Nosotras podemos hacerlo: mitos y realidades de una brecha que aún no se cierra

por Florencia Dávalos

Este mes se conmemoró el Día Internacional del trabajador, se celebra el 1° de mayo en conmemoración de los llamados Mártires de Chicago, quienes fueron ejecutados en 1886. Eran sindicalistas anarquistas y socialistas que reclamaban los derechos que hoy todos/as conocemos y tenemos.  También en ese año, la organización de trabajadores Noble Order the Nights of labor logró que el sector empresarial cediese ante las demandas de los trabajadores y se establecieron las jornadas diarias de no más de ocho horas (comúnmente trabajaban de 12 a 15 horas). En ese entonces los trabajadores no estuvieron de acuerdo con lo que había impuesto el presidente de los Estados Unidos Andrew Johnson, y el 1°de Mayo los trabajadores Industriales de Chicago iniciaron una huelga que convocó a más de 80.000 trabajadores.

El conflicto se fue extendiendo y hubo más de 5.000 huelgas en simultáneo en distintos puntos de Estados Unidos. Sin embargo la fábrica Mark Cormik de Chicago no reconoció la victoria de los trabajadores y la policía reprimió disparando contra los manifestantes. Hubo muertos en ese día y los posteriores. En los días siguientes, una bomba explotó contra las fuerzas policiales. Este hecho fue conocido como “el atentando de Haymarket”. Los obreros acusados de ser los promotores del conflicto fueron llevados a juicio en 1886. Todos fueron condenados: dos de ellos a cadena perpetua, uno de ellos a trabajo forzado y cinco de ellos a muerte en la horca.

Un día histórico que fue y es aún de lucha, ya que en la actualidad, en nuestra región como también a nivel mundial los trabajadores nos encontramos resistiendo nuevamente el avasallamiento de nuestros derechos laborales por los distintos modelos económicos (que en su mayoria, responde al mismo sistema social de hoy y de hace casi 600 años ) que van estableciéndose en cada país y siempre afectan a la clase obrera. Quienes nos vemos más afectadas somos las mujeres, desde hace ya tiempo, nuestros derechos laborales no son plenamente respetados, comenzando por el más básico: el pago por nuestra fuerza de trabajo en condiciónes de igualdad.

Según un reciente informe llevado a cabo por la ONU MUJERES (2015), la brecha salarial entre mujeres y hombres a nivel mundial ha alcanzado un 24%. En nuestro país según el informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) alcanza el 27% y lo que es peor, esta situación empeora para aquellas mujeres que se encuentran en lo que mal llamamos “en negro” es decir, aquellas que tienen trabajos informales.Decimos que empeora ya que en este sector, la brecha salarial aumenta al 40%; sumándole a esto, el salario en comparación con el promedio es mucho más bajo y no hay garantía de que se respeten los derechos laborales básicos de las trabajadoras. Esta brecha representa una de las causas fundamentales de desigualdad en el mundo y al ritmo actual, incluso con todos los avances que se vieron en cuanto a la inserción de la mujer en el trabajo, se estima que esta brecha tardará 70 años en cerrar.

Cuando hacemos mención a esta problemática con la cual convivimos muchas (la mayoría) , lo primero que se tiende a decir , en un intento de deslegitimar la visibilización de una de las problemáticas que nos siguen afligiendo; es que en la mayoría de los casos se debe a falta de capacidades respecto del hombre para con la mujer, el nivel educativo o inclusive se menciona muchas veces que simplemente es una “percepción nuestra”. Obviamente la realidad y los informes realizados a nivel mundial muestran que no es  una simple percepción, la disparidad salarial en un hecho y en la realidad es la suma de 2 factores: aquellos que pueden explicarse por características observables, objetivas, y que podemos medir en relación con el mercado de trabajo, como por ejemplo: nivel educativo, cantidad de horas trabajadas, impacto de la raza o región de residencia; y después nos encontramos con aquellos factores, aquellas variables que no podemos observar tan fácilmente, aquellas que representan la disparidad «no explicada» donde ubicamos el machismo, los prejuicios, dinámicas laborales que excluyen a las mujeres, derechos inequitativos.

¿Qué pasa con nuestra educación?

La educación es uno de los factores que vemos contemplado en lo que llamamos variables observables para explicar la brecha. Sin embargo, abriendo cualquier estadística podemos ver que uno de los avances más significativos para las mujeres en el último siglo es el acceso a todos los niveles de educación. Actualmente a nivel global, ellas superan a los varones en las tasas de asistencia y graduación universitaria, hay 93 chicos por cada 100 chicas estudiando en la universidad, nos revela un estudio reciente de Yale. Las millenials han ingresado al mercado laboral en la última década con más y mejor educación que sus madres, y abuelas, incluso que muchos varones de su edad. En la Argentina, según estadísticas del Ministerio de Educación las mujeres representan el 48,6% en el 1º año; son el 49,2% en 2º; el 51,1% en 3º; el 52,2% en 4º; el 54,2% en 5º; y el 55,6% en el 6º y último año de estudio de la escuela secundaria. En el mismo sentido, mientras el 51,2% de la matrícula de todo el nivel son mujeres entre lxs egresadxs, ellas representan el 58,1%. En cuanto al nivel de educación superior, las mujeres representamos el 57% de lxs estudiantes universitarios y también el 60% de quienes se gradúan.

Si los datos que tomamos de cualquier estadística realizada muestran que estos factores, teniendo en cuenta el nivel de inserción y de estudio de las mujeres, no influyen o ya no son importantes a la hora de explicar esta brecha (no significa que en casos aislados si lo sean), ¿qué es lo que hace que las mujeres cobremos menos realizando el mismo trabajo que los hombres? Si bien podríamos mencionar otras variables objetivas como raza o región, la raza ya es algo que para nada influye hoy día en nuestro país (sí en otros países como por ejemplo: Estados Unidos), y respecto a la región, si cabe destacar que en nuestro país tenemos provincias en las cuales la brecha salarial alcanza más del 30%, pero no se ha avanzado mucho en cuanto a estadísticas más que esta que mencionamos. Por lo tanto acá es donde nos encontramos con la variable no explicable, aquella con la cual convivimos pero es difícil de ver ya que no es posible medirla.

Cuestión de Género

Recientemente se viralizó en todos los portales de noticias, tanto nacionales como internacionales, una entrevista de Robin Wright para la revista The Edit, en la cual la protagonista de House of Cards contaba como exigió a la plataforma Netflix que le pagaran lo mismo que a su compañero Kevin Spacey (Frank Underwood, su marido en la ficción). La actriz argumentó su reclamo en base a estadísticas que encontró, en la cual se mostraba que su personaje como Claire tenía la misma popularidad – y por momentos era más popular inclusive- que el de Frank. “Hay muy pocos programas o películas en los cuales el hombre y la mujer aparecen como iguales, y ellos lo son en House of Cards”, agregó Robin. Según la revista Forbes desde hace años, en relación al salario de su compañero, se viene dando esta diferencia. En 2014, el año en que la actriz ganaba un Globo de Oro por su papel como Claire , Spacey ganaba 500.000 dólares por episodio, y ella unos 80.000 menos que su colega. Cabe destacar también, que la actriz no solo protagonizaba el papel de Claire, sino que también ha dirigido episodios y es productora ejecutiva de la serie. Si bien sus reclamos, junto al de otras estrellas de Hollywood como Jennifer Lawrence, Patricia Arquete, Charlize Theron o Meryl Streep sirvieron para poner en la agenda pública el debate de la brecha salarial, están muy lejos de representar lo que realmente viven muchas mujeres en los Estados Unidos. Según datos oficiales del Censo de los Estados Unidos difundidos por la Casa Blanca, las mujeres blancas – que representan casi la mitad de la fuerza de trabajo– por cada dólar que gana un hombre, ganan 79 centavos por el mismo trabajo. Y Lo que es peor, esta brecha se amplía mucho más incluso entre pares mujeres si lo comparamos con el salario que hoy día están recibiendo las mujeres negras (afroamericanas), que son 64 centavos por cada dólar y por cada 79 centavos que cobra una mujer blanca,; y por último el caso de las latinas que solo cobran 56 centavos. Lo que significa que la brecha incluso existe entre el mismo género.

Tomando como ejemplo el caso de los Estados Unidos, Blau y Kahn en enero del 2016 muestran en un trabajo sobre la brecha salarial de género en ese país (The Gender Wage Gap: Extent, Trends, and Explanations) que, como ya se ha dicho, a diferencia de hace veinte años atrás la educación a nivel mundial ha dejado de ser un factor importante a la hora de explicar la brecha salarial; que como podemos ver hoy día, las mujeres estudian más y llegan a niveles educativos más altos. Sin embargo lo que si sirve como variable para explicar porque ganamos menos respecto a lo educativo es el tipo de trabajo que realizamos, es decir que carreras tendemos a elegir. Hay trabajos en los cuales existe una sobre representación del sexo femenino por sobre otros en los cuales apenas participan; las mujeres tienden a incorporarse en mayor número a profesiones y ámbitos peores pagos, y a estudiar carreras que las conducirán a este tipo de trabajos. Si bien esto no es una discriminación directa por parte de los empleadores, sí es consecuencia de una discriminación estructural que se remonta a la educación que recibimos en la niñez.

Todas fuimos alguna vez víctimas en principio de lo que hasta el día de hoy llamamos  “juguetes para nenas/juguetes para nenes” y aunque parezca que no, influyen y mucho. Comúnmente cuando vamos a cualquier juguetería y el empleado nos pregunta que estamos buscando o para quien estamos buscando, parece ser que inmediatamente al referirnos al sexo del/la niñx asumen lo que deberíamos comprarle y entonces nos inundan con set de cocinas, set de maquillajes, zapatos de princesas, barbies enfermeras, veterinarias, maestras si es una nena y tractores, set de construcción, pelotas de futbol, etc. para el nene. La realidad es que ni las mujeres nacemos para enseñar, cuidar o ser amas de casa, ni los hombres nacen para construir, dirigir empresas, ser jugadores de futbol, etc; es algo que como vemos tanto en la educación por parte de los padres, como en la cultura en la que vivimos se naturaliza. Para demostrar esto en números podemos ver como hoy en día las mujeres son el 90% de las enfermeras y más del 80% de las maestras, otro empleo famoso por ser de “mujeres” es el de secretarias donde representa casi el 60%, en otros ámbitos como agricultura y transporte solo representan un 24% en ambos trabajos, en la minería (13%), en construcción (12%) y en la industria manufacturera (9%). Uno de los trabajos mejores pagos hoy es el de ingeniería y computación donde más del 80 % de los trabajadores está representado por varones.

Techos que no se rompen

Otro factor muy ligado a este, es la falta de representación de la mujer en los puestos de poder o decisión, como explica la economista Mercedes D’alessandro es vital contar con esta representación, ya que una forma de dar respuesta a todas estas demandas es canalizarlas por este medio, “En las cúpulas sindicales argentinas la gran ausente es la mujer y, con ella, también están ausentes las disputas por el pago igualitario, protección de la maternidad, licencias por violencia de género, espacios para la lactancia, jardines maternales en lugares de trabajo, etc.”. La OIT señala que solo el 5 por ciento de los puestos directivos de sindicatos y organizaciones de trabajadores están ocupados por mujeres.”A pesar de que las mujeres están en promedio más educadas que los varones, están aún  lejos de constituirse como una mayoría en los cargos jerárquicos. De acuerdo a la OIT (2015), las mujeres solamente representaron un 35,1% de los puestos laborales de niveles alto y medio en 2012. A ello se suma que aquellas que alcanzan puestos gerenciales, usualmente lo hacen en sectores peor pagos, como Servicios administrativos o Recursos Humanos (Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, 2014)” 

También en un artículo presentado en conjunto con Aldana Vales y Andrés Snitcofsky, nos presenta la realidad Argentina y el famoso techo de cristal que existe aún en 2017 “Hoy las mujeres son el 31% de los trabajadores totales en los cargos que componen la estructura orgánica y autoridades del poder ejecutivo nacional, sin embargo, hay solo 3 mujeres en los 23 cargos de primera línea (ministerios, gabinete y cancillería); es decir, apenas el 13%. En esta capa también hay más egresados del colegio Cardenal Newman que ministras (…) El 17% de las secretarías y el 29% de las subsecretarías del gobierno están conformados por mujeres. Las directoras nacionales son el 38%. Algo similar ocurre en otras áreas. Según la carta orgánica del BCRA el directorio está integrado por 10 directores y 2 síndicos. Actualmente los directores son todos varones, el síndico también y la única excepción es la sindicatura adjunta representada por una mujer. De todos los presidentes del BCRA solo una fue mujer, Mercedes Marcó del Pont, y hubo solo dos directoras. Sin embargo, el cuerpo de asesores goza de una representación del 47% y las secretarias son el 97% conforme fuentes oficiales del BCRA. Por algún misterioso motivo (que no se explica por su educación o capacidad) quedan relegadas a asistir a varones”

Recientemente hubo críticas unificadas en las redes sociales, respecto a un tweet del actual primer mandatario argentino en el que comentaba @mauriciomacri: “tuvimos una nueva reunión de gabinete en la Casa Rosada”, seguido de una foto en la cual como podemos ver claramente, las mujeres no formamos parte.

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Cabe mencionar que en los estudios de género denominamos techo de cristal a la limitación  del ascenso laboral de las mujeres al interior de las organizaciones. Se trata de un techo que limita sus carreras profesionales, difícil de traspasar y que les impide seguir avanzando. Este techo es invisible, no existen leyes o dispositivos sociales establecidos y oficiales, que impongan una limitación explícita en la carrera laboral a las mujeres pero lo que sí existe son factores, elementos que ayudan bastante a explicarlo, lo construyen y lo refuerzan. Uno de los factores para explicarlo en buena parte, es la maternidad, hoy en día ser madre y formar una familia sigue siendo para la mujer uno de los mayores obstáculos para desarrollarse profesionalmente o académicamente, entre otros. Esto es así ya que existe una naturalización del rol de la mujer como madre y encargada de los cuidados de lxs niñxs y del hogar, tareas que demandan tiempo y requieren de esfuerzo extra para poder compatibilizar con otras tareas. A nivel mundial el tiempo que destinan las mujeres y los hombres a las tareas domésticas es sumamente desproporcional: la participación total de los varones en el trabajo doméstico no remunerado, es del 24 % y la de las mujeres 76 %. Esto no solo significa que hay mujeres que disponen de menos tiempo para estudiar, formarse, trabajar, etc. Sino que también demuestra que hay mujeres que, o deben aceptar trabajos más flexibles o de menos horas (precarizados, por lo tanto peor pagos) o deben enfrentar una doble jornada laboral dentro y fuera del hogar. Para finalizar, no solo cabe mencionar este obstáculo únicamente como un legado cultural, sino también alentado por parte de la legislación, de las políticas públicas o mejor dicho de las “no políticas públicas”: en la actualidad la legislación establece para la mujer una licencia maternal de tres meses (junto con posibilidades de extenderla), mientras que para los varones solamente están previstos dos días de licencia. Estas medidas direccionan al sentido común a pensar que las tareas del hogar y los cuidados son tareas específicas de las mujeres, que aquellos hombres, que se sientan con deber de participar (que deben hacerlo), no cuentan con el amparo de políticas, de leyes por lo tanto se ven obligados a seguir siendo participes únicamente de sus responsabilidades fuera del hogar.

Estos son solo algunos de los factores influyentes en la construcción y sostenimiento de la brecha salarial que padecemos desde años las mujeres respecto a los hombres, pero así también existen infinidades, como ya mencionamos, de valores culturales y subjetivos que funcionan como barreras para el crecimiento en la carrera profesional de las mujeres. Los “micro” machismos, como por ejemplo: los que se expresan en prejuicios y estereotipos de género, con los cuales convivimos día a día todas las mujeres, en nuestros puestos laborales. Para mencionar solo algunos: asociar asensos laborales a posibles relaciones sentimentales/sexuales con el empleador, asociar nuestra capacidad laboral a lo emocional lo cual impide que tomemos funciones de liderazgo, relegarnos a trabajos a los cuales no nos postulamos y que son de menor rango, simplemente por la posibilidad de que en un futuro seamos madres .

A pesar de que resulte difícil la tarea de  lograr cerrar esa brecha, no es una utopía, existen países que lo han demostrado, son los casos en primer lugar de los países nórdicos como Islandia o Suecia, que cuentan con casi un 50% de participación femenina en el parlamento,; también con licencias para padres, y con una posibilidad de participación y oportunidad en la economía de casi un 80% (mujeres) y 83% (hombres) , un porcentaje que supera a los varones en cuanto al alcance de niveles de educación primario, secundario y terciario (99% participación) . Por lo tanto, no es imposible; es necesario un compromiso por parte tanto de los gobiernos como de la sociedad de terminar con los roles de género que se siguen reproduciendo y plantear desde las cúpulas de poder políticas  que contemplen a las mujeres dentro de la economía, y los problemas que las afligen, para así poder llegar a todas y romper con esta brecha que hoy padecemos. Representamos poco más del 40% en el mercado laboral, por ello necesitamos discutir estas desigualdades, necesitamos una nueva economía con perspectiva de género, y sólo así vamos a poder hacer de los 1° de mayo, realmente una fecha no sólo de conmemoración sino también de celebración para las trabajadoras.

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