La secundaria del presente

por Gala Kreisler

En días donde los colegios secundarios son noticia por oponerse a la reforma educativa conocida como “La secundaria del futuro”, los bachilleratos populares también buscan ser oídos por el Ministerio de Educación porteño.

Hay una realidad: los bachilleratos populares no pueden ser tomados. No porque los y las estudiantes no quieran hacerlo, sino porque los mismos forman parte del proceso de toma de decisiones de los aspectos que hacen a la organización y funcionamiento de tales establecimientos, por lo que sería un contrasentido rebelarse contra algo de lo que ellos forman parte. Entonces ¿Cómo se hacen oír?

El pasado miércoles 20 de septiembre la Coordinadora de Bachilleratos Populares en Lucha convocó a una movilización frente al Ministerio de Educación de la Ciudad, ubicado en la Avenida Paseo Colón.  La misma tuvo como objetivo  solicitar el reconocimiento de los bachilleratos populares como centros educativos, lo que incluye la reapertura del registro de bachilleratos populares, el pago de salarios docentes y el financiamiento integral, de la misma forma que sucede con las secundarias que forman parte de la planta estatal. Estos establecimientos educativos no poseen recursos para materiales didácticos, becas ni mantenimiento edilicio.

El reclamo no busca opacar la lucha que vienen llevando a cabo las secundarias públicas porteñas, sino visibilizar la otra educación. Surgida para dar respuesta aquellos jóvenes y adultos que son expulsados del sistema educativo tradicional, en la situación de crisis actual vuelven a tomar preponderancia y buscan hacerse oír.

La Ministra de Educación de la Ciudad, Soledad Acuña y la Subsecretaria de Coordinación Pedagógica y Equidad Educativa, Andrea Buzos, no se han manifestado en relación al reclamo de estos establecimientos, lo cual evidencia la estrategia de minimización de la problemática.

Un reclamo del pasado

La lucha de los bachilleratos populares no es nueva. Surgidos en el marco de la grave crisis que se desató en el año 2001, desde hace 15 años buscan el reconocimiento estatal, que incluye financiamiento integral, reconocimiento de los salarios para los docentes (que trabajan formando parejas pedagógicas) y otorgamiento de becas. Actualmente se está elaborando un censo sobre la cantidad de bachilleratos que existen en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, dada la desidia gubernamental para con estos establecimientos educativos.

Esta invisibilización genera situaciones muy desiguales entre los mismos bachilleratos, donde algunos cuentan con reconocimiento de la Planta Orgánica Funcional, otros están habilitados para otorgar títulos y los más privilegiados reciben salario por el trabajo de los docentes; pero son los menos los que reúnen todos estos requisitos. Actualmente hay cinco bachilleratos nuevos que el Estado se niega a reconocer, argumentando que la demanda se encuentra satisfecha.

Todos los años cerca de 10.000 vacantes quedan excluidas de la educación pública, por lo que los bachilleratos se constituyen como la única alternativa para quienes buscan completar sus estudios secundarios, en lo que se trata de un derecho que debería ser garantizado por un Estado que se ausenta. En el gobierno de la Ciudad la fuerza oficialista es la misma en los últimos 10 años, la cual desoye sistemáticamente el reclamo de los y las estudiantes y trabajadores de estos establecimientos.

La fuerza que moviliza y aún sostiene estas experiencias educativas proviene de quienes estudian en ellas y quienes dan clases allí, muchas veces apoyados por cooperativas y organizaciones sindicales. Juntos buscan dar respuesta a una demanda social que es ninguneada por el Estado, que aduce considerar satisfecha la demanda educativa y por ello no reabre el registro de Bachilleratos Populares, cuya demanda no deja de incrementarse año a año.

En momentos donde los colegios secundarios públicos son noticia por la reforma que intenta imponerse desde Cambiemos, los bachilleratos populares aun buscan el reconocimiento, volver visible lo invisible y demostrar que es posible otra forma de educación. Esta no está vinculada con convertir a los estudiantes en mano de obra gratuita para las empresas como pretende el proyecto de “Secundarias del futuro”, sino la formación de sujetos críticos y comprometidos con la realidad de sus comunidades.

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