La tarea del periodismo

Cambiemos no sólo es una alianza política, sino que tiene de su lado a las grandes corporaciones periodísticas. El trabajo de los medios en justificar los actos represivos. Su estigma puesto a todo aquel que reclame o se manifieste su malestar al gobierno de Macri.

Por Víctor. E.G.

A fines del año 1974, la Argentina se desangraba en duras luchas internas. Atentados de focos guerrilleros azotaban a diversos integrantes e instituciones de las Fuerzas Armadas y de Seguridad argentinas. Una revista de ese entonces “Carta Política” contaba con la afilada e inteligente pluma del periodista, abogado, sociólogo y profesor universitario, Mariano Grondona, quien escribió un artículo denominado “Meditación del elegido”, en el cual hacía una férrea defensa del ministro de Bienestar Social, José López Rega, (mano derecha de la presidenta Isabel Martínez de Perón). El filósofo, José Pablo Feinmann, expresó que más que un artículo de opinión fue una homilía hecha a favor del matarife.

El funcionario era popularmente conocido como “el Brujo” y fue uno de los creadores de la temible y sanguinaria Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), los crímenes cometidos por este grupo recibió las más duras criticas de diversos sectores de peso de la sociedad de aquel tiempo. Sin embargo, Grondona defendió el ilegal accionar con las siguientes frases: “No todas las tareas son iguales, no todas entregan a quienes las hacen la misma retribución, el mismo cálido, honorífico reconocimiento. Hay tareas sucias. No todos están dispuestos a hacerlas porque no todos se atreven al verdadero sacrificio por la patria, acaso al más grande: al oscuro, al secreto, al que nadie ponderará”.

Sin dudas, se seguía pidiendo por la muerte a sangre fría, la condena capital sin haber pasado por ningún juicio de por medio. Ésta práctica siniestra abrió las puertas al genocidio cometido por la Dictadura cívico militar de 1976. Se conservaron los mismos grupos de tareas: policías, ejército y periodistas. Las Fuerzas Armadas y de Seguridad repartían palos y balas por doquier, el periodismo cómplice justificaba y alentaba la matanza. Todos los abatidos eran catalogados como subversivos, terroristas, guerrilleros y extremistas. Cuatro palabras aleccionadoras que resonaban todos los días en los canales televisivos; en las radios y en los periódicos. Tal es así, que más de un 50% de la población estaba de acuerdo con el accionar represor llevado a cabo por los dictadores.

Cuarenta años después la historia parece repetirse en algunos aspectos, ya que en los últimos 16 meses de mandato del gobierno de la Alianza Cambiemos las viejas e ilícitas costumbres autoritarias se hicieron presentes. Los grandes medios prepararon el campo de batalla con una batería de infamias, mentiras y calumnias hacia un cierto grupo de personas en particular: sindicalistas del gremio docente. Con sus balas de tinta mancharon el guardapolvo blanco, sus palabras cargadas de malas intenciones activaron a los animales sueltos que salieron de la pantalla a las calles disfrazados con uniformes; el clarín sonó como un trueno y a su orden un policía puso su bota sobre la cabeza de un educador.

¿Cómo se puede justificar el acto salvaje de pegar, patear y gasear a un maestro? Muchos aseguran (y con razón histórica) que el modelo neoliberal que fustiga nuestros márgenes, no cierra sin represión. El primer paso de la estrategia de guerra la dieron los periodistas de los medios concentrados, quienes fueron los encargados de envenenar los pensamientos de quienes los escuchan, dado que el oyente cree ciegamente en los descabellados argumentos de los comunicadores de la Real Malicia. Radio Mitre (emisora del grupo Clarín, fue comprada al Estado Nacional en la década de los 90, tiempos en los cuales estaba prohibido que un dueño de un periódico tenga también una emisora radial. Sin embargo, salía al aire burlándose de la ley).

En el programa “Cada Mañana” conducido por Marcelo Longobardi y Guillermo Cohan hicieron un ataque de pinzas sobre Sonia Alesso (secretaria general de CTERA). Con la excusa de hacer una entrevista telefónica, los dos conductores salieron al cruce furioso pisando las declaraciones de la maestra. Dijo en tono desafiante Cohan: “La mayoría de los argentinos esta harto de estas cosas (en referencia a la instalación de la Escuela Itinerante). No se reprimió a los maestros. Lo vio todo el país por televisión”. Sin esperar sumó su voz Longobardi y expresó:” A mí no me parece que haya habido una represión sobre unos pobres maestros de escuela. Me parece que hubo un impedimento de instalar una carpa política. (…) Es todo muy político”.

El debate continuó subiendo de tono y las máscaras se cayeron, el acento matón de “Willy” apareció reciamente: “Según encuestas que ustedes mismos hicieron el 70% de los argentinos están en contra de los que ustedes hacen. (…) Había señores que tienen antecedentes penales, todo el mundo vio que no eran docentes. (…) Cualquier ciudadano de bien cuando la policía le da una indicación la cumple. (…) Éste es un cuento (por los paros docentes) que ya tiene cuarenta años, siguen con el mismo discurso, luchando cuerpo a cuerpo con la policía. Como si estuviéramos en el Mayo del 68”. A todo esto Sonia Alesso les contesto “dejen de mentir”.

El plan de estigmatización a los educadores fue esbozado (también) por la gobernadora Vidal, que tiempo atrás embistió al derecho del ejercicio de la libre afiliación sindical y al libre pensamiento político dejando de lado su cándida sonrisa hollywoodense exclamó: “Que digan de qué partido son, (…) que se sinceren y digan si son kirchneristas”(…) Y si defiende algún interés que supere la discusión salarial”. La “Margaret Tatcher Argentina” (según la bautizó el diario El País de España) fue contundente en un discurso dado en el Foro de Intendentes de Cambiemos: “Ningún maestrito nos va a torcer el brazo”. Al que sí le torcieron el brazo, los agentes policiales, fue al maestro Miguel Acuña, durante el armado de la Escuela itinerante, lo subieron al patrullero y le preguntaron, “si era barra brava y si su nombre era real”.

La función mediática consiste en hacer creer a la población, que los maestros son solamente sindicalistas, no son educadores, no quieren trabajar, faltan continuamente a su labor y que la lucha es porque estamos en un año electoral. Demonizar, al que disputa por sus derechos, fue el primer paso que se dio, el grupo de tarea periodístico supo bien cómo hacerlo; una imagen fuera de contexto, sin sonido y un zócalo televisivo con la línea editorial escrita en letra de molde, fueron los fiscales y jueces condenatorios. Segundo paso, la represión del Estado, amparado por un grupo de individuos que simpatizan con el extremo rigor policial. Tercer paso, la detención arbitraria, con la excusa de la agresión primaria de los maestros en contra de los uniformados armados con escudos, palos y cascos. Así, lo aseguró la ministra de Seguridad de la Nación: “la policía estaba parada y los docentes le pegaban patadas por abajo”.

Se corrió un fuerte rumor de un ante proyecto de ley enviado por Cambiemos para sancionar las protestas de los sectores populares. Por intermedio de una modificación en el Código Penal para castigar con hasta diez años de prisión a quien ose cortar una calle o ruta. Además, quieren sacar los fueros parlamentarios para que los políticos no se interpongan ante el atropello de las fuerzas de seguridad. El periodismo servil a la mano dura presentó a los fueros como un privilegio y una defensa del funcionario corrupto. Aunque, el periodismo sesgado ocultó una de las funciones de los fueros: evitar la coacción a los opositores y de esta forma impedir los abusos del Estado.

La conspiración del Gobierno nacional y los medios amigos está en marcha. La fábrica de subjetividades es la única que trabaja las veinticuatro horas del día sin parar tomando oyentes, televidentes y lectores que creen en los oradores y escribas de las supuestas verdades vertidas por los comunicadores sociales, quienes quieren grabar a fuego en el imaginario popular: la idea del caos vehicular, de la haraganería de los trabajadores y que de una buena vez por todas alguien ponga orden en las calles y las instituciones represivas son las encargadas de hacerlo.

La puja por legítimos derechos cuenta en favor del lado derecho de la sociedad con la confabulación de las grandes corporaciones mediáticas. Los grandes empresarios de la comunicación mandan a sus subordinados a contaminar la democracia y privilegiar sus ganancias producto de la suculenta pauta oficial dada por el actual Gobierno. Los valores del revanchismo se legitiman en nombre del “orden” y la “gobernabilidad”. Los medios adictos al macrismo incitan al individualismo ciego. Sus voceros repiten incesantemente el catecismo de una moral inquisidora en la cual el castigo es merecido para toda aquella persona que no comulgue con el sermón neoliberal. Hoy como ayer los medios hegemónicos siguen siendo los grupos de tareas más peligrosos de la Argentina, su credibilidad es la debacle de la sociedad en general.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s