Drogas: cambiando la perspectiva de la opinión pública

Por Rocío Deguer

 

  De la piel para dentro empieza mi exclusiva jurisdicción.

Elijo yo aquello que puede o no cruzar esa frontera.

Soy un estado soberano, y las lindes de mi piel

me resultan mucho más sagradas

que los confines políticos de cualquier país.

Anónimo contemporáneo,

extraído del libro “Aprendiendo de las drogas” de Antonio Escohotado

 

Los compuestos denominados drogas  son y fueron tema de debate en todo el mundo. ¿Qué es una droga? ¿Por qué hay drogas que son permitidas y drogas que no lo son? Es frecuente escuchar en el ámbito de la opinión pública frases como “ellos eligen drogarse”, seguido de alguna adjetivación del tipo “yonqui”, “drogadicto” o “drogata”, dependiendo de la parte del mundo en que nos encontremos.  La opinión pública, condicionada en gran parte por los medios de comunicación cuya cobertura del asunto suele centrarse en el outsider, ignora el marco histórico, cultural y político que las llamadas drogas tienen por detrás. El objetivo de este breve artículo es introducir al lector a este mundo que se le presenta como ajeno y moralmente reprensible por los medios de comunicación y por quienes los rodean.

I

Las drogas tienen como propiedad intrínseca la capacidad de lesionar o incluso matar al consumidor, en cantidades muy pequeñas. Como explica Escohotado, a una sustancia con estas características la llamamos “veneno”. Todas las drogas son venenosas. Sin embargo, en cantidades pequeñas y medidas, estos venenos pueden ser terapéuticos. Pensemos en una aspirina, de venta libre en las farmacias: a nadie se le ocurriría prohibirla en pleno 2016, resulta ridículo el sólo hecho de pensarlo. Usted lector, puede sentirse tentado a pensar que una aspirina no tiene comparación con esa pastillita que venden en el boliche y que el eje está corrido, y tendrá usted toda la razón, pero no por los motivos que cree.

La aspirina es mortal en adultos a partir de los 3 gramos. Además, la aspirina que consumimos está fabricada, testeada y regulada bajo estrictas normas de seguridad que atienden al control del departamento de salubridad de cada estado, con lo cual el margen de seguridad está calculado para no matar al portador. El margen de seguridad es la proporción que hay entre la cantidad necesaria para lograr el efecto deseado, y la cantidad necesaria para matar. Es fácil notar entonces, que el mayor problema que se nos presenta a la hora de consumir sin peligros, es la ausencia de un ente regulador que rija la fabricación de estos compuestos, de manera que no puedan venderse partidas adulteradas, o que no tengan un margen de seguridad apropiado, y fundamentalmente, que estas drogas no puedan ser hechas en sótanos clandestinos y vendidas sin ningún tipo de control a los consumidores. Resulta irrisoria la idea de comprarle una aspirina a un señor anónimo, sin su paquete de protección, metida o envuelta en una bolsa. Lo ideal es comprar nuestras aspirinas en la farmacia, con su paquete original, marca y sello de salubridad correspondiente.

Y entonces tenemos un problema, que es la absurda cantidad de drogas que los estados no quieren controlar, y que entonces se fabrican, venden y revenden hasta llegar al consumidor final en un plano que nos es totalmente desconocido. Una sustancia que queremos introducir en nuestro organismo por razones tan valederas como las que no llevan a tomar un café a la mañana, un vino a la noche y cigarrillos durante el día, es conscientemente ignorada por el estado que, bajo la excusa de no fomentar estas drogas que de todas maneras se consumen a diario en todo el mundo, lesiona, estigmatiza y condena a los consumidores que eligen drogarse con sustancias no legales.

Es fácil pensar que la prohibición o legalidad de una droga obedece al supuesto de que “las drogas matan”, pero ese pensamiento además de lineal, es ingenuo. Hay cuestiones políticas y culturales que exceden al discurso repetido hasta el cansancio por los conservadores de turno. Como es sabido, o al menos sospechado al repasar superficialmente la historia, la legalidad suele ser más bien una cuestión de poder. Así, alguna vez fue legal tener esclavos, alguna otra vez las mujeres  no pudieran votar, y a modo anecdótico, el café estuvo prohibido en Rusia por más de medio siglo.

El caso de Rusia y el café es hilarante, digno de un artículo en sí mismo. Es traído a colación ya que es un ejemplo muy útil para cuando se habla de la peligrosidad de ciertas sustancias, y con eso se busca justificar la ilegalidad del consumo o la misma muerte del usuario. Durante 50 años, Rusia prohibió el café. Las penas para quien lo consumiese, eran de tortura y mutilación de orejas.

En aquel entonces, se creía que el café excitaba  al consumidor hasta el punto de la peligrosidad extrema —lo que es cierto en parte, pero el consumidor promedio no llega a tomar la cantidad necesaria para que esto suceda—. Como estaba prohibido, los ciudadanos tomaban termos y termos de café, porque no conocían ni podían conocer la medida recomendada, o al menos la medida que pulula en el sentido común predominante, simplemente porque no había sentido común predominante más que el del “peligro”. En consecuencia, los afectados por el consumo excesivo de café, se volvían provisoriamente violentos, llegando a vandalizar más de un bar. Entonces hay un gobierno que prohíbe por su peligrosidad, un consumidor que por lo anterior desconoce los límites, un fabricante que ilegalmente va a obtener un lucro excepcional, y que además no tendrá regulaciones de ningún ente que le exija hacer las cosas de la manera correcta. Entonces la droga se vuelve peligrosa, entonces se prohíbe, entonces se desconoce…

II

Termina habiendo una cadena de desconocimiento, que culmina con la opinión pública centrándose en el eslabón más débil de la cadena que es quien elige consumir, bajo su propia responsabilidad.  Entonces, si antes se hablaba de las cuestiones más objetivas, ahora surge una cuestión no menos importante que la propia toxicidad de la droga, que es la toxicidad de la sociedad que rodea al consumidor.

Además de las propiedades psicofarmacológicas, están las propiedades sociales, que son las que la sociedad le otorga con su sentido común a la droga, y al usuario de ella. Al consumidor le puede afectar el segundo tipo de propiedad de la misma manera que el primero. Así, hay ciudadanos estigmatizados que se creen esa propia estigmatización, autopercibiéndose como desviados, y en consecuencia, actuando como si efectivamente lo fueran. Esto no obedece meramente a razones psicológicas, y es que la misma prohibición obliga al usuario a acudir a lugares ajenos y no regulados a conseguir esa sustancia. Resulta paradójica la autoridad moral que parece otorgar la ley;  donde los usuarios de drogas legales se sienten legitimados —y de hecho lo están— para juzgar y estigmatizar a consumidores de cualquier tipo de droga, provocando ellos mismos —no por ellos, más bien por el estado y los medios de comunicación— lo que dicen querer combatir.

Se unen el estado, los medios y los “civiles” en una misma causa que sólo reproduce un círculo que parece destinado a perpetuarse en la historia. ¿Por qué se consumen drogas desde el inicio de las sociedades? Es un tema de otro debate, la cuestión fáctica es que sucede, las drogas se consumen y se van a seguir consumiendo, y entonces se hace imperiosa la regulación de su producción y correspondiente cadena de distribución, así como la obligatoriedad de instruir al usuario sobre su forma de administración recomendada, como hacen los prospectos que obligatoriamente tienen que venir con la droga. No existe ninguna razón válida para mantener en la oscuridad un tema concerniente a consumidores y no consumidores.

Otra anécdota:

En el siglo XIX era muy frecuente el consumo de opio, y un caso paradigmático es el de India y China. Mientras en India estaba legalizado, en China su consumo se castigaba con la pena de muerte. En india había, en consecuencia, un consumo por cabeza mucho mayor de opio que en China y, sin embargo, fue en China donde se desarrollaron la mayor cantidad de casos de consumidores abusivos de opio. Es decir, en el país donde menos consumo había, hubo más abusadores de opio que en el país en que su consumo era legal.

Por último, se invita al lector a reflexionar sobre estas cuestiones y a plantearse el asunto de las drogas desde una perspectiva diferente que no centre su atención en el consumidor, dejando de lado todo prejuicio y fundamentalmente, todo lo que los medios le explicaron sobre las drogas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s