La batalla de Octubre

Por Juan Manuel Erazo.

 Entramos en el tramo final de unas elecciones nacionalizadas y polarizadas, donde la mayor parte de las fuerzas se juegan más que un par de bancas en el Congreso ¿Qué implica un triunfo de Cambiemos? ¿Cuál es la necesidad de un triunfo de la formula CFK-Taiana?

 

 El domingo 13 de agosto los resultados de las elecciones golpearon fuerte la moral de la militancia popular. Hasta el más optimista esperaba otro escenario, esperaba un voto que expresase el descontento que días previos se había visto en las calles. Por el contrario, con maniobras mediáticas por medio pero con caudal electoral claro, Cambiemos se erigió como el ganador, no sólo por su avance a nivel nacional ganando en provincias Santa Cruz (cuna del kirchnerismo), Neuquén (ganándole al histórico y tristemente célebre Movimiento Popular Neuquino) y San Luis (donde los Rodríguez Saa perdieron por primera vez en 32 años), sino también por haberle empardado a su principal figura opositora, Cristina Fernández de Kirchner.

En estas elecciones se juga más que las bancas del Congreso. Es una evaluación del proceso de avance conservador que comenzó en Argentina alrededor del 2013, donde el establishment pasó a unificar fuerzas y apostar a una herramienta política que los represente. El capital financiero, los grupos agroexportadores, los comerciantes intermediarios, los especuladores, algunas cámaras industriales, todos (o la mayoría) aunados, con un plan político y económico claro, y una fuerza a la cual apostar: el PRO. Esta es la fuerza que hoy hegemoniza lo que Cambiemos representa, subordinando sus aliados radicales (que aspiraban a dar un salto cual trampolín), consolidando un discurso y una fuerza nacional. Pero más importante aún, el gobierno alcanzó su objetivo de mostrarse solido ante las multitudinarias movilizaciones y manifestaciones de repudio en las calles. Básicamente, encontró fortaleza en las urnas. Es el kichnerismo en su mejor momento, pero a la inversa.

Un triunfo contundente de Cambiemos en estas elecciones sería la legitimidad y el impulso necesario para avanzar en sus políticas económica, donde el crecimiento se mida en “inversiones”, donde el objetivo sea transformarse en “el supermercado del mundo”, forzando la reprimarizacion de la matriz económica, bajando el “costo” salarial (es decir, implementando un flexibilización laboral considerable). En fin, el granero del mundo versión 2.0. Pero no basta la con la legitimidad de las urnas para avanzar con este plan, hay que desmontar un complejo armado de estructuras sindicales, políticas y de organizaciones populares que han empantanado, sin dudas, el camino del Gobierno en las calles. Cuenta con las armas para desgastar la organización popular: el poder judicial para judicializar a los principales dirigentes que pongan resistencia; el poder mediático para omitir, tergiversar, manipular e inventar la realidad que sea necesaria en redes sociales, televisión y radio; el poder político gobernando el Estado Nacional y los distritos más grandes del país; poder territorial con capacidad de insertarse en los barrios con organismos públicos (María Eugenia Vidal a mostrado ser hábil en esto); y el poder de la fuerzas de seguridad, con la Policía Federal y Gendarmería a la cabeza.

El campo popular o cómo garantizar que una rana hierba

Dicen algunos que si uno tira una rana al agua hirviendo esta intentara escapar sin dudarlo, del salto que pegué quizá ni se quemé, porque entiende el peligro al que fue expuesta. Sin embargo si uno pone a la rana en una olla con agua fría y se va calentando el agua a fuego moderado, esta ni siquiera se dará cuenta que se está cocinando lentamente. La rana no se da cuenta, o lo hará cuando ya sea demasiado tarde. A dos años de gobierno de Cambiemos contamos con una dirigente social detenida después de un proceso escandaloso, un militante desaparecido hace más de 60 días, crecimiento abismal de la deuda externa, cientos de miles de despidos, tarifazos, mayor presencia de las fuerzas de seguridad en los barrios, en fin, la lista sigue. Imaginemos entonces una fábrica que dejó de ser intervenida por el Estado y pasó a manos de sus verdaderos dueños, es difícil pensar que los ente reguladores volverán a la fabrica así porque sí, que es solo un mal rato nomas, una mala racha.

Detrás del triunfo de Cambemos no hay una anomalía, hay un plan bien calculado, con sus torpezas, pero pensado y con banca de sectores muy poderosos. Y este plan va a recrudecer, se va a poner más feo, es decir, habrá una intensificación del proceso de lucha de clases, porque este es el clima continental del proceso. La pregunta es entonces es ¿Con qué herramientas cuenta el campo popular para hacer frente a esta avanzada? ¿En qué situación se encuentra?

En primer lugar el campo popular se encuentra en un proceso de fragmentación y de fuerte debate interno pero sin viento a favor para poder realizar síntesis sin pagar costos inmediatos. Son esos escenarios donde prima la desesperación por encontrar atajos que nos lleven a mejores escenarios, o la marginalidad de no estar a la altura de las circunstancias. Cuenta igual con fuertes estructuras organizativas que en algunos casos han demostrado tener capacidad de realizar articulaciones. Hay núcleos de buen sentido insertos en la sociedad, hay organización sindical, hay organizaciones sociales, hay ADN de lucha. Cuando es necesario las plazas se llenan porque hay musculatura para hacerlo.

Aun así el pueblo que vive del trabajo cuanta con miles de organizaciones distintas (la mayoría enfrentadas entre ellas) y 4 centrales sindicales con disputas intestinas y que pocas veces articulan entre sí (CGT y hasta ahí, dos CTA y la CTEP). Es imposible que ante este escenario se pueda impulsar una sola herramienta política de los sectores populares.

Hay ensayos de esto, y Unidad Ciudadana que es uno sin duda, no logra ser la herramienta política de los sectores populares pero si una expresión progresista de sus intereses, esa es su potencia y ese es su límite. La figura de Cristina Fernández de Kirchner logra ser la más representativa de mucho malestar neoliberal, pero no un liderazgo consolidado. Y aunque algunos se “autocorran” con la vaina de la historia, este es un dato concreto que habilita la existencia de experiencias por fuera de Unidad Ciudadana, que habilita el debate, que precisa entender que se está en proceso, con muchas ideas en el horizonte todavía.

Ahora bien, a cualquier militante popular puede gustarle menos o más la figura de Cristina, puede  gustarle o no el perfil de campaña que encara, pero no es lo mismo si Cristina gana o no estas elecciones. Un triunfo de Unidad Ciudadana en la provincia de Buenos Aires demuestra que el campo popular todavía tiene posibilidades de construir algo superador a sus últimas experiencias. Demuestra que todavía hay capacidad de marcar la agenda en épocas donde la derecha la dibuja constantentemente. Básicamente, demuestra que hay capacidad de ofensiva popular porque demuestra que no hay consenso total con el plan de ajuste. Un triunfo de una referente marcadamente opositora y anteneoliberal ayuda a frenar el avance oficialista.

Es por eso que Octubre es una batalla importante dentro de una guerra que se está tornando prolongada y desigual. Es momento de paciencia y reflexión siempre con la guardia en alto. Dijo Sun Tzu en El arte de la guerra: “Un ejército victorioso gana primero y entabla la batalla después; un ejército derrotado lucha primero e intenta obtener la victoria después.” ¿Qué implica ganar primero? Generar las condiciones para el triunfo, es decir, no abandonar el desgaste que le genera al gobierno la irrupción pública del descontento, avanzando en la conquista de un buen sentido incluso en aquellos temas incómodos para el imaginario progresista, buscar la tan ansiada unidad de aquello que resiste en este país, militar cada barrio, cada escuela, cada fábrica. En definitiva, redoblar esfuerzos.

 

@JuanchiVasco

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