Llamado de guerra

Por Víctor E.G.

La denostación digitada hacia un sector de la política argentina se viene llevando a cabo desde el año 2008, luego de la Resolución 125, que nunca fue llevada a cabo gracias al “voto no positivo” de Cleto Cobos. La decisión política del vicepresidente reflotó la eterna brecha que tiene por un lado al pueblo asalariado y por el otro lado a la patronal agraria. Por ese entonces, los terratenientes sojeros de la Sociedad Rural Argentina contaron con el apoyo del monopolio Clarín, para llevar acabo su cruzada patriótica. La engañosa frase: “El campo motor económico de la Argentina” fue puesta en la cabeza de los ciudadanos de a pie que nada tenían que ver con la repartición de las riquezas de los gringos argentinos. Sin embargo, el operativo mediático campechano, tuvo  su éxito, conquistar parte del apoyo popular.

El calor político llegó al punto máximo de ebullición: marchas a favor del gobierno de esos años y marchas en contra del mismo. Sospechosamente, el periodismo hegemónico no tomó apuntes, ni echo culpas por el desabastecimiento alimenticio y la disparada de la inflación, provocada por los tres meses de cortes de rutas realizados por el “piquete blanco”, que estaba dispuesto a tomar las armas en defensa de sus intereses económicos. También, las marchas opositoras, se caracterizaron por la violencia verbal, que fueron atizadas por los mismos políticos que hoy gobiernan el país y en un pasado fueron feroces opositores al gobierno de tinte Nacional y Popular.

El macrismo y todo el conjunto de la derecha nacional, históricos aliados y socios de la oligarquía argentina, prometieron acabar con los enconos y con los odios de clases: fue una de sus promesas de campaña: “La unión de todos los argentinos.” La alianza de todo el pueblo argentino salida del precario discurso macrista, fue la contracara del discurso “crispado” del último mandato de CFK. Crispación, fue una teoría de la anti-política, creada por  de la usina clarinesca, con la idea de contrarrestar el discurso filosófico político de la Primer Mandataria y en su lugar hicieron una furtiva crítica a los modos y gestos del enunciador, transformaron el argumento político en una discusión de peluquería. El apoyo del medio concentrado, tuvo un éxito parcial, pero suficiente para que las mentiras del Cambio llegaran a la Casa Rosada.

Los hechos actuales, demuestran las mentiras, propias de una estrategia de engaño que no es nueva en la historia de los gobiernos conservadores. La ideología de exclusión que vivimos es un rasgo natural en el mundo de los ricos. Además, todo lo que pueda interferir en contra de sus espurios intereses económicos debe ser erradicado en forma tajante. Por esa razón, Argentina sufre diversos tormentos por parte de los poderes institucionales: presos políticos, persecución ideológica, censura a periodistas no afines al gobierno, servicios de inteligencia que actúan como en las viejas épocas de sangre  y plomo con capuchas y sin identificación deteniendo ciudadanos inocentes y lo más triste, la desaparición forzada de personas, en el contexto de una represión llevada a cabo por Gendarmería. Todas las arbitrarias medidas fueron y son necesarias para cristalizar una nueva etapa neoliberal.

 Soldado a sueldo

Para justificar éste despótico accionar de los uniformados, se necesitó del auxilio de los deformadores de opinión: el periodismo político amarillo. La lista de periodistas “voluntarios” y simpatizantes o simples ciervos del neoliberalismo nacional, es interminable; sólo podemos ver que el ejército mediático está atacando en todos los frentes. Clarín, a la cabeza; a sus costados el satélite de vieja data, el diario La Nación, y a ellos se sumaron el grupo América y el Canal 26, con menos intensidad de fuego, pero con una persistente diatriba en contra del populismo. La idea, es proscribir moralmente a un sector político que ganó las últimas PASO en la provincia de Buenos Aires. La nueva metodología prohibitiva es volver a reflotar la antigua canallada, de “La Teoría de los dos Demonios.”

Para ello no hay nada mejor que la oratoria del odio, que fue enunciada por un ex integrante del “Movimiento Todos por la Patria” y actual periodista de TN, Alfredo Leuco que con aires dramáticos expresó: “No alcanza con prender una luz roja de alarma; nos han declarado la guerra y entre todos tenemos que hacer algo, antes que sea demasiado tarde para lágrimas”. El llamado bélico, fue dicho para justificar la represión que hubo por parte de la policía de la CABA luego que culminó la multitudinaria marcha en favor de la aparición con vida de Santiago Maldonado, que más tarde, contó con el arresto de treinta personas, entre ellas periodistas gráficos que estaban tomando imágenes del castigo de los uniformados a personas que no cometieron ningún tipo de desmán. De alguna forma había que ensuciar el justo reclamo y para ello se apeló a los mercenarios mediáticos.

No es casual que Leuco quiera la guerra. En un pasado el soldado del macrismo, fue Secretario de Actas del grupo guerrillero “Todos por la Patria”, comandado por Gorriaran Merlo. En los tiempos de la presidencia del doctor Raúl Alfonsín, más exactamente el 23 de enero de 1989, los guerrilleros tomaron por la fuerza los cuarteles de La Tablada. El funesto saldo dejó muertos a pibes conscriptos, junto con algunos integrantes de la guerrilla. Con éstos antecedentes, podemos preguntarnos: ¿A quién le declara la guerra el ex guerrillero, a los infiltrados “anarquistas” con flamantes banderas negras que gritaban, uno, uno, uno, delante de la pasividad de la policía quienes eran apedreados por los “anarcos”; o declara la guerra a todos aquellos que no quieren un desaparecido más por el Estado Nacional?

Una pregunta de fácil respuesta: la guerra la declaró el neoliberalismo en defensa de sus ilegítimos intereses. Y para ello, fue necesario el andamiaje mediático, para confundir a la población e inyectarle una dosis de terror para que legitime la necesidad de un estado policial represor, que nos “defienda de las hordas opositoras” al macrismo; cualquier similitud con la última dictadura cívico militar, no es pura coincidencia.

Almuerzo y cena para el Sentido Común

Los almuerzos y cenas de los fines de semana de la presentadora estrella del Canal 13, tiene una vasta experiencia en la fabricación del sentido común. Allá por el 21 de septiembre de 1978, Legrand defendía con orgullo nacional a la dictadura de Videla. Los aberrantes crímenes cometidos por el terrorismo de estado, fueron sacados a la luz por el periodismo de varios países europeos y ante esa verdad absoluta, la diva dijó que había “una campaña en contra de Argentina”. Cabe resaltar, que en ese almuerzo participaba otro ícono del divismo argentino: Susana Giménez, confesa militante de presidente “Mau”, que describía la envidia de los países del Viejo Continente hacia nosotros, por haber organizado el Mundial de 1978, en nuestras tierras.

El armado del sentido común necesitó de la mentira, comunicada por la aristocracia de la televisión argentina de todos los días. Es así, que cualquier acto de supina ignorancia puede llegar a ser tomado como verdadero por el común de las personas. En el afán de desprestigiar gobiernos que no son el agrado de la señora de “alma rubia”, que por ejemplo, justificó una dictadura en donde no la hubo, expresó hace unos años atrás, con respecto al gobierno de CFK lo siguiente: “ Hay miles de personas que piensan como yo. Lo de los militares era terrible porque había muertos y desaparecidos. Pero esto es un poder enorme, el poder judicial, el poder legislativo. No hay diferencia”. El rencor conservador, va más allá de un nombre en particular, muestra sus dientes a todo lo que no esté en su marco frívolo egocéntrico, es un desprecio hacia otra clase social. La clase dominante, quiere que el resto obedezca su mandato: unos pocos comparten los manjares de la mesa mediática y el resto, que se conformen con las migajas que proyecta la televisión. Es vergonzante ver y escuchar a los funcionarios de Cambiemos referirse a la pobreza mientras engullen las finas comidas y brindan con buenos vinos, mientras que en el país aumenta la desnutrición infantil y la indigencia.

Haciendo lo que hay que hacer

Frase célebre de la Ministra Patricia Bullrich, en defensa de lo indefendible: el accionar represivo de la Gendarmería y el pacto de silencio y encubrimiento con el gobierno nacional, en referencia a la desaparición de Santiago Maldonado. La Ministra, defiende a la fuerza de seguridad con el discurso de proteger al Estado de un ataque terrorista por parte de grupos aborígenes mezclados con militantes políticos y terroristas internacionales. Sin dudas, el discurso descabellado se sostiene con las fábulas del periodismo de investigación (que parecería ser extensión de la AFI) y con el aporte de los panelistas de los programas de escándalo político. La Ministra habitualmente recorre los pasillos del multimedio del “gran diario argentino”, para fundamentar su deplorable gestión. Bullrich es un claro ejemplo de la influencia mediática en la creación de un absurdo actor político que tiene una delicadísima función a nivel nacional.

El mejor gabinete de la Ministra son los periodistas amigos que tapan su inepta gestión con historias descabelladas de terrorismo en Argentina. Al periodismo hegemónico y a los funcionarios nacionales y provinciales les debemos esta afrenta hacia la ciencia política, que todos los días es bastardeada con infamias, mentiras y alienaciones de todo tipo y marca. El discurso de guerra mediático-político, descubre esa porción de la población que en parte ignora el pasado y la otra porción se siente moralmente cómoda con las bajezas discursivas del tándem amarillo. Ignorancia y rencor, están contaminando la democracia argentina y peligrosamente nos impulsan a un pasado trágico en la historia argentina.

 

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