El encierro no cura

Por Eva Morales Guido

El pasado Junio de este año, se hizo pública la noticia de que el Director Nacional de Salud Mental, Andrew Blake, cerró Casa SIS[1] (Salud con Inclusión Social), un dispositivo creado a partir

de la Ley Nacional de Salud Mental. Casa SIS llegó a albergar más de 50 personas con padecimiento mental grave en conflicto con la ley penal. Funcionaba en el barrio de San Telmo y al interior de la misma la cooperativa de trabajo Manos Libres permitía el desarrollo de emprendimientos laborales en forma individual y colectiva.

Este tipo de dispositivos responde a lo planteado por la Ley Nacional de Salud Mental N° 26.657, sancionada en el año 2010 la cual plantea un cambio de paradigma en el campo de la salud mental. Este paradigma se enfrenta a un modelo médico hegemónico que mantiene la lógica del encierro y la vulneración de los derechos de las personas con padecimientos mentales.

Del Congreso al manicomio

La Ley de Salud Mental tiene por objeto asegurar el derecho a la protección de la salud mental de todas las personas y el pleno goce de los derechos humanos de aquellas con padecimiento mental, como el derecho a recibir atención sanitaria, social integral y humanizada, derecho a conocer y preservar su identidad, derecho a no ser identificado ni discriminado por un padecimiento mental actual o pasado. De esta manera, el nuevo marco define a la salud mental como un “proceso determinado por componentes históricos, socio-económicos, culturales, biológicos y psicológicos cuya preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos humanos y sociales de toda persona”.

Esta concepción de la salud, se enfrenta a un modelo, que durante años legitimó el encierro como una práctica de disciplinamiento en el cual el Hospital Psiquiátrico funcionaba como un aparato represivo del Estado. Leonardo Gorbacz[2], autor de la Ley Nacional de Salud Mental menciona tres pilares que componen este sistema represivo: el encierro, la judialización y la medicalización. Respecto al encierro, la Ley prohíbe la creación de “nuevos manicomios, neuropsiquiátricos o instituciones de internación monovalentes, públicos o privados”. Además se deben adaptar a los objetivos y principios expuestos por la Ley, hasta su reemplazo definitivo por dispositivos alternativos. Francisco Basaglia[3], psiquiatra italiano promotor de la desmanicomialización, afirma que “el psiquiatra estará siempre en una situación de privilegio, de dominio con respecto al enfermo. Desde este punto de vista, la psiquiatría es, desde su nacimiento, una técnica altamente represiva, que el Estado siempre usó para oprimir a los enfermos pobres, es decir: la clase trabajadora que no produce”.

Sin embargo, a pesar de la implementación de la Ley, el Informe Anual 2016 de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM)[4], denuncia que hay más de 12.700 personas adultas privadas de su libertad por razones de salud mental que se encuentran bajo proceso o seguimiento judicial. La mitad está alojada en instituciones públicas. El informe plantea que no existe un relevamiento completo del Ministerio de Salud que indique la cantidad total de comunidades terapéuticas, centros de salud mental y/o clínicas psiquiátricas con internación.

El informe denuncia que “los padecimientos son vastos: torturas y maltrato, alimentación escasa, carencia de espacios y actividades recreativas, deficiente atención sanitaria, aislamiento extremo, permanente control a través de la prescripción y administración de psicofármacos como única estrategia tratamental. Aún hoy el sistema de salud no cuenta con recursos necesarios por fuera del manicomio: las externaciones son altamente improbables o se realizan sin ninguna garantía de éxito.”

La ley de Salud mental, en su artículo N°4 establece que “las adicciones deben ser abordadas como parte integrante de las políticas de salud mental. Las personas con uso problemático de drogas, legales e ilegales, tienen todos los derechos y garantías que se establecen en la presente ley en su relación con los servicios de salud”. Sin embargo, la CPM en su informe afirma que “sigue sin plantearse un abordaje de las adicciones tal como lo regula el nuevo marco legal, como una problemática de salud mental, y se lo encuadra en la persecución del delito”, de modo que se contextualiza con las políticas nacionales referidas a tomar una postura ante el consumo problemático de drogas, desde una perspectiva prohibicionista y de “guerra contra las drogas”.

En cuanto al estado actual de las instituciones monovalentes, el Informe de CPM afirma que en el

Hospital Cabred (Open Door), la cantidad de internaciones al año alcanzan las mil siendo el 80% de ellas reinternaciones. En este contexto, la CPM afirma que todos los intentos de adecuación de estos espacios acorde a la ley se enfrentan a la realidad de no contar con más recursos que los propios sumado a la falta de programas ministeriales con los fines de promover procesos de atención fuera del ámbito de internación.

Desmanicomialización

La experiencia de Trieste[5] en Italia en el año 1978, marcó un hito en el campo de la salud mental. Mediante la Ley 180 se puso en marcha un proceso nacional de eliminación de los hospitales psiquiátricos. Esta ley llevó al cierre definitivo de los manicomios al final de la década de los noventa y a la progresiva creación de servicios con abordaje territorial conjunto con prácticas inclusivas para las personas con padecimientos mentales. En agosto de 1971, Franco Basaglia asumió la dirección del hospital psiquiátrico provincial de Trieste, donde estaban internadas 1.182 personas. Comenzó entonces un trabajo de transformación, rehabilitación y construcción de alternativas reemplazando las viejas formas de asistencia. Basaglia afirmaba que “todo esto nos llevó también a una reflexión política: los internados pertenecían a las clases oprimidas y el hospital era un medio de control social”.[6]

Desde más de 30 años la ciudad de Trieste vive sin manicomio. El mismo fue sustituido por 40 diferentes servicios que garantizan distintas funciones y tareas, entre las cuales se destaca la atención domiciliaria. Los resultados muestran que los nuevos métodos permiten también una reducción significativa del gasto para la atención psiquiátrica. Mientras que a finales de 1971 el presupuesto para la gestión del hospital psiquiátrico ascendía a unos 55 millones de euros, en 2010 el costo de la gestión de todos los servicios territoriales llego a ser de 18 millones de euros.

Hacia dónde vamos

Andrew Blake, declarado ferviente opositor a la Ley Nacional de Salud Mental, promulga un retorno al paradigma médico antes hegemónico. Como resultado de la Resolución 1003/2016 del Ministerio de Salud publicada en el Boletín Oficial el 19 de julio de 2016, se dejaba sin efecto la Resolución 1.484 de septiembre de 2015 que propiciaba la “prohibición de creación de nuevos manicomios, neuropsiquiátricos o instituciones de internación monovalentes, públicos o privados”. Así mismo, establecía que las instituciones vigentes tendrían “un plazo máximo de 360 días para adecuar y ajustar su estructura y funcionamiento”.

A más de un año de la Resolución 1003, la cual marcó un retroceso en la conquista de derechos adquiridos, el proceso de Desmanicomialización parece más que lejano. Las medidas tomadas por las autoridades actuales como el cierre de dispositivos que favorecían la reinserción social de personas con padecimiento mental, responde a un modelo que favorece a las instituciones monovalentes privadas. La experiencia de Trieste, nuestra Ley de Salud Mental y dispositivos como Casa SIS demuestran que el cambio de paradigma es posible, sólo que dicho cambio va en contra del modelo que plantea Andrew Blake (proveniente del sector privado y antiguo empleado de OSDE y Swiss Medical, ex coordinador de Redes Integradas de Salud Mental del Gobierno de la Ciudad durante la gestión de Mauricio Macri y defensor del sistema manicomial).

[1] Fin de un sueño de libertad: Cerró Casa S.I.S. 10 de Julio, 2017, por Redacción La Tinta. Http://latinta.com.ar/2017/07/fin-de-un-sueno-de-libertad-cerro-casa-s-i-s/

[2] Gorbacz, Leonardo. Ley 26657: el desmontaje del sistema represivo en Salud Mental. Revista Salud Mental y comunidad (1): 112-117

[3] “El manicomio liberado” por Franco Basaglia. Jueves, 15 de octubre de 2009. http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-133467-2009-10-15.html

[4] Informe anual 2016. Sobre el sistema de encierro y las políticas de seguridad en la provincia de Buenos Aires. El sistema de la crueldad X. Comisión Provincial por la Memoria.

[5] Desde el manicomio hacia los servicios de salud mental en el territorio. Peppe Dell’Acqua. IDDEASS, año 2012.

[6] “El manicomio liberado” por Franco Basaglia. Jueves, 15 de octubre de 2009. http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia/9-133467-2009-10-15.html

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