El milagro del cambio

Por Víctor E.G.

La audacia amarilla no tiene límites y se siente con total impunidad de acción. Se transmuta el viejo discurso neoliberal con una mezcla de acto de fe y desfachatez. El discurso del soberano por designio celestial proclama a su pueblo la milagrosa salida económica de un país donde aumenta la desocupación y el hambre.

Octubre es un mes en donde se define el rumbo político y económico de Argentina y por ende sabremos qué clase de sociedad tendremos para el presente y el futuro inmediato. Sabemos que la economía favorece a unos pocos y perjudica a muchos, el hambre y la miseria humana retornaron a nuestros márgenes de la mano del neoliberalismo amarillo. Lo más triste del caso es ese asombroso adormecimiento en una buena parte de la sociedad que sufre las inclemencias premeditadas de las viejas recetas económicas que seguramente nos empujarán al abismo social en poco tiempo.

La indiferencia y el desdén de ese eterno grupo minoritario que desprecia al Estado benefactor y que hoy maneja los destinos de argentinos y argentinas, los cuales (en buena fracción) creen en el nuevo discurso milagroso: “No hay marcha atrás en la Argentina para el repunte económico”. La nueva “religión civil”, se hace presente en la era de la posverdad, en la cual el discurso del soberano por designio celestial proclamó a su pueblo la milagrosa salida económica de un país en el cual los índices de pobreza e indigencia aumentaron cruelmente en los últimos tiempos. Claro está, que la voz del soberano es ampliada por las empresas corporativas mediáticas, quienes funcionan como serafines comunicacionales.

La audacia amarilla no tiene límites y se siente con total impunidad de acción. Se transmutó el viejo discurso neoliberal con una mezcla de acto de fe y desfachatez. Ni el mismísimo Jean Jaques Rousseau se hubiera imaginado cómo el gobierno de la desigualdad natural utilizó un párrafo de su excelsa obra, “El Contrato Social”. En función de la continuidad de vanas promesas para los que menos tienen y el aumento de sus penurias cada día que pasa. Escribió el ginebrino: “Los dogmas de la religión civil deben ser sencillos, pocos y estar enunciados con precisión”. Y vaya si el presidente argentino siguió (seguramente sin saber, pero bien asesorado por los esbirros destructores de la densidad de los conceptos científicos) al pie de la letra la oratoria, que no sólo es sencilla sino que raya la brutalidad cuando escuchamos sus míseros discursos políticos, que más que nada parecen fórmulas de autoayuda.

Sin embargo, esta estrategia del cinismo y del engaño surgió su efecto en la ciudadanía que amparó con sus sufragios las políticas de exclusión y miseria social. Tal vez, diría Rousseau, la paupérrima oratoria del presidente logró que su profesión de fe puramente civil, pudiera fijar los dogmas, no como religiosos, pero sí como dogmas de sociabilidad. Los cuales se presentan con la propaganda política oficial que reparte a diestra y siniestra el dinero de las pautas publicitarias. Las imágenes televisivas agrandan la realidad virtual en la cual algo insignificante como lo es un asfalto de una calle se convierte en una colosal obra nunca antes hecha; o la instalación de las cloacas y soslayaron que la falta de obras fue por los muchos años de privatización de las empresas encargadas del servicio de agua y cloacas que no invirtieron el dinero de los contribuyentes en nuevas obras de infraestructura, sino que ese recurso se fugaba del país e iba a parar a saber qué paraíso fiscal.

El baño de moralidad pronunciado por aquellos que sí entendieron cómo estafar al Estado con la evasión de impuestos y de esta forma agrandar sus indignos capitales. Ellos nos hablan de corrupción, hartamente escuchamos esa palabra haciendo hincapié en la gestión de los gobiernos anteriores y con hastío vemos los retratos de los supuestos corruptos disfrazados con cascos y chalecos antibalas saliendo de Comodoro Py, (parte importante del nido del PRO) el cual junto con una parte del Poder Judicial actuaron en alianzas con los medios oficialistas, quienes arman el escenario antes de que el acusado sepa de qué se lo imputa. La opinión pública ya los ha condenado por los argumentos dados por el periodismo político amarillo. Y toda esa farsa es para tapar la realidad de la devastación de un Estado.

El acusado, ya es tirado a la hoguera y además es también incinerado por el poder político macrista que raudamente sale a defender las bárbaras interpretaciones de la ley por parte de algunos jueces amigos del gobierno.  Sumado a los políticos que actuaron, como la Inquisición que quemaba los cuerpos para que el hereje no tenga entidad cuando tenga que ser resucitado en El Juicio Final. Es decir, no sólo soportar  la sospechosa condena judicial, sino también la proscripción política, “no vuelven más”, dijo la cándida gobernadora, hace poco tiempo atrás en su festejo anticipado en las últimas PASO.

Un contraste alentador

Circuló en estos últimos días por las redes sociales un video realizado por el diario Página 12, un comunicado de los Curas en Opción por los Pobres, en los cuales hay muchos puntos a destacar que van en contra de la desigualdad natural que nos propone el macrismo y todos sus aliados. El Padre Eduardo De la Serna, expresó con ardor espiritual: “Ser pobre es malo. El que diga que ser pobre es bueno no entendió nada, porque nunca tuvo hambre en su vida”. Y el hambre, es la herramienta adoctrinadora que utilizaron los neoliberales históricamente. Las aciaga frase “el cambio, todavía no llegaron a todos argentinos”, contrasta con el arduo trabajo caritativo de los curas por los pobres, quienes día tras día tienen más bocas para alimentar. Para los hambrientos, el famoso discurso de las bonanzas que a futuro traerán las políticas de largo plazo que siempre favorecieron a los poderosos, es decir, al grupo de CEO´s gobernantes que hoy nos someten al dogma excluyente e irreal de un futuro mejor, no ha llegado.

El sacerdote De la Serna redobló la apuesta y sacó un concepto político digno de un sociólogo o de un politólogo: “Éste modelo es un modelo genocida por goteo”. Es paradójico, escuchar a un presbítero con conceptos políticos tan claros y que hace una asociación con ese primitivo cristianismo social o por qué no decir un socialismo cristiano, y el contrapunto, un presidente que a duras penas puede verbalizar una frase racional referente a las políticas que van a ser llevadas a cabo por su mandato sin mediar de por medio la palabra “cambio” o “sí se puede”. Sin dudas, el discurso del milagro del resurgimiento de la Argentina que tiene como liturgia los íconos, las postales de un Metro Bus, de un  túnel, o del Mercado en tu barrio, puede persuadir a sus creyentes. A los cuales ya no se le pide más paciencia en la búsqueda de un futuro mejor. Ya no es así, ahora ese próximo promisorio es ahora; llegó como un milagro caído del cielo, por obra y arte de la sinceridad de los santos republicanos, esforzados empresarios que tuvieron que sacrificar sus fortunas para tomar los mandos políticos de la Nación, para llegar a la pobreza cero. Y a esas imágenes “patrióticas” sumémosle el discurso de la venerable honestidad del presidente, que juró por la misma en su asunción presidencial.

El “no va a robar porque es rico” salido del imaginario común sigue surgiendo efecto a la hora de una elección. Tal vez, aquí encontremos el “admirabili” del discurso macrista. Sin embargo, queda una luz de esperanza, a diferencia de los ´90, no todo está perdido. Aunque, las voces racionales quieran ser acalladas por palabras de falsas ilusiones y promesas de un bienestar para los pobres dado por las manos de los poderosos que necesitan llenar más sus arcas para que se presente el bienestar general y el cual nunca asomó su equidad por estas tierras, saldrán al cruce los verdaderos humanistas espirituales que se juegan el cuerpo en estos tiempos de represión estatal mediática y dirán sin ningún tipo de reservas:

“Un cristiano no puede darle el voto a un gobierno como éste, que multiplica las ayudas fraudulentas a sus amigos, facilita la ganancia de los ricos y condena a los pobres a la marginalidad y lo hace a la luz del día con mentiras y desparpajo”. (Curas en Opción por los Pobres).

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