Saltar el cerco

Por Santiago Alonso

Estamos viviendo una época donde la autorreferencia a la “casta” mediática es ya insoportable. No se trata de algo nuevo sino acentuado, quizás por tiempos políticos o clima de época. Los periodistas y comunicadores canjearon su título para convertirse lisa y llanamente en operadores mediáticos siendo este, al parecer, un requisito fundamental para continuar en el aire de los espacios de relevancia nacional, codearse con diputados, senadores, jueces, ser invitados a ágapes en hoteles caros, etc.

La ecuación parece sencilla: las “estrellas” de la tele y radio no pueden correrse ni un solo centímetro de los intereses del grupo de medios para el cual se trabaja. En caso contrario, les espera el ostracismo total y desarraigo.

¿Alguien conoce a algún pibe de 28 años que haya conducido las mañanas de una radio primera en audiencia y participado como columnista en un programa de tv de un canal de aire y otro de cable? Sería un espécimen imposible de describir salvo por una excepción: Diego Leuco es quien obtuvo esos lugares. Tan tremenda exposición sería muy difícil de lograr si no fuera el hijo del reconocido Alfredo Leuco, periodista con varias décadas de trayectoria. Es mucho más sencillo imaginar a un joven de la misma edad acercando su currículum a los estudios de AM 790 en la calle Mansilla para dejarlo en recepción sin siquiera pasar el blindex, lo que le daría la chance de entrevistarse con alguien.

En el 2013 comenzó el ciclo “Intratables” y allí dio sus primeros pasos a nivel masivo Jonathan Viale, descendiente directo de Mauro Viale, quien lejos de contar con el mismo estilo de su padre, buscaba no sólo mostrar “datos duros” sino repartir palos para referentes partidarios de los dos lados de la “grieta”; con el objetivo de conectar con el televidente que abreva en el discurso del “son todos chorros”. Viale había conducido durante varios años ya llegando a los treinta su programa “Animales políticos” en Radio Rivadavia. De vuelta la misma situación: es más probable pensar en un Currículum en mano de un “Juan Gómez“, que lo único que obtiene es la sonrisa de quien atiende en la puerta.

Como si se tratase de un “nuevo rico” que saca a pasear su coche de alta gama en un barrio de laburantes, Viale y Leuco son invitados al ciclo “La Cornisa” en calidad de entrevistados. La charla con Luis Majul gira en torno al contacto que mantienen los tres vía Whataspp con el presidente Macri y los “emojis” que intercambian para cruzar opiniones o chequear datos.

Todos los gobiernos tienen su “fauna mediática” que suele renovarse. En los 90 lo fueron Mariana Nannis quien daba con lujo de detalles los gastos que realizaba al momento de comprar pieles, coches y propiedades mientras los índices de desocupación llegaban al 50%.  Por su parte, Agustina Kämpfer pasó de ser movilera de C5N a conducir franjas horarias estelares y subirle o bajarle el pulgar a quienes, como ella, alguna vez no fueron conocidos. Esto se dio a los pocos meses de trascendido su romance con quien fuera Ministro de Economía de Cristina Kirchner y posteriormente Vicepresidente de la Nación, Amado Boudou. Si fuera un jugador de fútbol pasó de ser un refuerzo en el banco a ser vicepresidente de la misma institución en muy poco tiempo.

Hoy en día revistas como “Caras” y “Gente”, que muestran en sus tapas las fastuosas mansiones, autos, chacras y parejas de empresarios de medios, políticos, periodistas y modelos; gozan de excelentes ventas aún entre quienes jamás estarán ni cerca de gozar de un pasar como quienes ilustran esas portadas. Queda para un sociólogo el análisis de por que una señora de 60 años que viaja en el Sarmiento con destino a Merlo y que cobra la jubilación mínima se apura para comprar el último ejemplar. Podrían ser las mismas razones por las cuales quienes eran propietarios de un dos ambientes y sin patio salían a defender de manera enardecida los intereses de la Mesa de Enlace en el 2008, la falsa sensación de “pertenecer”.

La impresión que se tiene es que una porción gruesa de la población termina tomando discursos y realidades que le corresponden a otros. La realidad de Bartolomé Mitre, director del diario La Nación y entrevistado la semana pasada en “Los Ángeles de la Mañana” por Canal 13, debe ser muy diferente a la de buena parte de sus televidentes; aquellos que no disponen de micrófono o incluso posibilidades de llegar a fin de mes. Sin embargo es Mitre quien en esa nota marca tendencias, instala frases y luego se repiten. La imagen es casi colonial y tiene su origen en que las familias tradicionales de la Argentina (que son cinco o diez como mucho y no viven en un barrio como Recoleta o Ramos Mejía para los aspiracionales del oeste), son propietarios de los medios de producción, transporte y especialmente comunicación.

Durante el gobierno de Cristina Kirchner el conjunto de legisladores oficialistas y muchos opositores sancionaron, tras una jornada histórica en el 2009, la Ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual, Se trató de un documento que, lejos de ser perfecto, era superador de una norma que estaba vigente desde la dictadura cívico-militar. Estaba basado en diez puntos presentados por la Coalición por una Radiodifusión Democrática y planteaba la obligatoriedad de una cuota de pantalla para el cine nacional, acceso de medios cooperativos, universidades, sindicatos, grupos vecinales y organizaciones sin fines de lucro. Sin embargo, lo que verdaderamente desató la “madre de todas las batallas” fue el intento de desmonopolizar los medios que tenían infinidad de licencias, por ende, de repetidoras de discursos capaces de instalar sentido común e ideología.

Lo que sucedió con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual tras la llegada del gobierno de Mauricio Macri es ya conocido. Clarín no sólo no se ajustó a derecho sino que emprendió una estoica defensa del modelo vigente hasta ese momento.

Quedará para más adelante la vuelta de una política de medios tendiente a socializar las licencias de radios y televisión de alcance nacional. A esta altura es más que necesario este quiebre que implica que un grupo ya no tenga la propiedad casi total de la palabra. Es clave que estén repartidos y tengan diferentes concepciones, incluso que sean descentralizados y no estén obligados a estar en el endogámico Palermo para poder constituirse como empresa rentable. Dicho barrio es el vecindario más autorreferencial del país, donde FM Metro 95.1 hizo de las vidas personales de sus conductores un componente importante de la emisora.

Los “países serios” como Estados Unidos cuentan no solo con medios estatales de calidad (y de diferentes estados) sino que los que son privados tienen distintos dueños. Si esto sigue así (y también es la razón por la cual la tele sigue perdiendo televidentes frente a internet) no nos quedará otra que seguir escuchando, viendo y leyendo a los mismos de siempre.

Un ejemplo que puede servir para entender cómo está funcionando este sistema para pocos es trazar una comparación entre la recientemente inaugurada mega redacción/estudio de TN y las radios alternativas como Fribuay, FM Oeste o Lo Sigo, las cuales se vieron obligadas a cortar sus transmisiones a la medianoche debido a que se les hace imposible afrontar los valores de la factura de la luz. Esto se debe a los tarifazos que empezaron a regir en abril del 2016. Mucho para pocos y nada para muchos.

Emisoras como En Transito, FM Oriente, Diario La Ciudad de Ituzaingó, Parés TV de Luján, Canal 3 de Supercanal en Cautelar, Señal Oeste Televisión de Moreno, FM Imaginaria de Ramos Mejía y tantas otras, son fundamentales a la hora de saber qué sucede en los distritos; ya que las cadenas de llegada nacional solo le dan visibilidad a las ciudades que habitamos cuando hay crímenes o impactantes casos de inseguridad urbana.

Si ese es el retrato que hacen de quienes vivimos en el oeste el primer paso en la recuperación de la dignidad, para dejar de asistir situaciones en las que un comunicador de Canal 13 cree que Ramos Mejía y San Miguel están “mas o menos ahí nomás”; implica apagar la tele y prestarle atención a esas “otras voces”. Son aquellas que, con muchas dificultades, continúan en la utopía de seguir trabajando, construyendo una mirada local de manera incansable, conmovedora, con mucho para decirnos y con una sensación de pertenencia que no tienen ni tendrán ni los Viale, ni los Leuco. Para ellos, somos “truchos” o “barriales”, pronunciado esto último en tono despectivo. Correrlos es la consigna, saltar el cerco, ejercicio no tan sencillo pero liberador, para que dejemos de ser “hablados por otros”.

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