Una flaca como cualquier otra

Por Emiliano Delucchi

A la caza de los votos que le faltan para imponerse en una elección que se promete tan reñida como fundamental, la candidata a Senadora Cristina Fernández irrumpió en el estudio de Crónica sonriendo, abrazando y sacándose selfies con decenas de personas que se apretujaban para llegar hasta ella. Mostrándose cual rock-star pero sin dejar de agradecer en ningún momento, deslizó comentarios desde la pulcritud de los pisos y la calidad de las pantallas hasta la modernidad del estudio: toda una señora de barrio descubriendo un canal de televisión.

La entrevista

Luego de los casi 15 minutos de alboroto que constituyeron su entrada, la dos veces presidenta protagonizó una entrevista en la que, en un tono relajado y por momentos divertido, abundaron anécdotas hogareñas y referencias a vivencias personales. Tal ambiente fue posible gracias al oficio forjado durante décadas por el entrevistador, que le permitió evitar presiones e interrogatorios para lograr empatía con su invitada y así obtener algunas perlitas.

Desde el vamos Chiche avisó que la cosa se trataba de mostrar a “la mujer detrás del cuadro” y dio pie a una catarata de rememoraciones, risas y expresiones poco comunes en boca de la ex mandataria, que la mostraron como una mujer mundana, preocupada por asuntos de su familia. Viuda, madre, abuela, ser humano de carne y hueso que se golpea levantando juguetes, pega un par de puteadas fuera de cámara, o se asusta ante las situaciones de incertidumbre que provocan los diagnósticos médicos.

La cocina

Ante el cambio experimentado por la imagen que busca imponer en los últimos meses, es imposible no preguntarse a qué se debe semejante volantazo dado por la dos veces presidenta y su equipo de asesores. ¿Cuánto hay de estrategia electoral, cuánto de marketing político y cuánto vanguardismo y adaptación a los nuevos tiempos comunicacionales?

Pocos días después de la presentación de Unidad Ciudadana en Arsenal, propios y ajenos se interrogaron y trataron de explicar la nueva imagen de Cristina. Desde esta revista se sugirió (El siglo XX terminó en 2015) que la candidata a Senadora decidió incorporar el lenguaje millennial, prestando atención a la instantaneidad, la memoria a corto plazo y las referencias constantes a emociones volátiles y efímeras.

Tras la victoria por escaso margen ante un candidato oficialista deslucido como Esteban Bullrich, la ex presidenta parece estar segura de que los convencidos, el aparato, y los métodos de militancia tradicionales ya han aportado todo el caudal de votos del que son capaces, que fue materializado en el 34% que votó a Aníbal Fernández en 2015 y a ella misma en agosto de este año, por lo que los pocos puntos que den la victoria deben obtenerse en otro lado.

La construcción

La cantera de donde saldrán los votos para quien se alce con la victoria el mes próximo está formada por el tercio de votantes que no se identifica con ninguno de los candidatos que encabezan la elección, muchos de ellos ni siquiera se identifican con la política y una buena parte apenas sabe que es lo que se elige el domingo 22 de octubre.

Ante el desinterés parcial o total por el mundo de candidatos y gobernantes, ese sector del electorado construye su percepción de la política y lo político más como consumidor que como ciudadano. Al igual que todo consumo, el político ha experimentado una fuerte digitalización en los últimos años, por lo que los dispositivos móviles y sus redes sociales se convirtieron en grandes mediadores, transportando significantes a la vez que los deforman en un proceso de adaptación a su propio lenguaje.

Dicho lenguaje es breve, simple, de 140 caracteres y con la temporalidad de los “estados” de Messenger o las historias de Instagram y Snapchat, por lo que no hay lugar aquí para estrategias aburridas e innecesarias como grandes discursos sobre ideología, historia o política internacional. Aquí las reflexiones son reemplazadas por golpes de efecto, fotos con perritos que posteriormente son adoptados, besos a niños y niñas, risas, llantos con música sentimental de fondo, y si es posible todo ese junto. Se trata de golpear, cambiarse los guantes y golpear de nuevo para construir una imagen vendible para todos y todas.

Así, las referencias a su silueta, su rol de abuela, los recuerdos de su viudez y la clausura a la posibilidad de futuros amoríos se entremezclaron con referencias a hechos políticos relevantes, pero siempre con el formato de relato breve, para volver rápidamente a su rol en la cocina o sus gustos por el puré de calabaza. Nada de esto es fortuito y apunta a instalar un claro mensaje que rompa la estigmatización construida alrededor de Cristina durante años, el mismo que intentaron imponer sin suerte los muchachos de la Tupac Amaru el día que su líder fue entrevistada por Jorge Lanata: “Nosotros somos buenos”.

Dado el buen desempeño que ha mostrado frente a cámaras, es difícil comprender por qué la ex mandataria y su equipo no han optado antes por una estrategia de apertura a los medios de comunicación, que hasta ahora parece favorecerla frente al hermetismo y las conferencias sin lugar a preguntas que abundaron durante sus gobiernos. En menos de 30 días se verá si el cambio de estrategia da frutos, mientras tanto continuaremos recibiendo algunas dosis de una Cristina diferente ¿Será suficiente?

 

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