Deuda externa, desarrollo y subtrenmetrocleta financiera (1ra parte)

Por Lautaro Perez

… prestarás entonces a muchas naciones,

mas no tomarás prestado;

tendrás dominio sobre muchas naciones,

pero sobre ti no tendrán dominio

Deuteronomio, 15:6

El empréstito Baring Brothers

En 1824 el ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores de Buenos Aires, Bernardino Rivadavia, negoció un empréstito con la compañía bancaria de Londres, Baring Brothers, por el monto de un millón de libras esterlinas. La garantía del préstamo fueron las tierras de la provincia de Buenos Aires. Los fondos solicitados debían ser utilizados para la construcción del puerto, el establecimiento de pueblos, y la fundación de tres ciudades sobre la costa hasta el pueblo de Carmen de Patagones.

Descontadas las comisiones de los seis gestores, dos de los cuales eran ingleses, los gastos de emisión y varias cuotas adelantadas, llegaron finalmente a la provincia sólo 570.000 Libras, en su mayoría, en letras de cambio a canjear en las casas de cambio de los mismos que fueron a gestar el préstamo. Ninguna de las obras previstas se realizó con ese dinero, que fue entregado al Banco de Descuento para que diera créditos a sus clientes, a intereses mucho más bajos que los que pagaba la provincia por ese capital.

El empréstito se terminaría de pagar ochenta años más tarde en 1904 durante la presidencia de Manuel Quintana. Scalabrini Ortiz, dijo que la suma total pagada fue de más de 23 millones de pesos fuertes.

De los 13 empréstitos al fin del siglo XIX

Luego del primer préstamo solicitado a Baring Brothers, entre 1862 y 1886, el país contrajo 13 empréstitos por un total de 207 millones de pesos fuertes. 35 de esos millones fueron de comisión para contraer los créditos.

Nicolás Avellaneda, presidente de la Nación entre 1874 y 1880, decía: “La República puede estar dividida hondamente en partidos interiores, pero no tiene sino un honor y un crédito como solo tiene un nombre y una bandera. Hay dos millones de argentinos que economizarían hasta sobre su hambre y su sed para responder a los compromisos de la fe pública ante los mercados extranjeros“.

Con el gobierno de Roca, ya resuelta la existencia de un Estado Nacional y la capitalización de Buenos Aires, se procuró en 1881 crear un sistema monetario nacional, prohibiéndose la de monedas extranjeras. A fines de 1883 se estableció el patrón oro y se aseguró el reemplazo de los billetes en circulación por nuevos. La base de ese sistema no eran, sin embargo, auténticos ahorros acumulados sino el oro que se pensaba que iba a entrar por empréstitos financieros, lo que mostraba su fragilidad.

Desde principios de la década del 80, gracias a estas medidas, se reanudó la corriente de capitales, compuesta de inversiones directas y sobre todo de empréstitos de una magnitud considerable. Esto produciría, ya en 1885, una crisis que obligó a abandonar el patrón oro y la convertibilidad. Desde entonces existieron dos monedas, el peso que servía sólo para las transacciones internas y el oro o la libra esterlina que se usaban en el comercio internacional.

En 1890, ante la crisis financiera, Juárez Celman deja la presidencia y asume su vicepresidente Carlos Pellegrini. Antes de tomar el mando, Pellegrini acuerda con un conjunto de banqueros un préstamo por 50 millones de pesos para enfrentar la quiebra inminente del Banco Nacional, del Banco Hipotecario y del Municipal. Finalmente esos fondos no se usaron para ese propósito, sino que se enviaron directamente a Londres para evitar la quiebra de la Baring Brothers.

Igualmente Pellegrini seguía precisando que le presten para el rescate de los bancos. Entonces, fue a pedirle a Junius Spencer Morgan, padre de John Pierpont Morgan, fundador de la financiera JP Morgan. El préstamo fue de unos 75 millones de pesos en moneda nacional. Parte de esa nueva deuda se usó para pagar compromisos impagos de anteriores empréstitos. En 1893, el Ministro de Hacienda Dr. Juan José Romero decía: “pagar las deudas con más deudas es caminar en derechura hacia la bancarrota”.

La situación al terminar el siglo no podía ser más comprometida. La deuda externa de la Nación era de 884.222.743 pesos moneda nacional. Los ferrocarriles eran ingleses, también los bancos más importantes, controlaban la mayoría de la escasa industria, y los empréstitos los otorgaban casi exclusivamente ellos.

Endeudamiento y desendeudamiento

El inicio del nuevo siglo no muestra demasiadas variaciones en el endeudamiento externo, con respecto al anterior, sino que se mantiene en valores con cierto equilibrio debido a que se continúan pagando puntualmente los intereses.

La Ley Sáenz Peña estableció el voto universal secreto y obligatorio para los ciudadanos argentinos, nativos o naturalizados, mayores de 18 años de edad. Esto aparentaba revertir el carácter fraudulento que revestía a las elecciones. Hasta ese momento sólo los hombres podían elegir a los representantes ya que los inmigrantes eran excluidos por no acceder a la condición de ciudadanos, cuando en algunos casos llegaban a representar el 60 % de la población de las provincias. Años más tarde, el peronismo vendría a saldar la brecha del otro 50% de la población, las mujeres, que no podía votar hasta ese entonces.

Con la asunción de Yrigoyen de la UCR (Unión Cívica Radical) en 1916, tras derrotar al PAN (Partido Autonomista Nacional) de corte conservador/oligárquico, partido que había manejado las riendas del país por 42 años. Se acentuó la baja de los montos de la deuda externa hasta llegar al fin de su presidencia a la suma de $535.734.657, realizando una reducción de 350 millones. Durante su presidencia se cortaron abruptamente los fines para los cuales se destinaban los créditos, si bien no puede hablarse de un cambio económico realmente significativo en este tema, la idea del endeudamiento pasa a ser otra. Yrigoyen se propone pedir dinero para destinarlo a la explotación de las reservas de petróleo de Comodoro Rivadavia, la creación de una marina mercante y la constitución de un Banco Agrario; es decir, crear riqueza y no dedicar el dinero a aventuras especulativas, o a nuevas refinanciaciones destinadas a enriquecer a los capitalistas extranjeros que operaban en el país.

El mayor problema de Yrigoyen estuvo en el Senado, controlado por los resabios del ya disuelto PAN. La cámara alta se encargó de bloquear la mayoría de los proyectos presidenciales. Pero a pesar de todo se pretendió llevar adelante una política distinta, donde se pondría el acento en el capital nacional. Su gobierno fue una excepción a esa vieja concepción política del sometimiento, de allí surge como la figura más rutilante de este proyecto YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales) que tuvo como aporte del gobierno la suma de 8 millones de pesos, habiéndose financiado casi exclusivamente con el petróleo que extraía.

La prudente política de endeudamiento externo de Yrigoyen es alterada por su sucesor, Marcelo Torcuato de Alvear, perteneciente al mismo partido. Alvear, en su gobierno, duplica la deuda externa hasta llegar a la suma de 1.111 millones de Pesos. En 1928 retorna Hipólito Yrigoyen a la presidencia, pero ya desgastado y sin mucho apoyo popular se inicia el primero de una larga serie de golpes de estado en el país.

Primeras conclusiones

Durante estos períodos se encuentra al sector agroexportador (los terratenientes) como el sector monopólico, el cual dirigió las actividades económicas para cumplir con sus intereses. Este sector mantuvo su preponderancia en el escenario económico durante todo el modelo.

Una de las características más destacadas de esta elite fue la señalada por Hugo Nochteff en el texto “El desarrollo ausente”. El autor indica que durante este período la Argentina gozó de una oportunidad como pocas para poder transitar un sendero de desarrollo, pero la conducta adoptada por los empresarios (terratenientes) limitó estas posibilidades. El empresariado aprovechó la posibilidad que se le presentó para obtener rentas considerables que luego no fueron reinvertidas en busca de mejorar el sistema productivo, sino que por el contrario tomaron la actitud de gozar de las ventajas mientras duraron, y una vez acabadas las mismas se terminó la prosperidad. En términos de Nochteff esto se considera como el “aprovechamiento de una opción blanda”. Esta característica se convirtió en un rasgo distintivo de los empresarios argentinos en posteriores períodos.

Argentina pudo gozar de las ventajas comparativas de la región Pampeana por la productividad de las tierras anexadas, lo cual fue acompañado por un cambio tecnológico producido en Europa. Dicho cambio hizo que disminuyeran los costos de los fletes, mejoraran los procesos de enfriamiento de carnes, creciera el ahorro en el viejo continente y aumentara la demanda de alimentos desde esa región. De esta manera el país acompañó el crecimiento económico europeo con su proyecto agroexportador.

Esta situación no se mantuvo a largo plazo, ya que no fue acompañada por un desarrollo de ciencia y técnica acorde a las circunstancias, no se reinvirtieron las ganancias para poder obtener luego mayores utilidades ni tampoco se buscó el desarrollo institucional ni tecnológico que hubiera sido necesario para prolongar el crecimiento. Por eso cuando se acabaron las ventajas transitorias la economía terminó estancándose y el crecimiento liderado por este sector se detuvo.

El sector estatal estuvo muy ligado al desarrollo del sector monopólico, en la medida en que planificó un proyecto de país que incluía como principal actor a los terratenientes. Luego de la llegada de los radicales al poder esta situación cambió, en la medida en que el sistema político paulatinamente era presionado socialmente para responder a los sectores medios y ya no respondía solo a los intereses de los terratenientes, incluyendo a los sectores medios de la sociedad argentina en el proyecto de país, fundamentalmente por la modificación dada por la Ley Sáenz Peña.

La mano de obra (a la cual se sumaba el grueso de los inmigrantes) vivió en condiciones de subsistencia y no experimentó importantes mejoras, es decir que la distribución del ingreso se tornó regresiva y las ganancias eran obtenidas por los poseedores de la tierra.

Si bien las condiciones políticas y sociales se fueron modificando, con la llegada de la UCR al poder, no sucedió tan en profundidad con estructura económica, la cual sólo presentó algunos cambios luego de la primera guerra mundial donde aparecieron algunas fábricas y una naciente industria.

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