La revolución es algo más que un inmenso libro rojo

Por Juan Manuel Erazo

Un joven que pasó por una movilización de la derecha venezolana fue confundido con un chavista. Como consecuencia fue linchado entre decenas de personas, prendido fuego, y luego linchado nuevamente. Postal de la barbarie, que no es indígena o negra, es la barbarie que viene de afuera. Como decía Ernesto Guevara, “es la naturaleza del imperialismo la que bestializa a los hombres, la que los convierte en fieras sedientas de sangre, que están dispuestas a degollar, asesinar. Bestias fueron las hordas hitleristas, como bestias son los norteamericanos hoy.”

La derrota categórica de la organización de clases subalternas que supuso el avance del neoliberalismo a escala global durante la década del ´80 y ´90, sumado a la caída de la Unión Soviética y el “socialismo real” como alternativa al capitalismo, fueron elementos que condujeron a algunos aventurados a hablar del “fin de la historia”. Evidentemente todavía quedaban páginas en blanco, y la Revolución Bolivariana se transformo en el “hecho maldito” del mundo globalizado.

Las derechas latinoamericanas y el imperialismo mastican odio hace más de una década ¿Por qué se transformó profundamente la matriz productiva del continente a favor de las grandes mayorías? ¿Por qué se afectaron seriamente sus intereses? Apenas se les tocó el bolsillo, pero fue suficiente para mostrar los dientes. La ofensiva popular de finales del siglo XX en América Latina, seguida del ciclo progresista de gobiernos, demostró que aun de sus cenizas puede nacer la esperanza de un mundo mejor.

Si cayera la Revolución Bolivariana, no sería solo un mero cambio de gobierno, una derrota más. Implica la pérdida de un horizonte estratégico y transformador en nuestro continente; implica el comienzo de una escalada de “revanchismo de clase”, con persecuciones, asesinatos, desapariciones, exilios; implica el aislamiento definitivo de otros procesos a escala regional como lo es el boliviano o el ecuatoriano; implicaría quizás la subordinación al “clima de época” de movimientos políticos y sociales que dejen de ver la democracia radical, protagónica y transformadora como una vía hacia la liberación nacional;implica una nueva derrota de la clase trabajadora en una etapa del capitalismo global con masas literalmente excluidas del goce de derechos fundamentales.

En pocas palabras, si cae el proceso bolivariano, si cae Venezuela, se viene una noche muy oscura.

La revolución incómoda

Si después de décadas de hambre y exclusión sistemática y planificada se pretende que los procesos transformadores que apelan al protagonismo de lo plebeyo no contengan dentro de sí miserias y contradicciones, es porque es preferible leer la lucha de clases en el 18 Brumario de Luis Bonaparte y no en la realidad práctica y tangible. No por esto se debe creer que la contradicción en sus términos más negativos (corrupción, burocracia, etc.) no deba ser día a día profundamente cuestionada y erradicadas lasprácticas que no hacen más que corroer el tejido social, ya de por sí desgastado. Nada más alejado de la de la emancipación que considerar a la corrupción como hecho inherente de la realpolitik.

Escribe el sociólogo, periodista y militante Marco Teruggi desde Caracas: “Estar dentro de la trama popular permite comprender las costuras finas de una cultura política, la formación de los cuadros altos y medios, la gestación y consolidación de las tramas burocráticas, todo el dinero que fue invertido y no logró plasmarse en obras finalizadas, operativas. Porque fue mucho. Cerca del pueblo por ejemplo están los cimientos de lo que iba a ser el matadero más grande del continente. La plata llegó y todo quedó a mitad de camino, botado en el monte como dice un compañero.”

Críticas aun más fuertes se han leído en comunicados de más de una organización que hoy en día se declara más chavista que antes. Porque como bien decía Fidel Castro, “dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada.” Las críticas se hacen sabiendo de qué lado de la vereda nos pone la historia.

No nos unió la revolución, sino el espanto

La reciente carta abierta titulada “Llamada internacional urgente a detener la escalada de violencia en Venezuela” firmada por un número considerable de intelectuales y acadadémicos puso en debate el rol de estos en los procesos de liberación, más aun cuando estos incomodan. En primer lugar, y es necesario destacarlo, el insulto fácil no es la mejor forma de dar la batalla de ideas, menos cuando el número de “convencidos” es escaso y se sabe que no alcanza para combatir el sentido común reaccionario. Siempre será más inteligente la paciencia estratégica y dar el debate, sobre todo si ese intelectual se considera “de izquierda” o “nacional y popular”.

Ahora bien, la posición adoptada pasar por el filo riguroso de la historia. En primer lugar, el filosofo y teórico marxista Antonio Gramsci ha conceptualizado sobre el rol de los intelectuales en pos de lograr una interpelación sobre su función social, su relación con la producción material, su necesaria ruptura con la concepción tradicional del término: “el problema de la creación de un nuevo grupo intelectual consiste en elaborar críticamente la actividad que existe en cada uno en cierto grado de desarrollo”.

Hay una relación dialéctica entre el grado de conciencia de clase de los sectores subalternos, y el rol crítico y practico de los grupos intelectuales. Esto requiere una ruptura con el modelo intelectual a la europea, el intelectual absoluto, que todo lo sabe y de todo puede opinar. Como bien dice la (contra) declaración titulada Respuesta al comunicado de intelectuales contra el proceso bolivariano de Venezuela y firmada por intelectuales de la talla de Adolfo Pérez Esquivel, Atilio Borón y Ana Esther Ceceña, por solo citar algunos:En nuestra opinión, ignorar la dimensión de este proceso lleva a análisis superficiales que intuyen derivas autoritarias, presuntos autogolpes, o militarizaciones ociosas de la clase política de los gobiernos latinoamericanos. Siempre bajo la óptica de intelectuales propensos a describir “déficit” de democracia por estas latitudes, siempre con la vara de concepciones eurocéntricas y pretendidamente universales sobre lo que ha de ser lo democrático.”

Cuando Walter Vezza, sindicalista y militante peronista de base habla sobre el 17 de octubre recuerda: “Te cuento una anécdota: estaba parado en la esquina de Caseros y Rioja mirando a los miles de personas desfilar y estaban unos dirigentes del PC que tenían un local en la calle Grito de Asencio. Uno de ellos le dijo al otro: ‘y… ésos son los fascistas’. Es decir que lo que pasaba por la calle desfilando, sudoroso, sucio, medio muerto de hambre, el proletario explotado, eran los fascistas”. Un relato de tantos que expresan el momento casi exacto donde se produce el divorcio entre el barro de la historia, y la izquierda académica y eurocéntrica, una separación que a lo largo de la historia le costara caro a la lucha de la clase trabajadora argentina.

Por otro lado, la carta abierta levantada con suma alegría por el portal Infobae carece justamente de todo rigor científico y/o periodístico, basándose más en el sentido común generado por los grandes monopolios mediáticos que en los testimonios de periodistas, académicos y militantes que viven dentro del proceso venezolano día a día. La guerra de cuarta generación implementada contra el chavismo cuenta consta de cuatro etapas: guerra económica, guerra paramilitar, guerra diplomática y guerra mediática. La excesiva cantidad de titulares que utilizan términos como “régimen” o “dictadura” contra un gobierno democrático son elementos que lo demuestran. Pero en vez de pensar en México, donde matan periodistas casi todos los días y funciona un narco Estado; o en Colombia se implementan métodos de las dictaduras setentistas contra la militancia; o en Brasil donde se reprime a quienes protestan contra un presidente de facto probadamente corrupto; en vez de pensar en cualquier otro lugar del mundo donde se comete una injusticia, no se hace, antes se piensa en Venezuela. Cualquier habitante de los núcleos de buen sentido diría que esa carta responde a una estrategia de la Embajada Norteamericana, pero lo más triste es que no. Se trata de puro academicismo liberal.

¿De qué sirve en definitiva esa carta abierta? La preocupación sobre el excesivo uso de la fuerza pública con grupos paramilitares moviéndose en las fronteras, “guarimbas” bien organizadas en zonas urbanas, asalto a cuarteles, francotiradores contra la Guardia Nacional, es por lo pronto motivo de análisis profundos. Pero realmente ¿De qué sirve? ¿Qué aporta al pueblo bolivariano que resiste tal vil arremetida?

Mientras tanto el chavismo arremete con política, el llamado a una Asamblea Constituyente avanza (más democrático que eso es la polis idealizada), gana lugar en la ONU con la vicepresidencia de la 1ra Comisión del 72 periodo de sesiones y la presidencia de la Comisión de Descolonización. El chavismo resiste, como corriente política latinoamericana; y se libera día a día de la eterna tutela conceptual europea y anglosajona. Es original y fuente, no calco ni copia.El chavismo es una opción revolucionaria. El chavismo es una opción plebeya. El Chavismo es incomodidad, una maravillosa incomodidad.

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