar, los sucesivos mandatarios siguieron contrayendo deuda, principalmente para financiar el déficit fiscal y pagar los compromisos anteriores, sin una inversión a largo plazo en obras públicas.

Tuvieron que pasar varias décadas para que la situación se revirtiera. Durante el gobierno de Juan Domingo Perón, el pago de la deuda fue un objetivo fundamental para obtener independencia y lograr soberanía económica. Perón pagó los 12.500 millones de pesos que habían acumulado los gobiernos anteriores, y por primera vez en la historia el país dejó de ser deudor.

Sin embargo, esta situación se terminó con su derrocamiento en 1955. Los posteriores gobiernos militares ingresaron a la Argentina al FMI (a lo que Perón se había negado), y volvieron a endeudarla.  En 1958 y con el peronismo proscripto, ganó las elecciones el radical Frondizi. Éste pidió ayuda al FMI para enfrentar la grave situación económica nacional, y terminó firmando un acuerdo en el que se comprometió a privatizar empresas estatales, despedir empleados públicos y congelar el salario mínimo por al menos dos años, entre otras cláusulas.

Acuerdos similares establecieron los siguientes gobiernos militares, como el de la presidencia de Jose María Guido, donde se estableció el aumento de tarifas de servicios públicos, el aumento de los impuestos al consumo, y la eliminación de las retenciones.  En el mediano plazo, esto sólo generó mayor desfinanciamiento para el Estado y el aumento del déficit  al haber disminución de ingresos, junto al detrimento en el nivel de consumo de la población.

Pero fue la última dictadura cívica militar eclesiástica la que llevo las cifras a proporciones nunca antes vistas. Al momento del golpe, la deuda llegaba a los ocho mil millones de dólares. Al finalizar lel gobierno militar, la misma trepaba a los 45 mil millones. En el camino se desarticuló la industria nacional, cayó el PBI, aumentó la inflación y el desempleo. El destino de esos préstamos es incierto, pero la sospecha más fuerte es que fueron depositados en cuentas en el exterior de los cómplices de la dictadura.

En 1982 la crisis económica hizo que grandes empresas estuvieran al borde de la quiebra. Para salvarlas, se estatizó sus compromisos impagos, los cuales pasaron de ser deuda privada a deuda pública. Las empresas beneficiadas en ese entonces fueron Bunge y Born, Molinos Rio de La Plata, Ledesma, Pérez Companc, Acindar y el grupo Macri, entre otras.

El siguiente gran aumento de esta variable se produjo durante la década menemista, donde el montó llego a los 146 mil millones de dólares. Para recibir esas sumas, el ministro de economía Domingo Cavallo se comprometió a cumplir a rajatabla el llamado Consenso de Washington, que obligaba a la apertura de la economía, la flexibilización laboral, la desregulación económica y la desarticulación del Estado. Estos ingresos junto con los obtenidos por la privatización de empresas estatales dieron como resultado una alta liquidez, es decir un gran flujo de divisas, que permitió sostener la paridad cambiaria, el uno a uno.

El final de los ’90 encontraba una economía decadente, golpeada a su vez por crisis externas, la falta de liquidez llevó al “corralito” (los límites a la extracción de dinero bancario), en un hecho traumático para la economía nacional. La bomba que se había activado muchos años atrás, explotó en las manos de Fernando De La Rua, quien tras presiones políticas, saqueos, y la movilización de la sociedad, presentó su renuncia.

El 23 de diciembre de 2001, en plena crisis político-económica, el (breve) presidente interino Adolfo Rodriguez Saá anunció la “suspensión de pago de la deuda pública”, el default más importante de la historia del país.

En el año 2003, luego de la presidencia interina de Eduardo Duhalde, donde se abandonó la convertibilidad; es elegido presidente Néstor Kirchner, quien negoció la reestructuración de la deuda con una quita del 75% de su valor con los tenedores de bonos. Con respecto a los compromisos con los organismos financieros, en el año 2006 canceló su totalidad con el Fondo Monetario Internacional, logrando la independencia económica con este organismo e indirectamente con Estados Unidos. En un discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas pronunció: “Déjennos crecer, porque los muertos no pagan sus deudas”, haciendo referencia a las trabas que le ponían para llevar a cabo su modelo económico de fortalecimiento del mercado interno e industrialización para el desarrollo.

Su esposa Cristina Fernandez continuó con estas políticas, y para el final de su mandato la deuda había pasado de representar el 170% del Producto Bruto Interno (PBI) en 2002 al 42%. Sin embargo en el camino se encontró con la inconformidad de un grupo de hold outs, grandes acreedores de bonos que representaban parte del 7% que no entró en el canje de deuda, coloquialmente llamados “fondos buitre”. Aunque un fallo judicial del juez de Nueva York Thomas Griesa obligaba a argentina a pagar la demanda de los hold outs, la mandataria se negó sosteniendo que si ellos querían cobrar tenían que aceptar las mismas condiciones que aquellos que habían entrado en el canje, o de otro modo podía dar lugar a que todos los bonistas reclamaran el dinero de la quita. Fernandez de Kirchner obtuvo un gran apoyo internacional en su decisión de no ceder a estas presiones.

En 2015 ganó las elecciones el presidente Mauricio Macri, de signo neoliberal, quien tres meses después de su asunción, pagó las sumas que exigían los fondos buitre, los cuales ganaron así el 1400% de interés sobre el valor original de los bonos. Para poder pagar esas deudas emitió más deuda: al cierre del año 2016 y tras un año de gestión, la cifra total se acrecentó en 35 mil millones de dólares, la mayor suma contraída en el menor tiempo en la historia nacional. Sin embargo el destino de esos fondos se desconoce hasta la actualidad. Muy recientemente además, el presidente ofreció como garantía de pago los recursos naturales del país, en un hecho insólito que compromete la soberanía nacional.

La deuda argentina fue un instrumento de condicionamiento económico para mantener al país en una situación de control y dependencia; utilizado primero por Inglaterra y después por Estados Unidos,quienes encontraron importantes aliados locales que buscaron mantener su poder político y económico. No ha sido puesta al servicio del desarrollo del país, sino para beneficio de las elites; quienes actualmente llevan las riendas políticas y las utilizan para repetir la historia.

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