El Legado de Sayhueque

Por Jeremías Calo

Facundo Jones Huala, lonco mapuche, le ha declarado la guerra a los dos países que amenazan contra su territorio ancestral: Chile y Argentina. Se denomina “lonco” (en mapuche longko) al jefe o cabeza de una comunidad mapuche; el mismo cargo tiene aspectos políticos, administrativos y religiosos.

Actualmente está detenido en la Unidad 14 de Esquel, acusado por el gobierno chileno de incendios a estancias y de robo mercadería a camiones. El gobierno del otro lado de la cordillera pide su extradición para poder juzgarlo en su territorio, a pesar de los fallos a favor del mismo.

Huala ha declarado la guerra en reclamo a la devolución de las tierras ancestrales: miles de hectáreas, valles, lagunas, bosques, donde los ancestros de su comunidad vivían en paz y armonía con la naturaleza. Como líder político, es destacable la fundación del grupo Resistencia Ancestral Mapuche (en adelante, RAM), con una metodología combativa, que incluye incendios a estancias, robo de mercadería y pintadas. Sin embargo, es necesario esclarecer que no todas las comunidades aprueban este accionar político: muchos siguen optando por el diálogo y el consenso.

Los medios y el establishment político han creado un mito en torno a los pueblos originarios, insistiendo (entre tantas cosas) que son grupos “terroristas”, “financiados por Reino Unido”, y que intentan “imponer una República autónoma mapuche”. Esta acción demuestra la ignorancia de la historia argentina, la poca reflexión en torno al tan valorizado término “república” y la estigmatización contra los grupos minoritarios. No es sin intención que se quiere deslegitimar el reclamo por las tierras.

Es necesario remontarse en el tiempo, a la “Conquista del Desierto”, la campaña militar realizada entre 1878 y  1885. Antes que nada, el término “desierto” es controversial, no así “conquista”: la campaña tenía como objetivo “conquistar” las tierras del sur. En un contexto donde se estaba gestando el Estado argentino, fue menester la apropiación de tierras y la extensión de la misma Nación hacia el sur como demostración de la consolidación del estado mismo y de poder.

El “desierto”, antes de la campaña se extendía desde sur de Buenos Aires (tomándose como referencia Bahía Blanca o Carmen de Patagones) hasta los confines continentales, es decir, Tierra del Fuego; y al oeste, también desde Buenos Aires hasta la Cordillera de los Andes. Las tierras anexadas al Estado serían las que hoy se conoce como parte de La Pampa, Neuquén, Río Negro, Santa Cruz, Chubut y Tierra del Fuego.

¿Por qué es controvertido el término “Desierto”? Haciendo uso del sentido común, remite a extensiones inmensas de tierras, áridas y despobladas. Muy por el contrario, la Patagonia distaba de serlo. En toda su magnitud vivían comunidades nómades y sedentarias, con sus costumbres sociales y culturales. Si bien no tenían un alto desarrollo económico o industrial, las comunidades o se autoabastecían o tenían relaciones mercantiles unas con las otras. La mal llamada “tierra de nadie” era tierra de los pueblos originarios, valles que los vieron nacer y desarrollar su cultura.

Terminada la contienda militar, la población de los pueblos originarios se vio reducida drásticamente. Tras la aniquilación de la mayoría, los sobrevivientes (en especial mujeres y niños) fueron trasladados a Buenos Aires para ser exhibidos en museos o en casas residenciales para ejercer tareas domésticas. Los pocos que tuvieron la suerte de permanecer fueron corridos de sus tierras: sus terrenos fueron loteados y vendidos a grandes terratenientes; y como consecuencia fueron trasladados a lugares aledaños pero lejos de sus ríos, lejos de sus frondosos bosques, y expulsados a tierras menos estériles.

Como consecuencia de la conquista, y consolidado el Estado argentino, quedaron aislados en la tierra del sur poblaciones sin un vínculo identitario con la incipiente república: lejos y al margen de la identidad nacional liberal, los grupos practicaron un aislacionismo, donde siguieron reproduciendo sus propias lenguas y otras prácticas culturales. El olvido se puede explicar a partir del siguiente dato: recién en  el censo del 2001 aparece la figura de descendencia o pertenencia a los pueblos originarios. Si bien fueron reconocidos con derechos y garantías en la Reforma Constitucional de 1994, en la práctica de políticas públicas y en el reconocimiento de su estatus social, hay mucha distancia en comparación con otros estados, como el Estado plurinacional de Bolivia.

La no reflexión acerca de los lazos identitarios entre los grupos minoritarios y la república, tienen como consecuencia el extremismo del reclamo, como es el caso, del RAM. La negación hacia el reclamo es incongruente en el tiempo: forzar a pobladores originarios (ya sean mapuches, tehuelches, araucanos) a ser argentinos, es un absurdo: ellos se reconocen así mismos desde antes que el territorio nacional pase a llamarse Argentina, y con ello su gentilicio. “Porque ha nacido tehuelche, y antes que nada argentino” clama Rubén Patagonia, cantautor contemporáneo: habría que reflexionar, si realmente es argentino el hijo de sus tierras ancestrales; o el conquistador del desierto, respondiendo a una ideología que se creía nacionalista, que en realidad fue, y es, dominante.

Acabadas las vías institucionales, y no haciendo ni eco ni respuesta de los prolongados pedidos por parte de los mapuches, como es el caso, aparece como “razonable” la política violenta. ¿Por qué se produce estigmatización? Porque se trata de correr el foco del problema: la realidad es que no hay terroristas financiados por Reino Unido, no hay un proceso separatista en el seno de la Argentina. Lo que se creó es un estereotipo, un fetichismo, una imagen distorsionada; lo que si hay es una desatención a los reclamos terrenales, un olvido a una comunidad. Un evite del gobierno en dar lugar a los reclamos y en trabajar posibles soluciones.

Se trata de un reclamo que no tiene respuesta desde el primer momento de la conquista. Las tierras ancestrales pertenecen a sus hijos, a sus pobladores. No a Lewis, ni a Benetton, actuales propietarios. A modo ilustrativo, se podría hacer una alegoría con la descripción de la Acumulación Originaria (descrita por Carl Marx en el capitulo XXIV del Capital): allí se describe el cercamiento de las tierras comunitarias que pasaron a ser propiedad privada, y la expulsión al mercado laboral o “vagabundeo”/ejercito de reserva de los pobladores originarios.

Facundo Jones Huala, el RAM, las poblaciones mapuches, y Santiago Maldonado –que en reclamo de la causa, fue desaparecido por la Gendarmería- responden al legado del quizás, el más recordado lonco mapuche: Valentino Sayhueque. Goberanador del País de las Manzanas, humillado luego de la derrota de la Conquista, luchador incansable y ejemplo de lucha y de resistencia originaria frente al republicanismo implantado.

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