UNASUR – MERCOSUR o dos formas de integración regional

Por Daniel G. Rossetti

En referencia a las posturas tomadas con respecto al devenir político de la región se notan dos posiciones diametralmente diferentes de los dos grandes bloque del sub continente, UNASUR Y MERCOSUR.  En este artículo intentamos una breve comparación entre ellos en la nueva etapa que atraviesa el continente y la relación que buscan estos centros de unión política con el mundo respecto del lugar que debe ocupar América del Sur.

El 30 de marzo de este año el ex presidente de Colombia, Ernesto Samper Pizano, dejó su cargo como secretario general del bloque de la Unión de Naciones de América del SUR (UNASUR), en su mensaje de cierre de gestión hizo un reconto de su trabajo al frente del bloque regional expuso la continuidad de las tareas para fortalecer las alianzas entre los países miembros, respetando y afianzando los procesos institucionales, sin injerir en los asuntos internos de cada Estado. Lo opuesto del bloque del Mercado Común del Sur (MECOSUR), que sigue presionando sobre el gobierno de Nicolás Maduro en apoyo explícito a los intentos desestabilizadores de la oposición venezolana, o cuando aceptó sin ningún cuestionamiento el proceso destituyente en Brasil, marcando así un cambio radical respecto a la posición con Paraguay en el golpe blando a Fernando Lugo, antes de la restauración neoliberal.

Repasemos un poco la historia de lo que sucedió desde que la oposición venezolana ganó las elecciones en las que mayoría de representantes en la Asamblea Nacional, en diciembre de 2015, fortaleciendo la embestida, cada vez más violenta, de la contra revolución bolivariana. En ese acto electoral UNASUR fue el veedor regional del proceso electoral, reconociendo la transparencia del proceso. Samper en su discurso de despedida rescató la actitud del presidente Maduro al reconocer la derrota del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), cuando declaró que a pesar de haber “triunfado la guerra económica” propuesta por la alianza de partidos opositores, era una victoria de la democracia y constitución. Como parte de la avanzada de la derecha regional junto con el juicio político a Dilma Rousseff y el triunfo de Mauricio Macri en las elecciones de nuestro país, se sumó Paraguay, que ya había desplazado a Lugo de la presidencia. La nación guaraní tomó la delantera en el ataque al gobierno bolivariano al desplazarlo de la presidencia pro témpore del bloque MERCOSUR a la que adhirieron rápidamente Argentina y Brasil, con sus nuevas administraciones de gobierno, siendo este acto el primero que marcó la nueva alineación del mercado común, diferenciándose del proceso anterior cuando suspendieron a los usurpadores de gobierno paraguayo luego del golpe institucional. Así, como si fuera un acto de venganza, su canciller Eladio Loizaga, reclamó el cumplimiento de la cláusula democrática a Venezuela como ariete y retirarla de la presidencia del bloque. Paraguay, que tiene el menor porcentaje de cumplimiento de las normativas requeridas para pertenecer a la alianza de naciones (apenas el 32%, contra el 95% de Venezuela, el 42% de Brasil y el 37% argentino), logró el desplazamiento venezolano al conformar la “nueva triple alianza”, como lo denominó la canciller bolivariana Delcy Rodríguez, con la complicidad de los cancilleres José Serra de Brasil y Susana Malcorra de Argentina, mientras que Uruguay intentó cumplir con las reglamentaciones para el traspaso de la presidencia. En una transición irregular luego de la conformación de una presidencia compartida por los socios fundadores, la presidencia quedó en manos de Argentina volviendo al cauce normativo.

Dentro del plan de reconversión neoliberal, en sintonía con sus gobiernos estatales, el MERCOSUR avanza en un acuerdo comercial con la Unión Europea (UE), dejando fuera de las negociaciónes a Venezuela. En el escenario de la globalización es imposible el crecimiento del bloque regional sin ampliar sus límites comerciales, pero analizando las negociaciones que avanzan entre los miembros de ambos espacios, los estados americanos serían nuevamente los que menos beneficios obtendrían en el intercambio comercial. La UE difícilmente quitará sus resguardos arancelarios y subsidios a sus productos agrícolas y dado el reconocido atraso tecnológico de las naciones del sur, se hace muy complicado explicar cómo se sostendrá el acuerdo en “igualdad en el tratamiento nacional”. Nuevamente “los especialistas” de este lado del mundo nos recomiendan firmar los tratados de manera inmediata, pero la historia de las relaciones con los europeos marca que en vez de lograr una apertura de nuevos mercados donde los productos primarios sudamericanos traigan divisas desde Europa en forma de inversiones para desarrollo de infraestructura; lo que ingresará a nuestra región será el excedente de los productos inmovilizados por la crisis económica de los países centrales. No es solo pesimismo ideológico, si vemos hacia donde van las tendencias de los gobiernos europeos, nadie en su sano juicio imaginará una apertura por parte de administraciones que radicalizan cada vez más sus discursos en pos de resguardar sus economías de los “enemigos extranjeros”.

En el encuentro económico financiero empresarial de realizado en Buenos Aires en marzo de este año, denominado por sus organizadores como el “mini Davos” (en referencia al Foro Económico Mundial que se realiza en la cuidad Suiza) se avanzó en la conformación de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con la Alianza del Pacífico, donde países con distintas conformaciones económicas intentan igualarse en el reordenamiento mundial que propone EEUU, donde el MERCOSUR debe volver a primarizar sus producciones olvidando cualquier pretensión de avance científico-tecnológico, resurgiendo de sus cenizas la vetusta teoría de las ventajas comparativas con la nueva derecha americana en las administraciones estatales. Molesta la crítica emancipatoria venezolana frente a este frente de avance neoliberal. Esta etapa del MERCOSUR quiere dejar atrás la ruptura con la Alianza de Libre Comercio de las Américas (ALCA), sintetizada por el comandante Chávez en Mar del Plata en el verano de 2005, cuando alzó la voz y lanzó el grito de ALCA-rajo con las pretensiones intervencionistas yanquis.

Junto con la Organización de Estados Americanos (OEA), el MERCOSUR dinamita el proceso de pacificación que propuso UNASUR con la presidencia de Samper en el proceso institucional venezolano, quien recordó en su mensaje de despedida como los cancilleres de Brasil, Argentina y Colombia habían logrado llegar a un acuerdo entre el gobierno y la oposición venezolana, luego de su triunfo electoral-legislativo, para una transición ordenada hasta las elecciones presidenciales. Hoy incentivada por el gobierno estadounidense, tal como denunciara el presidente Maduro, la derecha venezolana avanza a sangre y pos verdad sobre su propio pueblo para reinstaurar las condiciones de inequidad que con mucho trabajo (y con mucho más por hacer) la revolución bolivariana se esfuerza por revertir. El secretario general de la OEA, Luis Almagro, “no ha actuado como un mediador dispuesto a ayudar a las partes que están enfrentadas, sino como un actor que ya ha condenado al gobierno venezolano y lo quiere desplazar, por tanto esa no es la posición que debería tener la OEA en el momento actual”, criticó el ex vicecanciller uruguayo, durante el gobierno de José “Pepe” Mujica, Roberto Conde. En oposición a la actitud tomada por su connacional respecto de la alianza con EEUU, denuncia que la OEA no está cumpliendo con su función, que es la dar una salida pacífica a la coyuntura política.

Siguiendo la política de sostener las instituciones democráticas, la UNASUR fue garante del proceso electoral que habilitó la continuidad de la Revolución Ciudadana iniciada por Rafael Correa Delgado. Representada por Pepe Mujica la unión sudamericana supervisó el triunfo de Lenin Moreno y ratificó la trasparencia de la jornada democrática, dejando sin argumentos al candidato opositor, Guillermo Lasso, quien aún luego del recuento de votos y el reconocimiento de toda la región (incluyendo a la OEA) sigue denunciando fraude, cada vez en mayor soledad.

Junto con Evo Morales, UNASUR y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y el Caribe (CELAC) desarrollan la aplicación de una certificación de países consumidores de drogas, certificación similar a la que tiene los EEUU. Morales propone para luchar contra el tráfico ilegal de drogas poder identificar también a los países que favorecen este flagelo, en respuesta a certificación estadounidense que aplica sobre los países productores de hojas de coca como excusa para intervenir en sus soberanías. En respuesta a esto el presidente boliviano declaró “Estados Unidos con semejante tecnología cómo no va a poder controlar el narcotráfico, cómo no van a poder controlar el secreto bancario, qué miedo tienen. Hasta yo me puedo imaginar que viven del narcotráfico, por eso no acaban con el mercado”, desenmascarando sus intenciones. También en alianza con la Organización Mundial para las Migraciones (OIM) establecieron acuerdos para el trato de los migrantes en oposición del trato que propone la administración de Trump. En el último tratado acordado por Ernesto Samper, previo al vencimiento de su período al frente de secretaría general, propone la colaboración en el ámbito latinoamericano, según sus declaraciones “Suramérica a través de su proyecto de ciudadanía suramericana debe liderar en el mundo un cambio de concepción sobre el tratamiento de los migrantes que no puede seguir siendo regresivo, policivo o racista”.

A diez años de su nacimiento UNASUR mantiene el espíritu de su fundación manteniendo las tres agendas: en lo económico, promoviendo el desarrollo tecnológico autónomo que cambie la matriz extractiva de la región, en lo político, basada en el respeto del compromiso democrático y los derechos humanos y en lo social, trabajando en la reducción entre las brechas distributivas y entre el campo y las ciudades. La unión sudamericana se constituyó en pleno auge de gobiernos progresistas siendo su primera presidente Michelle Bachelet y su primer secretario general, el ex presidente, Néstor Kirchner, en cuyo homenaje nombraron el edificio sede en la ciudad de Quito. En el MERCOSUR, Venezuela es el único que resiste el embate neoliberal, quedó atrás la impronta que intentaron darle los gobiernos progresistas durante la primera década de este siglo cuando los estados fundadores propusieron el ingreso de la revolución bolivariana. La integración del mercado común perdió ese impulso y retoma las prácticas que fracasaron en la última década del siglo pasado.

La diferencia entre las dos agrupaciones regionales marca la diferencia ideológica que está en disputa en la región, mientras el Mercosur reproduce la matriz económica de las administraciones estales, UNASUR sigue la estructura ideológica que le dio origen, al punto que Evo Morales reconoció el trabajo de Samper expresando que su secretariado iba a ser recordado por los avances conseguidos en la región. Bolivia y Ecuador son los soportes de este bloque y Uruguay aporta en ese sentido. Luego de la presidencia pro témpore de Venezuela es el turno de Argentina y aunque quedaron atrás las reuniones que tuvo Samper con la Cristina Fernández, habrá que esperar como se desarrollan la nueva presidencia y el nuevo secretario general que aún no fue elegido entre los cancilleres de los Estados miembros, para no ceder otro espacio de resistencia.

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