El llanero (ahora en compañía) se calzó sus zapatos de goma

Por Daniel G. Rossetti

Siguiendo esta pequeña secuencia de artículos auto referenciales, paso a relatarles mi último viaje por Latinoamérica. Así fue como que con más fortuna que virtud, surgió la oportunidad de vacacionar en Cuba. Una especie de viaje a la meca de un marxista aburguesado perdido en la nebulosa del neoliberalismo, junto con su incondicional compañera, descubriendo que las Utopías son la excusa perfecta para seguir caminando.

Filosofía barata y zapatos de goma

Quizás es todo lo que te di

Charly García

 

 A mis 47 años pude cumplir con unos de los anhelos que se alimentaron desde mi juventud, llegar a la isla cuya historia y leyenda inició mi acercamiento a las utopías libertarias de los pueblos. Así que, a mis 47 años, gracias al tesón de mi compañera llegue al aeropuerto de La Habana. La intención de estos dos relatos no es sólo autorreferencia narcisista, sino dar (o al menos intentarlo) una mirada en primera persona sobre una experiencia que me tocó vivir. La decisión de escribir estos relatos en primera persona es solamente a fin de dejar en claro que hablo desde mi absoluta subjetividad y que estoy enterado que no tengo “la verdad” sobre lo que ocurre, sino que describo lo que vi o lo que decidí ver y lo que decidí recordar y decidí escribir. Sin ánimos de aburrir, las notas de este hombre del llano pampeano (que busca justificarse) es un relato de un sujeto que intenta seguir subjetivizado.

Primer contacto con los Utópicos

Luego de un prolongado viaje, gracias a los caprichos del clima, aterrizamos en el aeropuerto de La Habana. El primer contacto que tuve mientras esperaba el traslado al hotel fue con un joven napolitano, con el que intercambié pocas palabras, pero cuando presentamos nuestras nacionalidades, al decir argentino, sin esperarse un segundo, la respuesta fue “Maradona, DIOS” mientras dibujaba un semicírculo hacia el cielo. No pude tener mejor recepción.

Llegamos a nuestro hotel en La Habana Vieja y nuestro primer paseo lo conjugamos mientras buscamos un lugar para cenar. Preguntamos por la “Bodeguita del medio”, emblemático lugar donde cuenta la leyenda se hacen los mejores (y los verdaderos) mojitos cubanos. Estábamos apenas a siete cuadras por lo que decidimos caminar. Andar por esas calles recuerda a un paseo por San Telmo, con la diferencia que no se mezclan arquitecturas, todo allí es colonial español. Paseamos entre recovas y calles angostas casi sin veredas hasta que llegamos a una plaza donde se abría el paisaje. De una esquina donde atendía un pequeño bar, se me acercó un habanero invitándome a compartir un trago, cuando le aclaré que buscaba un lugar para cenar, reconoció mi acento

  • ¿Argentino? ¿Cómo anda la presidente?

Le aclaré que ya no teníamos a la presidente en el gobierno y que justo ese día se estaban realizando las elecciones primarias para los cargos legislativos, (era el 13 de agosto, con aquel escrutinio que tuviera esa extraña manipulación informativa). Cuando le aclaramos nuestra adhesión al espacio de la presidente, preguntó cómo era posible dadas las denuncias de corrupción que se difunden. Escuchó atenta y respetuosamente nuestro relato del período kirchnerista, terminada la alocución nos despedimos con un apretón de manos. La información sesgada llega a todos lados, pero decidir si la creemos o no, es decisión de cada uno, entonces la posverdad es también responsabilidad de quienes le dan entidad a la noticia falsa. La mentira está también en quien la cree. La ciudadanía ejercida con libertad se logra cuando se accede a ella en libertad y esa conversación y la atenta escucha sin chicaneos me lo dejaron en claro. Primera lección que me dejó mi paseo.

Seguíamos caminando, admirados de encontrar las calles pobladas por los vecinos que sentados en las calles intentaban engañar al calor caribeño aprovechando la brisa nocturna, vieja imagen de mi infancia que hoy está perdida. Amablemente nos saludaron y dieron la bienvenida a su patria una pareja que reconoció nuestro castellano del sur. Esa noche cenamos en una calle poblada de turistas, donde disfrutamos la comida criolla y de los tragos que habilitaban tomar el exquisito ron cubano frío, entre sones de fondo que tocaban músicos callejeros.

Por esas extrañas casualidades que a veces (me) ocurren, mis viajes a Ecuador y Cuba fueron consecutivos. Por eso mi alojamiento en los hoteles de estos países llamó mi atención y obligó a reflexionar cuando, sin querer y casi como un acto reflejo, compraré la forma en que atendieron. Mi visita a Ecuador fue financiada por la empresa en la que trabajo, en un hotel de primera línea, donde la cordialidad y el buen trato de su personal me hicieron sentir más que cómodo. Al punto que cuando llegué a Buenos Aires recibí un correo del hotel en cuestión, con una encuesta sobre el comportamiento de los trabajadores, donde cada pregunta se correspondía con una de las maneras que usaban para atender, como algo que debería estar estandarizado y por tanto chequearse, al punto que una de las preguntas es “Le reciben con una sonrisa cada vez que llega”.

En La Habana el trato también fue muy cordial y respetuoso, pero no había esa especie de invasión de espacio que se siente (o al menos yo siento) cuando nos ofrecen más de lo que necesitamos o buscamos. Relacioné aquello con lo que Karl Marx señaló sobre la enajenación del trabajador, cuando el trabajo nos es ajeno a nuestra condición de humanos, nos pone por fuera de nuestra condición de sujetos que se realizan y totalizan en su trabajo y nos objetiviza en una pieza de la maquinaria que reproduce el sistema capitalista. Me permito realizar esta conjetura a partir del análisis sobre los comportamientos de los trabajadores en los hoteles que visité en ambos lugares. Los empleados del hotel en Cuba tienen conciencia de su subjetividad y en tanto y en cuanto son trabajadores que dan un servicio, se diferencian de cosas que están al servicio del turista. Entonces el trabajo se transforma en la acción humana de transformar la naturaleza para el beneficio humano. Existe una conciencia para sí, sobre su función en la interacción social que se reproduce como trabajo. Por tanto, la interacción con los turistas es mutua, el trabajador da el servicio para que el trabajador que los recibe disfrute del descanso que le otorga el haber cumplido con su responsabilidad social dentro de la comunidad organizada que lo contiene, mientras que, quien recibe el servicio, no dispone de una máquina animada que le satisface sus necesidades, sino de otro sujeto que lo asiste para efectivizar su descanso. No hay servidor y servido, hay dos trabajadores, que interactúan desde distintos espacios.

Conociendo La Habana Vieja

Las calles habaneras son surcadas constantemente por turistas que se trasladan en automóviles estadounidenses de la década de 1950, motos-taxis y bici-taxis, especie de triciclos con dos butacas en la parte trasera movilizados, estos últimos, por tracción humana. En uno de éstos dimos nuestra primera vuelta turística por La Habana Vieja. Nuestro amabilísimo guía, David, nos fue mostrando y relatando la historia de esa antigua ciudad, a la que conocía profundamente, que no es la más vieja de la isla a la cual llegó Colón apenas unos meses después del choque con el continente, en el comienzo de la globalización usurpadora. Resulta extraño encontrarse en una metrópolis austera, más para quien está acostumbrado a ver centros comerciales hasta en los barrios de nuestro conurbano, pasear por una ciudad donde no se ven marquesinas, carteles publicitarios y ni siquiera negocios sobre poblados de publicidad. Escapar del ataque del consumismo es relajante.

Carteles indicativos de hechos históricos y pinturas de los héroes revolucionarios se suceden en las paredes. Nuestro anfitrión relataba con cabal conocimiento la historia de las iglesias, edificios y paseos por donde nos llevaba y cuando pasábamos por delante de los distintos sitiales de homenaje a la mayor figura política local se le notaba el amor por Martí, al cual nombró todas las veces y como si fuese el nombre completo “nuestro apóstol de la patria, José Martí”. A cada paso se evidenció la devoción por el gran padre de Cuba, guía señera de la revolución de los barbudos y figura aglutinante del espíritu cubano. A medida que el discurso educador se fue transformando en diálogo, intercambiamos información de nuestras realidades. Mi compañera, devota de la docencia, preguntó sobre la educación en la isla. David nos aclaró que hay tres cosas de las que todo cubano está orgulloso, la educación, la salud y la seguridad. Sobre la primera nos explicó, que desde el jardín de niños hasta la universidad todo habitante tiene la oportunidad, si tiene la voluntad y capacidad, de formarse hasta obtener un título de grado, sin tener que gastar un centavo. Nos contó que para el primer bloque de educación, que es hasta el sexto grado (el ciclo primario) la responsabilidad que la niña o niño vaya a la escuela es de los padres, que si no lo envían, primero son multados y si siguen sin cumplir con su obligación, pueden llegar a ir presos.

Parte del proceso educativo es el servicio militar obligatorio. La amenaza yanqui está siempre presente y para esto todos los jóvenes varones hacen el servicio militar de forma obligatoria, mientras que es voluntario para las mujeres. Durante el servicio, además del manejo de armas y la instrucción propia para la defensa, aprenden también oficios y realizan tareas de acción social, afianzando así los lazos de solidaridad y dando sentido a un ejército popular, incapaz de levantar sus armas en contra de su pueblo. Cuando el Estado se arma debe ser para proteger a su pueblo de cualquier amenaza, no para defender a los dueños de la tierra arrancada a sus pobladores originarios y mucho menos para ocultar la agresión que cometen contra los ciudadanos si exceden el uso legítimo que prevé el código que lo reglamenta.

Seguíamos paseando y nos detuvimos cerca de una vieja estación de trenes, donde la charla derivó en la comparación sobre la conformación de los Estado Nación y nuestro guía, luego de contarnos cómo se había “echado” a los españoles entre 1895 y 1898, con la revolución ideada por Martí. Me costó hacerle entender que nuestra Argentina se conformó como tal muchos años después de las batallas por la independencia y menos entendió cuando le comenté que el censo que se realizó a fines del siglo XIX señalaba que había más extranjeros que nativos. El apóstol de la patria junto con los guajiros (campesinos) y el ejército de mambises (indios y esclavos libertos) había logrado la libertad de su pueblo en el mismo momento histórico en que en nuestras tierras se estaban conformando los latifundios que relegaron a nuestros gauchos e indios de sus tierras.

Esa tarde fuimos a conocer el Museo de la Revolución que estaba a pocas cuadras de donde nos alojábamos. Ahí nos resultó más sencillo entender el proceso cubano, la resistencia y la convicción de su independencia de un pueblo que tiene como enemigo a la potencia hegemónica que intenta quebrar su espíritu libertario sin ningún éxito.

Recibe a los visitantes un busto de José Martí en el centro de las escaleras que llevan a donde se encuentran las salas de exposición. Fotos, maquetas y relatos conforman la infografía que permite a quienes  recorren el lugar tomarse el tiempo necesario para conocer y entender que la revolución de 1953, con el asalto al Moncada y los acontecimientos subsiguientes, comenzó más 60 años antes con patriotas que intentaron romper las cadenas del colonialismo que no dejaba prosperar al pueblo. “La guerra no es contra España, es contra el colonialismo” acuñó José Martí como frase señera para entender que la libertad de un pueblo no es en contra de otro, sino de los que se enriquecen a costa del esfuerzo de sus congéneres con extrañas teorías sobre superioridades inexistentes ante una humanidad que se caracteriza por su igualdad natural contra la imposición artificial de dominaciones de unos sobre otros.

Fidel, en el centenario del natalicio del apóstol de la patria, hizo grito de libertad el recuerdo del que dejó su vida por la independencia de la isla, y a la que Batista había regresado en el tiempo cambiando a colonialistas españoles por imperialistas estadounidenses. Impresiona cuando se ven las pequeñas dimensiones del Gramma, la embarcación que llevó a los 82 valientes que partieron desde México y ahí se encuentra plasmado el valor de los revolucionarios y se agiganta la figura de los quince que sobrevivieron a la emboscada del ejército de Batista. También deja testimonio que el corazón del cubano está aferrado a su independencia cuando se ve en volcada en una pared la información cronológica de los atentados a la vida de Fidel y los actos terroristas perpetrados contra el pueblo cubano, prolijamente ocultados por la prensa mundial, perpetrados por las fuerzas imperialistas.

Nos faltaba el paseo por la Plaza de la Revolución y sacarnos la característica foto con el mural del Che de fondo. Frente a la plaza está el Mausoleo de José Martí, que tiene la estatua del mayor héroe cubano, con un edificio en forma de estrella que se eleva hasta el punto más alto de la ciudad. Dentro del edificio está el museo que recorre la vida del prócer con sus pensamientos gravados en las paredes y con el recorrido histórico de cada etapa de su vida en las salas que forman las puntas de la estrella. Ahí está cristalizado el amor del pueblo por su Apóstol de la Patria. La guía que nos acompañó por el derrotero de la vida de Martí nos tocaba el alma cuando repetía los poemas del héroe americanista. Escritor, poeta, periodista, diplomático, político y esencialmente libertario y revolucionario, José Martí fue y es la inspiración no solo de los que descendieron de la Sierra Maestra, sino de cada cubano en el presente.

Paseo por Santa Clara

Terminada nuestra estadía en La Habana e instalados en otra parte de la isla, como parte de nuestras vacaciones, nos quedaba por hacer un paseo por el monumento al Che, especie de paseo a la Meca de “zurdito argento”. Nuevamente gracias al tesón de mi compañera, conseguimos un paseo en taxi hacia Santa Clara, Ciudad que tomó el gran revolucionario, donde se realizó la hazaña del “Tren blindado” y descansan sus restos, desde que fueron recuperados en 1997.

Nuestro guía llegó puntualmente a las ocho de la mañana para llevarnos a pasear primero por el antiguo pueblo de Remedios, “capital de Jarana”, hermosa y antigua población. Cuarta ciudad fundada en Cuba con más de quinientos años. Gente caminando tranquilamente, puertas de casas abiertas sin cancerberos vigilando, carros a caballos haciendo de colectivos y bicicletas conformaban el paisaje, otra vez extraño para quienes venimos de grandes urbes que nos atacan con carteles y tapan el paisaje y nos distraen de las bellezas propias de cada ciudad.

Otra vez en ruta retomamos la conversación con el compañero taxista, que nos brindó una excelente semblanza de la actualidad cubana. Cuando comenzamos el viaje lo primero que nos contó fue cómo nacieron los hoteles de los cayos, en donde nos alojábamos. Los piedraplenes, grandes carreteras que atraviesan el mar que dan forma a las carreteras fueron realizadas durante el “período especial” como se conoce al que le siguió a la caída de Muro y del bloque Soviético, el gran subvencionador de la revolución durante la guerra fría. José Antonio, nuestro anfitrión, rescataba a ese período como el que permitió a Cuba tomar conciencia de sus potencialidades, sin ningún “papá” que les guíe. La crítica hacia al período previo al especial fue que los soviéticos hacían como que compraban y Cuba hacía como que producía y le vendía al bloque. El costo fue la caída de la capacidad de producción del campo en la parte agropecuaria, raíz de ciertas privaciones que viven hoy.

“Cuba es una tacita de oro”, y nos ilustró con algunos datos estadísticos. Sigo sosteniendo que el respeto al local debe ser absoluto y es la escucha la que aporta, así fue como se lo aclaré a mi nuevo amigo y lo atacamos con preguntas. Crítico de Fidel, por haberse quedado mucho tiempo en el poder, como el mismo líder lo reconociera (la aclaración la hizo José), nos contó que él había tenido la oportunidad de ir a trabajar a España, lo que lo habilitaba por conocer otra realidad por fuera de la del cubano medio. Pero cuando llegó el momento de volver a elegir su lugar en el mundo regresó a la patria. “Prefiero la vida de calidad ante una vida con confort” y ahí el orgullo cubano rescató nuevamente la base de legó la revolución: educación, salud y seguridad y agregó uno más, la solidaridad del pueblo cubano. “Cualquier vecino conoce lo que ocurre en tu casa como si viviera en ella”; “el cubano ayuda sin mirar consecuencias” resaltaba orgulloso de su pertenencia.

  • ¿Para ustedes cuál fue el mejor gobierno que tuvieron? – nos inquirió

Cuando expusimos nuestra adhesión al período Kirchnerista, nos dijo “para mí el gobierno de Néstor fue muy bueno”, estábamos en confianza, podíamos seguir conversando sin tener que adoctrinar ni ser adoctrinados (cosa que nos pasó con un par de compatriotas en el micro de traslado al hotel, aunque embadurnado de civilidad, cosas de la “grieta”).

Su mayor crítica a la revolución es que no se aprovechan todos los recursos eficientemente y la consecuencia es que el que se esfuerza y el que no, terminan en el mismo lugar. Una igualdad artificial que genera descontento entre los que al final de la jornada del trabajo les gustaría hacer otras cosas durante su descanso. “No quiero mucho, quiero llegar a mi casa y tener un poco de confort para descansar. Mi casa, mi carro y un pequeño bote para ir de pesca”. Educación, salud y alimento no los nombró, básicamente porque están asegurados. José Antonio tiene absolutamente naturalizado la función social del trabajo, el que hace cualquier actividad debe, aparte de pagar su impuesto, dejar algo para la sociedad. “Mis amigos me dicen, pero tú eres comunista”, algo llamativo suponiendo que estaba en un país comunista, pero a veces escuchar a los naturales del lugar, ayuda a entender que otras cosas pasan, cada vez más alejadas de los relatos mediáticos (o mediatizados).

Debate pendiente sobre algo que dijo Che en relación del cómo recompensar a los trabajadores, porque hay que revertir cinco mil años de historia. El populismo, o los gobiernos nacional populares, como quiera que lo llamemos, encuentran su punto de quiebre en el momento en que las necesidades básicas empiezan a cubrirse, cuando el que nada tiene y el que algo puede miran la misma vidriera, como dice el gran Osvaldo Bayer. Ahí es cuándo calan los conceptos de “vagos”, “choriplaneros”, “punteros”, “militonto” y otras tantas descalificaciones de la ciudadanía en ejercicio entran en lo profundo del sentido común que se genera en los centros del poder fáctico. Lo noté en Ecuador, lo noté en Cuba y el cambio de gobierno en nuestro país deberíamos analizarla también desde esta variable. Algo difícil porque entran a jugar los lugares oscuros del alma humana, la desconfianza de la que nos habló Hobbes cuando no se animó a decir que el hombre es malo por naturaleza, entonces la desconfianza transformaba al hombre en su propio lobo.

Nadie desde nuestro espacio de pertenencia política discute que salud, educación, alimentación y vivienda son la base de lo que pertenece a cada uno por el solo hecho de ser humanos. Qué es la concentración cada vez en menos manos de mayores cantidades de recursos la base de las desgracias de los sectores postergados. Entonces ¿porqué es tan difícil que los sectores populares con acceso a ciertos niveles de consumo miren con desconfianza a sus pares y con admiración a quienes los oprimen? ¿Sólo la influencia de los medios de comunicación que representan a los sectores corporativos es responsable? Cómo siempre hay más preguntas que respuestas. Pero ¿será lo justo que cada uno haga lo que le corresponde a la sociedad, ofreciendo su mejor esfuerzo para el bien común y el mayor premio debe ser ese, el esfuerzo plasmado en la comunidad bien organizada? ó ¿será que lo justo es dar a cada cual lo suyo, y según el esfuerzo realizado alcanzar el bienestar individual que llevará al bienestar de la sociedad? Platónicos y aristotélicos libres interpretadores nos disputamos conceptos, qué en mis treinta años de trabajar en distintas fábricas y distintos rubros, no encontré como debate en el proletariado, si es que esto existe en Argentina. El bienestar individual y el egoísmo extremado han calado en los conceptos sociales y lo encontré contrastado en Cuba, dónde todos tienen lo que necesitan, pero nada les sobra y eso produce cierto malestar, mientras en Ecuador el que no se esfuerza no merece el fruto del esfuerzo del resto, aunque no acceda a lo mínimo para vivir, algo similar en nuestra pampa. Eso sí, José Luis dejó muy en claro algo, los problemas de los cubanos lo deben resolver los cubanos, en el tiempo que les lleve, sin ninguna presión, sin ningún apuro.

Será hora de plantearnos, como ciudadanos, como sujetos con derechos y obligaciones cuál es la forma de equilibrar los dos conceptos, para que no se siga profundizando la única grieta histórica que hay que obligatoriamente cerrar, la de los que acumulan muchísimo más allá de sus posibilidades de consumo y los que se quedan sin otra posibilidad que ver como su humanidad es arrebatada. Cómo poder llegar a ese precepto jacobino de lograr que nadie sea tan rico de poder comprar a otro y que nadie sea tan pobre que se vea obligado a tener que venderse.

Volviendo al viaje, nuestro amigo José Antonio nos dejó libremente el tiempo que quisiéramos en el Mausoleo del Che. Imposible describir la emoción de ver, leer y conocer la lucha, el respeto y el reconocimiento del pueblo cubano a los héroes que los liberaron. Encontrarse o reencontrarse con la historia de ese gigante que no tenía horizontes imposibles. Ver a quienes a su lado dejaron su vida por la vida de sus compatriotas. Lo duro que es darse cuenta de que nunca seré como el Che.

Y así, sin seguir aburriendo en épocas de textos cortos e imágenes vacías, es como termino esta serie auto referencial de experiencias de viaje. Con mi intento de interpretación socio política y mi divague de filosofía barata y zapatos de goma, de un tipo común que salió del llano de mi querido oeste del cono urbano bonaerense a sorprenderse por la patria grande. Y mientras escribo estas líneas en la tranquilidad de mi casa recordando los buenos momentos vividos en Cuba, no deja de rondarme la cabeza el dolor de una familia que está siendo constantemente agraviada mientras se pregunta ¿dónde está Santiago Maldonado?

 

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