¿Y ahora cómo sigue?

Por Esteban RegueiraAPARICION CON VIDA DE SANTIAGO MALDONADO –

Pasados ya más de 10  días de las Primarias Abiertas Simultaneas y Obligatorias (PASO), con un vergonzoso episodio en el escrutinio provisorio (nunca visto desde la vuelta de la democracia) que desembocó en un resultado final aún sin confirmar en el distrito electoral más importante del país, muchas cosas de la arena política quedaron más que claras. Entre ellas, la confirmación de liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner, la importancia estratégica para Cambiemos del papel de la gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, la intrascendente reaparición de Florencio Randazzo y el ocaso político de Sergio Massa.

A poco más de un mes de las elecciones generales, esas que si definen bancas, es necesario observar el punto desde el cual parte cada candidato de cara a un final que todavía permanece abierto.

UN BUEN PISO PERO CON TECHO BAJO

Más allá de lo que determine el escrutinio final de las PASO, un dato es certero: la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner mantiene su piso electoral en torno al 35%, con un fuerte apoyo principalmente en la tercera sección del Conurbano; aquella que contiene el poderoso partido de La Matanza, el distrito más poblado y donde la ex mandataria tiene niveles de adhesión prácticamente en torno al 50%.

Por mucho que se rasguen las vestiduras en varios sectores del seno del kirchnerismo por no llegar a la ansiada victoria aplastante, la líder de Unidad Ciudadana se mantiene firme, a pesar de que durante estos últimos dos años soportó las más ridículas persecuciones mediáticas y judiciales jamás vistas; denuncias de hoteles, asociaciones ilícitas, quemas de conteiner de dinero, incluso hasta la muerte del fiscal Nisman, por nombrar solo algunos ejemplos, todo eso transmitido día y noche por los medios de comunicación más influyentes de la Argentina. Si a esto se le suma su lanzamiento como candidata a poco más de un mes antesde las elecciones y una campaña por demás austera, el resultado debería sembrar más optimismo que frustraciones.

El problema, no debe ser el piso del 35% sino lo bajo del techo, pues producto de la tarea de medios de comunicación y la estrategia de confrontación constante de Cambiemos para tapar los desmanes políticos y económicos que se han suscitado durante su gobierno, el efecto saturación parece rendir sus frutos y entonces parece impensable recuperar los porcentajes de adhesion de las elecciones de 2007, mucho menos de 2011.

En este aspecto el kirchnerismo, hoy bajo la bandera de Unidad Ciudadana, debe trabajar y pensar en una estrategia de articulación con varios sectores tanto del peronismo como de otras fuerzas aliadas, que a futuro permita rearmar las bases para poder dar una batalla que se avecina dura ante los paladines del neoliberalismo 3.0; pensando más allá del personalismo que tan caro le costó históricamente al peronismo.

La clave debe estar en esa articulación, pensando en errores pasados para no repetirlos en el futuro, aprovecharse de la debilidad del resto del arco opositor para convocar a una dirigencia con horizontes fijados en el pueblo, reconstruir esa idea pura del populismo que tantas conquistas y empoderamiento en los sectores postergados permitió.

Quizás también parte de la llave esté en el mensaje, algo que Cambiemos sabe manejar a la perfección; haciéndole creer a gran parte de la población que es tendencia ser pobre y por eso hay que ajustar los bolsillos del pueblo o tal vez, algo más controversial como pensar que Cristina Fernández de Kirchner no es la mejor opción para contrarrestar el avance de la derecha agroexportadora internacionalista. Tal vez eso lleve al  evaluar que su función se limite más a la estrategia, la articulación y la formación de nuevas bases y no tanto a la acción directa; lo cierto es que 2019 aún queda lejos pero el ajuste viene pisando fuerte.

VIDAL, LA BOLETA QUE MUCHOS NO ENCONTRARON

Una escena que se repitió del anecdotario de muchos presidentes de mesa bonaerense en estas PASO fue la cantidad de electores que demoraban unos minutos en el cuarto oscuro, a continuación denunciaban la falta de boletas y finalmente, luego de acaloradas discusiones confesaban que no podían encontrar la boleta de la candidata María Eugenia Vidal.

La confusión de los bonaerenses es más que entendible, pues en los últimos  días previos a las elecciones la gobernadora recorrió de punta a punta el Conurbano buscando mostrar su mejor imagen, volviendo de la campiña para tapar los desbarajustes verbales del candidato a senador por Cambiemos, Esteban Bullrich.

La decisión realmente no fue equivocada ya que los días en el que el ex Ministro de Educación de La Nación encabezó la campaña, parecieron una reacción en cadena de fallidos que expusieron a un ministro que parece no poder mantener una conversación coherente sino es mediante un guión previamente estudiado. Frases como recomendar un emprendimiento cervecero a los desempleados de PEPSICO o festejar “un pibe más preso todos los días”, dejan al desnudo a un político que cuando tiene que desarrollar una idea sin guionar muestra su costado más desagradable.

Pasaban los días y las encuestas le mostraban a la cúpula de Cambiemos que la idea de candidatear al Ministro de Educación prístino de vínculos con el Opus deim no había sido la decisión más acertada. Dos semanas antes de las elecciones, aparecía compitiendo por el tercer puesto junto a Sergio Massa y entonces el gurú estrella, Jaime Durán Barba, le aconsejó no hablar más, replegarse y dejar que la campaña la lleve adelante la gobernadora. Total, gobernar no es lo importante.

La decisión fue acertada y de la mano de María Eugenia Vidal, los números fueron mejorando. El precio fue costoso para la gobernadora que deambuló por todo tipo de programas emitidos por los medios afines al oficialismo y hasta se dio el lujo de criticar a la ex presidenta por su vestimenta austera, tildándola de oportunismo, olvidando aquella foto de 2015 en la que lucía botas de lluvia, metida en un charco, simulando compasión con una catástrofe natural.

Lo cierto es que la imagen de Vidal es fuerte y aun es el estandarte principal para que Cambiemos pueda sostener su presencia en la difícil provincia de Buenos Aires, claro que en los sectores más postergados deberá demostrar mayor presencia y menos fotografía porque esas tácticas no son eternas.

MASSA Y RANDAZZO: NI ANCHA AVENIDA NI PREMIO A LA GESTION

Surge a las claras que los grandes perdedores de estas PASO fueron tanto Sergio Massa como Florencio Randazzo. El primero parece sucumbir en su posición de ser “la ancha avenida del medio” cuando el electorado cada vez más se parte en dos y muestra un panorama con un acaparamiento de votantes en torno al 80%,  dividido entre peronismo y anti peronismo.

Además, a esto debe sumarse el alto precio que tuvo que pagar Sergio Massa por incluir en su frente a coaliciones tan inentendibles y dispares como las del GEN de Margarita Stolbizer y Libres del Sur de Victoria Donda; así la alianza “1 País” quedó conformada por una melange ideológica que no expresa ningún tipo de alternativa ni tampoco logra cautivar al votante mediano que no se siente parte  de  Cambiemos ni de los sectores que representan al peronismo (Unidad Ciudadana o Cumplir, de Florencio Randazzo).

Por su parte, Florencio Randazzo a pesar de los vastos intentos de Unidad Ciudadana por incorporarlo en sus listas, decidió abrirse camino propio para mostrarse como una alternativa al kirchnerismo tradicional y a su vez, demostrarle a la ex presidenta su enojo latente por el desplante de la candidatura a presidente en 2015.

Su estrategia de presentarse como un referente honesto y cumplidor no cautivó más que un 5% de los votantes y terminó dañando más la performance de Unidad Ciudadana que al propio gobierno. ¿Casualidad, causalidad o estrategia? El tiempo lo dirá.

Finalmente, debe mencionarse que quién no pudo votar el pasado 13 de agosto fue Santiago Maldonado, desaparecido en democracia en manos de las fuerzas de seguridad, de quien se exige la aparición con vida.

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