Una escritura política para el rock

Por Cristian Secul Giusti[1]

La banda británica Scritti Politti es un verdadero hallazgo en el universo de la cultura rock-pop mundial. Formada originalmente hacia finales de la década del 70, se inscribió en la sigilosa, pero potente cueva post-punk de la escena inglesa y agregó un distintivo notable en esa corriente musical inquieta: sus letras remitían a escritos filosóficos y lógicas marxistas reafirmadas por la presencia estética y política de Antonio Gramsci.

Scritti Politti, como nombre y entelequia, refiere directamente a los “escritos políticos” que realizó el gran autor italiano desde el ostracismo carcelario. Por esta razón, el grupo se concibió como un proyecto de música pop, de estirpe artística new wave y expresionista que logró forjar una tesitura política desde la publicación de su primer disco, titulado Songs to remember y editado en 1982.

Este álbum -oculto y un tanto perdido entre las mieles del pop ochentoso y de la propia historia de la banda-, activa hoy un espectro interesante de discusiones políticas y de perspectivas estéticas en tiempos neoliberales. A 35 años de su edición vale traerlas a la luz porque revaloriza contigüidades políticas y ponen en crisis una idea típica que separa al rock de los carriles políticos.

Punk y después

El líder y único miembro vigente y actual del grupo, Green Gartside, destacó que el nombre Scritti Politti fue elegido como homenaje a Gramsci. Sin bien esto es real, la referencia contiene un leve cambio en nomenclatura original. El desplazamiento de “Scritti Politici” a “Scritti Politti” es sustancial y se debió a una decisión personal-comercial de Gartside por su reminiscencia directa con el ideario rockero de los 50 y, más precisamente, con el “Tutti Frutti” de Little Richard.

Dicho esto, en sus primeros años de rodaje, la banda se dio a conocer dentro de la esfera punk, y luego de los esfuerzos pudo inmiscuirse en la correntada post-punk de principios de los 80. Esta estética le resultó positiva a la agrupación porque le permitió profundizar una diversidad sonora vinculada al reggae, el dub y el rock cercano al punk.

Siguiendo este camino, las alusiones a figuras intelectuales como Karl Marx, Mijail Bakunin, Jacques Derrida, Gilles Deleuze y Jacques Lacan admitieron una estética aún mayor y ecléctica en las letras. Por este motivo, la situación de diversidad lírica y sonora generó interés en el universo underground del post-punk inglés y creó las condiciones para que el grupo grabase su primer disco.

Songs to remember se editó en agosto de 1982, a pocos días del regreso de las tropas británicas al territorio europeo, luego de su victoria en la guerra de Malvinas.  Este álbum debut obtuvo consideraciones positivas por parte de la crítica especializada y logró imponer un moderado hit en las radios de rock: “The sweetest girl”.

En cuanto a lo discursivo, las nueve canciones del disco se encontraban articuladas en función de una tematización política específica, preocupada por las contingencias y las demandas de una población inglesa atravesada por los esquemas neoliberales de Margaret Thatcher (1979-1990). Por esta razón, la obra articuló una serie de canciones de crítica política en un contexto de clivajes conservadores, de moral hipócrita y revalorización de los postulados religiosos.

Una obra política

Songs to remember ponía en cuestión la problemática del lenguaje a partir de una impronta de diagnóstico político, amoroso y sexual. De esta manera, el disco enlazó tres momentos conceptuales que permitieron entender el contenido lírico de la propuesta. Por un lado, abarcó el tiempo desde una ofensiva de tensión con lo real y lo considerado verdadero. Por otro, recuperó una idea de reflujo y de dialéctica de la defensiva, resaltando así las diversas formas de constatar la existencia de cuerpos o amores en un ámbito de industria cultural. Y en última instancia, construyó una reflexión política, posiblemente vinculada a una derrota de las mayorías y de resistencia contra la lógica conservadora de Thatcher.

Siguiendo esta lectura, la referencia a Friedrich Nietzsche en “Asylums in Jerusalem” colocaba en crisis el postulado de lo verdadero, subrayando la falacia como tópico central del momento contextual inglés. En este aspecto, la lógica argumentativa de la canción relacionó otros momentos históricos con la escena thatcheriana de control de la información y potenció así la retórica con la historia de los falsos “profetas” que precedieron a Jesús.

“The sweetest girl”, el hit del disco, exponía la promesa, el mito y el cliché presente en la visión idealizada masculina de la chica perfecta. De esta manera, en “Sex” habilitaba también la repetición del concepto como estrategia enunciativa y provocaba una invitación al goce y a la actitud no pasiva en su tránsito lírico.

La canción “Faithless”, por su parte, resaltaba la importancia de confiar en lo político, casi como una cuestión teológica y propósito para lograr una equidad social, sin estrabismos progresistas. En efecto, la referencia a filósofos famosos se profundizó en “Jacques Derrida”, una canción que remarcaba la contradicción existente entre las políticas del deseo y el universo reaccionario del thatcherismo que censuraba, detenía y clausuraba las estrategias cotidianas de satisfacción.

En sintonía, “Rock-a-Boy Blue” diagramaba una burla a la típica pose del rock. En función de ese entramado, puntualizaba también un universo material de la cultura juvenil y remarcaba la supuesta ausencia de lo político en las intenciones rebeldes. Por su parte, tanto “A slow soul” como “Gettin’ Havin’ and Holdin’” (que en ese acumulado de acciones remitía al clásico “Crying, waiting, hoping” de Buddy Holly) detallaban una posición de permanencia y sostén a pesar de las adversidades (con nociones metafísicas y también románticas).

Finalmente, y de un modo más críptico, la estrategia discursiva de “Lions after slumbers” activaba una seguidilla de enunciados posesivos que incluía una línea poética y política del soneto “The mask of anarchy” y escrito por Percy Shelley (“Como leones después del sueño, en un número imposible de vencer”).

Opciones para repensar 

Songs to remember permite repensar hoy la relación existente entre la cultura rock y los entornos políticos de la actualidad a nivel global. Cada una de las líricas presentes en el álbum reconocía la politicidad como praxis dominante, y a partir de un diseño estratégico, proyectaban un presente y también una consideración a futuro. El grupo, a pesar de sus deficiencias de circulación y ubicación dentro del mapa Post-Punk, logró un abordaje interesante dentro de su estructura rockera: supo imponer un discurso intertextual de autenticidad que se contrapuso a la cultura, los marcos ideológicos y la organización de la sociedad neo-conservadora.

En rigor de sus nueve tracks, el álbum puso el foco en la política del detalle y comprendió también las cuestiones cotidianas en el interior de las prácticas. Así, colocó en tensión la hegemonía discursiva del ethos tatcheriano e intensificó una mirada ácida sobre el lenguaje de lo real y del simulacro. A partir de una sonoridad festiva y también voluntativa, Scritti Politti congregó entonces un paradigma transformacional de las estructuras: allanó los términos para una lectura política y cotidiana y sirvió como puente para enlazar la perspectiva de la cultura rock con las dimensiones de la política, la crítica y el desafío intelectual.

Por tanto, la perspectiva de Scritti Politti en este primer disco propuso una idea de rock como cultura de conmoción y de despertar sobre lo que sucede. Así, conteniendo esas coordenadas de análisis, es posible ver que el espectro cultural del rock no se sitúa únicamente en un limbo falsamente apolítico. Muy por el contrario, el espacio del rock postula un corolario en el que lo político vive y se configura en el tránsito contextual.

Este diálogo de tramas permite interpretar hoy que puede existir una cultura rock con conciencia de transformación, actitud de repudio y desconfianza hacia lo establecido. Esta perspectiva, de hecho,  puede convertirse en un escollo para los sectores que participan en la disputa hegemónica. Por ello, el disco debut de Scritti Politti vislumbra y confirma actualmente una tensión que no solo define una politicidad, sino también una poética de lucha que resulta trascendental para atravesar tiempos leoninos y devastadores como los neoliberales. Conviene focalizar la mirada en esas obras y también en los procesos desencadenantes que las circundan y retroalimentan. La tarea no es menor ni sencilla, pero los discos están ahí para hablarnos, seducirnos y atraernos el contenido político que resignifica y reactiva los mundos posibles.

[1] Dr. en Comunicación / Docente (FPyCS-UNLP). Twitter: @cristianseculg

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