Prácticas de terror en tiempos de democracia pos moderna

La desaparición forzada de Santiago Maldonado, hizo que los tiempos pasados de terror vuelvan a presentarse una vez más. El poder político y el poder mediático, al servicio del encubrimiento de las viejas prácticas de gobiernos dictatoriales.

Por Víctor E.G.

Cuando la mayoría de los argentinos y argentinas pensábamos que el tema de los DD.HH, estaba en el sentimiento y en la razón de toda la política nacional y por ende en todos los políticos de los diversos partidos, no fue así. La desaparición forzada de Santiago Maldonado, por parte de la Gendarmería Nacional, en la localidad de Esquel, provincia de Chubut, puso en práctica una vieja tragedia argentina: los detenidos desaparecidos. El sanguinario Presidente de facto de la dictadura cívico militar de 1976, Jorge Rafael Videla, expresó en una conferencia de prensa, en forma cínica: “Un desaparecido, no tiene entidad no está ni muerto ni vivo, está desaparecido.” 

En todo el continente latinoamericano, el terrorismo de Estado, estuvo al servicio del neoliberalismo. Desafortunadamente, se necesitó que corriera mucha sangre de inocentes para que la mayoría de la ciudadanía abriera sus ojos y dejara de apoyar a los asesinos golpes de Estado, provocado por el brazo armado de las políticas neoconservadoras: las Fuerzas Armadas y las Fuerzas de Seguridad. Además, el terror político y económico precisó de otro aliado fundamental para legitimar los crímenes cometidos en una sociedad poco conocedora del macabro ajedrez neoliberal: ese actor fundamental y socio de los chacales fue Clarín.

Hoy, los militares y su práctica marcial quedaron dentro de los cuarteles, dejaron de ser ante la vista de la población la “reserva moral” nacional por excelencia. Sin embargo, el actor mediático sigue siendo el mismo que en el pasado fue cómplice de las atrocidades cometidas a una buena parte del pueblo argentino. El “gran diario argentino”, pasó a ser un monopolio mediático con un inmenso poder de apriete en contra de todo aquel que atente contra sus intereses corporativos; jueces de distintos jerarquías, políticos de casi todos los partidos y un gran número de medios temen el sonar del clarín, porque saben que cuando toca la orquesta están marcados y son prontamente vilipendiados y extorsionados por los “periodistas independientes”.

En lo que corresponde al poder político, la ideología de la pasada dictadura cívico militar y su plan económico está encarnada en la figura del Presidente, en sus Ministros, en sus Senadores, en sus diputados, en su Gobernadora, en sus Intendentes y en sus concejales: el linaje del PRO proviene de ese mundo que apoyó los golpes de estado, para su sustento económico y social. Sin embargo, lo más triste que ese burdo pensamiento autoritario se encuentra en gran parte de sus adherentes, simpatizantes y voluntarios. Nuestro país, pareciera que entro en un túnel del tiempo,  y retrocedió 41 años. En esos tiempos una parte de la sociedad legitimó con su silencio y alentó con sus actos los más atroces crímenes cometidos por la derecha argentina, que hoy se muestra como institucionalista y republicana.

El “vengo a acabar con el curro de los DD.HH”, se hizo presente con la tozuda negación ante las pruebas que demostraron la desaparición forzada de Maldonado, por parte de los efectivos de Gendarmería. Además, hubo una férrea defensa del gobierno para todos aquellos (gendarmes) que tendrían que haber sido apartados de sus funciones de seguridad. Se sumaron también, las mentiras de los funcionarios del cambio apoyados por las absurdas operaciones mediáticas del grupo de Magnetto que, en forma desvergonzada, aportó pruebas falsas con respecto al paradero de Maldonado. No sólo esconden el descalabro económico del gobierno nacional y provincial, sino que, volvieron a la vieja y mentirosa teoría del: “algo habrán hecho”. Como en su tiempo apañaron y negociaron con los asesinos de uniforme, hoy amparan a los civiles que los ayudaron a construir su fortuna sobre la muerte de 30.000 desaparecidos y sobre la exclusión de millones de argentinos que quedaron en la miseria.

La democracia, parece que no es compatible con el neoliberalismo y su sequito. Es indispensable anestesiar a esa buena porción del pueblo que no tomó nota de la gravedad de los tiempos que vivimos, en donde eligieron con su sufragio a un Presidente que confesó (en un pasado no muy lejano) su admiración por el Brigadier, Osvaldo Andrés Cacciatore, Intendente de facto de la CABA (1976 / 1982). Firme a su convicción diestra, Macri eligió otro elemento clave para la cruzada de la seguridad nacional: el abogado Pablo Noceti, quien ostenta el cargo de Jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad. En su prontuario, se destacó su defensa a represores en La pampa y Entre Ríos, y la trágica expresión que los juicios fueron “la legalización de una venganza”, llevada cabo por el gobierno anterior. Sin dudas, en éstos dos casos en el cual periodismo no hostigó con la repetición constante el pasado y el pensamiento de los funcionarios nacionales en su simpatía y defensa de los hacedores del terror.

No es casual que el monopolio Clarín apoye y guie a éste gobierno de la “energía positiva y la esperanza”, que ya cuenta con veinte meses de vida, que es poco en la historia nacional, pero intenso en el salvajismo de sus declaraciones en cuales hicieron referencia a la existencia de grupos guerrilleros mapuches, los cuales, según las imágenes televisivas utilizaron serruchos, alambres, hachas y otras herramientas de trabajo. Las cámaras de Clarín, no pueden mostrar como en tiempos pasados un cadáver con una pistola (puesta por los agentes de seguridad) y afirmar con letra de molde: “Guerrillero abatido en un enfrentamiento”. Sin embargo, pueden hacer una ficción televisiva como ya es su mala costumbre.

Los campos del terrateniente italiano Benneton, fueron el escenario perfecto para el armado de la farsa, lugar donde las Fuerzas de Seguridad y los paramilitares del magnate, son los legítimos defensores que lucharon contra el “peligrosísimo” RAM. Extremistas (según el “periodismo de investigación”) que tiene relación directa con las FARC y los Kurdos que quieren (según Patricia Bullrich), establecer una Nación en territorio argentino. El macrismo, al verse acorralado por la verdad de los testigos que vieron cuando Maldonado era golpeado y arrastrado por gendarmes, mintieron seriamente y pusieron como ejemplo la desaparición de Julio López y Luciano Arruga, durante el gobierno kirchnerista.

Aunque, soslayaron en forma infame algunas diferencias: López, fue desaparecido luego de testimoniar contra el comisario Etchecolaz y todas las hipótesis apuntaron a la “Mano de Obra Desocupada”; y en el caso de Arruga, los policías bonaerense fueron separados y juzgados por la Ley, alguno fue condenado y otros se los declaró inocentes. Y es de subrayar, que en los dos casos el Estado Nacional estuvo presente y no miró para otro costado, ni defendió integrantes de la fuerzas de seguridad y menos aún contó con el apoyo mediático.

Los tiempos que nos toca vivir son duros y peligrosos, el poder político neoliberal está envalentonado, como nunca se ha visto en éstos 34 últimos años de democracia en nuestro país. El poder mediático, escuda al macrismo y a sus estrategias de implantación de miedos, resucita los viejos fantasmas del pasado y despiertan esa porción ciudadana de pensamientos fascistas que se encuentran muy a gusto con el gobierno del cambio. Personajes, que actúan como voceros conscientes e inconscientes de las mentiras que no son nuevas en la historia nacional. Son las pequeñas usinas de exclamaciones autoritarias y xenófobas alimentadas por los discursos hartamente repetidos de los libretos de ficción armados por el grupo Clarín en todo su conjunto y legitimado por el gobierno nacional y provincial. La dupla político-mediática, pareciera que está dispuesta a utilizar todos los medios que se encuentran en sus garras, para seguir con sus planes de revancha y odio, que sirve como pantalla mientras el saqueo conservador actúa como en el pasado en tiempos de democracia pos moderna.

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