Brasil: el laboratorio para gobernar sin pueblo

Por Daniel G. Rossetti

A la destitución de Dilma, se le suma la reforma laboral y la condena a Lula. Estas acciones muestran el interés de la oligarquía brasileña por acaparar todos los ámbitos de decisión estatal. La inestabilidad de Michel Temer en su cargo es la prueba contundente que el rumbo político está decidido, más allá de quien pueda gerenciarlo con la única condición de que el pueblo no opine sobre los negocios corporativos.

…oculta y a la vez revela la gran aspiración de la oligarquía:

gobernar sin pueblo, es decir, sin división del pueblo, gobernar sin política.

Jaques Ranciere, “El odio a la democracia”

 El neoliberalismo no está dispuesto a dejar heridos, la aniquilación del enemigo populista debe ser total. La continuidad del proceso político institucional en Brasil muestra claramente que los sectores corporativos no pretenden dividir las ganancias con los sectores populares, su único interés es reproducir el nuevo orden global, donde el uno por ciento de la población tiene la misma cantidad de riquezas que el otro noventa y nueve por ciento. Al asumir Dilma Rousseff su segundo mandato intentó, aún frente al rechazo de muchos de sus compañeros del Partido de los Trabajadores (PT), sostener una alianza estratégica con los sectores del poder económico-financiero-terrateniente, pero la exigua diferencia conseguida en la segunda vuelta envalentonó a los representantes parlamentarios de las corporaciones e iniciaron el proceso de destitución.

No importó que no hubiese pruebas por corrupción en contra de la presidente destituida, para lograrlo, se avanzó sobre un tecnicismo en el uso de partidas presupuestarias (temas que ya hemos tratado con mayor detalle en ediciones anteriores de Primera Generación). El objetivo era y es tomar las decisiones ejecutivas sin ningún tipo de debates o retrasos sobre los planes que se había propuesto la oligarquía. Pero los procesos políticos tienen también vida propia y la jugada de las corporaciones dejó al descubierto a todos sus representantes implicados en los casos de corrupción. Los que hoy están procesados, imputados y condenados pertenecen al grupo de legisladores que iniciaron el proceso de destitución de Dilma. Y los ideólogos que ordenaron la operación destituyente, no tienen intenciones de sostener a Michel Temer frente al pedido de juicio político iniciado por los referentes del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) con Fernando Henrique Cardozo al frente nuevamente. Las denuncias de corrupción que lo acorralan seguirán su curso, la función para la que fue designado, ya está cumplida; lo que falta, si no lo hace Temer, alguien más lo hará.

Los sectores del poder fáctico, verdaderos hacedores de esta coyuntura provienen de las estructuras coloniales; lo que en el siglo XIX se conoció como la política del “café con leche”, por el poder económico que se concentraba en manos de los esclavistas cafetaleros y los hacendados con sus ganados, hoy se transformaron en las “tres B”. La primera “B” referencia al Buey, por la influencia que ejercen los sectores agropecuarios-terratenientes, la segunda por la Balas que están dispuesta a poner en servicio los sectores militares, mientras que la tercera es por la Biblia, en alusión del poder que tienen las nuevas iglesias evangélicas, como formateadores de opinión. El sector de las “tres B” ya tiene candidato, Rodrigo Maia, el presidente de la cámara de diputados, que otrora fuera fiel aliado de Temer, ya se prueba el traje de presidente de facto.

En el mes de julio se aceleraron las medidas contra los sectores populares. El miércoles 12 el ex presidente Inacio “Lula” Da Silva fue condenado a nueve años y medio de prisión e inhabilitación a ocupar cargos públicos por diecinueve años. A catorce meses del obligatorio llamado a elecciones, el candidato con mayor intención de votos y posibilidades de llegar a la primera magistratura brasileña en primera vuelta electoral intenta ser eliminado de la vida política. Lo que no se logre por los votos, se logrará con las instituciones afines. El juez en primera instancia Sergio Moro culminó, con un fallo lleno de especulaciones, la persecución que iniciara en septiembre de 2016, apenas derrocada Dilma y cuando la imagen del dirigente petista crecía en las esperanzas de los sectores postergados.

Desde la dirigencia del PT calificaron la sentencia del Juez Moro como un relato de ficción, más que una pieza jurídica. A la falta de pruebas, el magistrado las reemplazó por especulaciones que se basan en declaraciones de algunos testigos, útiles para los fines. Porque los que no correspondían con las necesidades del fallo, que parece pre escrito, como las de Emilio Odebrecht que negó haber tratado con Lula, pero si con Fernando Henrique Cardozo, no fue tenida en cuenta por el Ministerio Público Fiscal. El fiscal Deltan Dallagnol, reconocido feligrés evangélico, llevo adelante la investigación y la acusación la organizó en base a la propiedad de un triplex en el balneario de Guarujá, del cual no hay ninguna evidencia que le pertenezca o al menos lo hayan habitado ni él ni su compañera, Marisa Leticia Rocco da Silva. Tanto el juez como el fiscal están convencidos de que hubo corrupción, y con eso basta para condenarlos. El derecho moderno, basado en evidencias y resoluciones ajustadas a normas racionales, sucumbió ante arbitrariedades propias del medio evo

La sentencia lo responsabiliza de corrupción pasiva, sentenciando a Lula como jefe de una banda que usó al gobierno como estructura para enriquecerse. El principal referente político niega todas las imputaciones y sostiene su candidatura para el año próximo. La posibilidad de presentarse como candidato necesita de un fallo en segunda instancia para que sea descartada. En tanto esto no suceda, Lula dará la batalla del lado de los sectores populares que confirmaron su apoyo, saliendo a las calles en repudio de la decisión de Moro y Dallagnol.

La ciudadanía carioca en las calles se manifestó no solo en rechazo de las arbitrariedades del poder judicial, también reclaman “elecciones YA”, como lo vienen haciendo desde que se perpetró el golpe contra Dilma. En declaraciones recogidas durante la manifestación del 12 de julio, por “Brasil de Fato” medio surgido del foro Social Mundial y de los pocos que están por fuera del oligopolio O Globo, Adela Viera Da Silva, una funcionaria pública de 60 años reconoce la operación, “(Moro) es un juez que actúa con parcialidad y que preserva a algunos investigados”. “A lo largo de todo el proceso, él demostró que su blanco siempre fue el ex presidente Lula”. Otra manifestante en favor de Lula reconoció cuál era su lugar de representación, “voy a morir luchando por la igualdad social”, declaró al mismo medio Dora Lima, una educadora ambiental de 62 años.

Las movilizaciones populares se multiplican en contra del avance del poder corporativo, el 30 de junio se realizó una multitudinaria marcha contra lo que en ese momento era el proyecto de reforma laboral. Cómo en política las casualidades no existen, 24 horas antes de que se diera a conocer la sentencia de Lula, el senado aprobó la nueva ley laboral que retrotrae la situación de los derechos de los trabajadores a principio de los años cuarenta del siglo pasado.

Los principales puntos de la modernización de las relaciones laborales, eufemismo que adoran los neoliberales y repiten como un mantra, son de mínima, el sometimiento del ser humano a las necesidades coyunturales del gran capital. Jornadas de doce horas de trabajo, que suavizan con descansos de treinta y seis horas entre jornadas, acuerdo entre las empresas y los trabajadores por fuera de los sindicatos y también por fuera de los convenios, contratación por día de trabajo de los obreros, el abandono de la obligación de hacer aportes a los sindicatos, quita del tiempo de refrigerio, encarecimiento del acceso a la justicia laboral, son las que sobresalen de esta nueva relación que conquistó el poder industrial. Pero la más indignante de estas medidas es la que autoriza a las mujeres embarazadas o en período de lactancia a realizar tareas insalubres, que intentan humanizar con una autorización de un médico laboral. Pero ante la urgencia de un salario, no es difícil entender a una trabajadora, qué sin derechos, acepte realizarlas en un país con un “ejército de reserva” de catorce millones de desocupados.

Las razones del empresariado son las mismas que vienen desde el surgimiento del Consenso de Washington y el avance de la globalización neoliberal. Las causas-efectos se presentan como leyes naturales: mayor flexibilidad en las relaciones laborales trae mayores inversiones, lo que genera nuevos empleos. Los propietarios de los medios de producción expresan sus quejas por la cantidad de juicios laborales y del costo laboral que esto genera. El “principal objetivo de la modernización de las relaciones laborales”, según la columna de opinión que publicara en el diario Folha de San Pablo el co- director del Consejo de Administración del Banco Itaú Unibanco Roberto Sutebal, es atraer inversiones de capitales extranjeros. Y con una frase de espectacular cinismo aclara que el capital y el trabajo son compañeros en esta etapa, “están en el mismo barco en pos de un aumento de la productividad” qué al volver más competitivas la economía brasileña, no solo generarán más empleos, también “aumento en la renta del trabajador”. Evidentemente para el ejecutivo, no es la acumulación del capital y la especulación financiera la que generó la falta de crecimiento de Producto Bruto Interno carioca, sino los trabajadores reclamando por sus derechos. Para coronar la embestida, en el congreso espera su tratamiento una reforma de la ley previsional que ya tiene en pie de lucha a los trabajadores.

Nada de esto se hace sin el apoyo de otro actor importantísimo, los medios de comunicación. El sitio de noticias Reporter Brasil realizó un seguimiento sobre la propagandización de la nueva ley que recorta los derechos de los trabajadores. Según su estudio el Jornal da Record publicó 100% de notas favorables, mientras que el pulpo mediático O Globo publicó un 88% de notas avalando la reforma, el Jornal Nacional 77% y O Estado de Sao Paulo, 68%. El más ecuánime con notas a favor y en contra fue el Folha de Sao Paulo con 42% de notas en coincidencia con los intereses empresarios.

El recorrido del proceso muestra como la avanzada neoliberal no tiene ninguna intención de detenerse, ni considerar los costos sociales de sus medidas. Para ello cuentan con el congreso, el aparato mediático y la complicidad de los pastores evangélicos, que darán a las clases populares el consuelo de relatos bíblicos televisados para aceptar el destino señalado por el dios Mercado. El armado ideológico de apoyo a las reformas neoliberales apunta a desinteresar al pueblo sobre las decisiones políticas de su destino. El sueño de la oligarquía de gobernar sin pueblo lo intentan cristalizar desde las instituciones afines. El pueblo en la calle no va a dejarlos soñar, para poder hacer realidad los propios.

Nota del redactor: Esta nota pertenece a la sección de política internacional, cualquier similitud con alguna columna de política nacional es pura coincidencia, o no.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s