Basta de todo (esto)

por Santiago Alonso*

Imaginen por un momento una habitación donde hubo una fuga de gas. Piensen ahora en una ínfima chispa. La reacción posterior es previsible: todo se incendia y el fuego se esparce por ese lugar.  La viralización de contenidos funciona así en internet y eso es lo que les pasó a los integrantes del programa radial “Metro y Medio” que se emite de lunes a viernes de 17 a 20 por Metro 95.1.

La radio, ubicada en pleno corazón de Colegiales, atravesó horas complicadas. A raíz de un tuit de la comunicadora feminista Malena Pichot la comunidad tomó nota de cómo los integrantes del programa decidieron hacer chistes para evitar confrontar con un oyente que contó en una sección, que funciona en clave humorística, que violó a una mujer.

El hecho tuvo lugar en “Club del engaño” donde quienes salen al aire le deben contar al staff del programa una determinada situación. Serán ellos los que decidan si el desconocido o la desconocida  en el teléfono  cometieron adulterio.

Un tal “Juan Agustín” se metió en la línea y comentó ante Julieta Pink, Pablo Fábregas, Martín Reich y Tamara Petinatto (que fue como invitada) que “tacleó” varias veces a una chica canadiense para tener sexo sin su consentimiento y que se la disputaron con sus amigos en una habitación cerrada durante sus vacaciones en Cancún. En esta ocasión la conductora era Julieta Pink dado que Sebastián Wainraich, quien lleva adelante la emisión diariamente,  se encontraba en Córdoba para ser entrevistado en un canal local. Julieta junto con el resto de los que integraban la mesa,  empezaron a hacer chistes producto del nerviosismo y de no poder resolver de manera contundente tan tremenda situación. No faltarían el “¿Era lindo el tacle?” que arrojaba Reich, las risas por lo bajo y la ausencia total de criterio. El operador, comandado por la producción que tampoco puso freno a lo que pasaba en su aire, disparó música sugestiva para ilustrar el momento, también avalando lo que se estaba desarrollando.

Cuando el sometedor termina de invadir definitivamente el aire de Metro al final del relato llega a un punto inaguantable y Pink lo único que atina a decir es “a mi ya me alcanzó, no quiero preguntar más, es engaño, estás en el horno, amigo” y continuar con un próximo llamado buscando salir del paso precariamente y que no decaiga el tono gracioso del programa.

Esos cinco minutos fueron subidos al sitio radiocut.fm y replicados por Pichot e internautas indignados e indignadas por lo sucedido. El lunes posterior al hecho, Metro (donde casi no hay mujeres al frente de programas, solo columnistas) redacta un comunicado digno de Telefónica de Argentina cuando no hay servicio; al estilo “lamentamos lo sucedido” y en el comunicado institucional se percibe un enorme esfuerzo por omitir la palabra “violación”. Los conductores de “Metro y Medio” pidieron disculpas y para debatir el error invitaron a dos activistas feministas para intercambiar opiniones durante una hora.

¿Por qué pasa algo así? Los medios masivos continúan, por un lado, en un plano machista y por otro con una clara estrategia de distracción y banalización continua del conflicto.

Quienes están al aire en estas emisoras “jóvenes”, ya tienen casi cincuenta años, por lo que están interpelados e incómodos por una realidad que hoy les pide mucho más que pasos de comedia bien dados, notas a músicos reventados de microclima e interrogatorios sexuales a mujeres que salen al aire durante su franja de la tarde.  El contexto es de tarifazos, exclusión, despidos, vaciamiento, un primer intento de liberación de genocidas, desfinanciación de programas claves de lo que era un Estado presente, precarización laboral pronta a cristalizarse si el oficialismo valida su gestión en las urnas, un desaparecido en democracia, represión, y canas de civil en las manifestaciones. El clima no está para nimiedades.

Los “medios jóvenes” (radios y programas televisivos que apuntan a la franja de 18 a 30 años) han tomado la decisión de desinformar, de evitar todo escenario confrontativo con los más fuertes. La grieta y la politización siguen siendo una mala palabra. En algunos casos lo expresan los “referentes jóvenes” como si fueran un conservador televisivo que ya “dió la vuelta” y al que solo le falta el retiro.

En su mundo todo es diversión, la mujer es vista como una molestia u oficia como adorno, la militancia como concepto no existe o está supeditado a la imagen de demonización camporista, las personas trans siguen siendo estereotipos, hay risas, música y algo de periodismo liviano para cumplir.

Asumir una posición política e interpelarse no es una posibilidad, porque obligaría a quienes lo escuchan a que lo hagan. Eso es incómodo y ahuyentaría a las marcas auspiciantes quienes perfectamente migrarían a otra FM.

Hubo épocas en las que la mítica y hoy tristemente degradada Rock and Pop fue la “banda de sonido” de la época post dictadura donde se le hablaba a un sector  que necesitaba expresarse, un público al que había sido golpeado y gaseado la cara, prohibido artistas y en los casos más extremos “chupado” amigos y familiares. Era la radio del caos, de allanamientos de la policía y un refugio para los pibes que querían sentir todo menos  comodidad.

La televisión no es más noble que la radio. Ciclos sobre redes sociales con periodistas y pseudo estrellas que enrostran el “canje” de entradas para bandas que cuestan un tercio del sueldo promedio, refritos de “Feliz Domingo” en forma de Guido Kazcka. Eso es todo. Se repite el esquema: existe el humor, la risa y la mujer como objeto. Parece una fórmula aplicada al todo dentro de la superficie mediática, que en realidad busca el subsuelo del pensamiento crítico, pensamiento peligroso y que hace que justamente, los apaguemos para siempre.

Ya lo dijo de forma magistral el personaje del Sr. Illich en la genial tira “Lenin y vos” hablándole a Mafalda:  “Mientras la preocupación de los jóvenes sea escuchar rock y llevar el pelo largo no harán falta nuevas dictaduras”.

Afortunadamente hay otras opciones sin tanto brillo de lentejuelas pero con mucho más para decir que lo que ofrecen las emisoras cuya agenda se contrae en los límites de Palermo Rúcula. Radios y medios alternativos, comunitarios, regionales, locales, de organismos, de militantes, de pibes que ejercen periodismo y que viven de otra cosa, que saben cuanto sale el boleto de colectivo y respiran barrio, de adultos que tienen memoria y también se sienten jóvenes, radios municipales que nacieron gracias a la Ley de Medios, de fábricas recuperadas,  de feministas y de locutoras que no quieren dar sólo la hora y temperatura y hacerle el juego a los desplantes del conductor, de gays, lesbianas y trans hartos y hartas de la caricaturización,  de secundarios, de murgueros, de jubilados a los que jodieron mil veces,  de actores, de rockeros que se niegan a pagar por tocar y que se hartaron de que las FMs nacionales no pasen sus discos, de Madres y Abuelas y de pibes y pibas que se cansaron y creen en otro esquema de prioridades.

*Periodista FM Oriente,  Universidad de Morón.

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