Argentina Sociedad Anónima

Por Víctor E.G.

El idioma argentino, se anima a ir más allá del lenguaje de la “Madre Patria”. Por dicha razón, nos encontramos con algunas palabras con pocas letras y con unos significantes muy profundos que llegan de igual manera al entendimiento del ilustrado y al alcance cotidiano del iletrado. La palabra, “garca”, es utilizada sabiamente como sinónimo de estafador. Es decir, aquella persona que juega con la necesidad de otro semejante para recibir un beneficio propio. Y si nos ponemos analizar al concepto en una sintonía más fina, podremos ubicarlo como un derivado de la palabra oligarca u oligarquía.

El presidente  Macri, cerró el 53° Coloquio de IDEA, que se desarrolló en la ciudad de Mar del Plata. Tal vez, haya sido su exposición más amplia en tiempo y en la cual no faltaron los repetidos conceptos políticos vistos desde la cosmología neoliberal. Los dueños de la Argentina se reunieron con su par líder máximo del ejecutivo argentino. El gobierno paralelo de los pocos, desplegó toda su fuerza y sus “ideas” se resumieron en el discurso del presidente, que no escatimó elogios para los grandes empresarios: “Cuanto más grande es el círculo rojo, más grande y potente es un país. Es la gente que participa más activamente y se mete en la discusión”. 

Pocos años atrás, cuando Macri fue Jefe de la Ciudad de Bs. As., cometió un sincericidio en un programa de TN, al afirmar que ese grupo mediático pertenecía al Círculo Rojo argentino. Y lo definió como unos grupos empresariales que influían en la política. Personas del hacer y del pensar que habían impulsado una alianza entre Sergio Massa  y el PRO, con el fin de terminar con el kirchnerismo. Sin embargo, no tuvo el coraje de dar los nombres de los grupos para-políticos nacionales. Los dos conductores del programa “Código Político”, Blank y Van Der Kooy, rápidamente se hicieron los desentendidos cuando Macri los señaló como parte del Círculo rojo.

Fue cierta la expresión de Macri, cuando aseguró el poder de convencimiento que tienen los grupos hegemónicos sobre el “sentido común” de la gente y por ende expresan los que ellos les venden en favor de sus intereses. Pero, falló en su diagnóstico cuando dijo que la grandeza y la potencia de un país van asociados a la opulencia empresarial. El ejemplo histórico más triste y reciente fue la última dictadura cívico militar. En ese entonces “el mundo definió su camino”, como expresó Macri. Por intermedio del crimen, la bicicleta financiera, la fuga de capitales, la apertura indiscriminada de las importaciones que provocó la destrucción de la industria nacional que confinó a millares de argentinos a vivir en villas miserias, y a esto se sumó una descomunal deuda externa. El mundo neoliberal arrojó del camino a todo aquel que no podía sobrevivir entre caníbales económicos.

Claro está que el crimen de hoy no viene de la mano del plomo, pero sí, viene del lado de la desnutrición y de la mortalidad infantil, la CABA y la provincia de BS.AS acrecentaron los macabros niveles de muerte y de hambre en los últimos veinte meses de gestión.

 

Cultura emprendedora

La meritocracia neoliberal, tiene por intermedio de un discurso pastoril la intención de inculcar el fracaso o el triunfo del hombre económico por intermedio del grado de voluntad estoica y el esfuerzo personal (que él haga) para conseguir su estabilidad económica. Macri, desafió con sus alentadoras frases los escritos de Marx, cuando se refirió a la acumulación originaria y las consecuencias de la misma. Macri, volvió a la carga con sus palabras: “Es un cambio cultural. Recuperar la cultura del trabajo, que el trabajo dignifica, algo que el populismo fue alterando en la cabeza de la gente”. Más que cambio de cultura, se diría apropiadamente, la continuidad de una tradición de sometimiento de los que más tienen sobre los que menos tienen. Y eso fue históricamente por el mal pago de los salarios, y hoy siguen perdiendo la lucha ante la inflación provocada por el gobierno de los CEOS.

El trabajo de los humildes, siempre fue agobiado por las políticas neoliberales que solamente beneficiaron a un selecto sector de la población y a una parte del argentino medio que subsisten con las sobras del banquete, y que piensa que los ricos derramaran sus mieles sobre el trabajo “genuino” de la clase media argentina, que no vio y ve las verdaderas intenciones neoconservadoras: saquear a más no poder.

Macri, no fue nada original cuando atacó a un sector de la sociedad utilizando la palabra “populismo”. Tal vez, tenga (el día de mañana) un lugarcito en la historia liberal y supere con su soberbia ignorancia a los dichos de Gino Germani, quien no tenía un buen concepto sobre el populismo, al cual lo tildaba de movimiento autoritario, en donde la anomia reinaba y la masa era vista potencialmente explosiva y peligrosa. Sin embargo, Germani se tomó el trabajo de argumentar sus inconveniencias con lo popular por intermedio de un análisis histórico. No encontramos este rigor científico en los vacíos argumentos del Presidente, quien atribuyó al populismo los males de la sociedad por la falta de voluntad laboral, o en comunes palabras: la vagancia es la responsable del estancamiento del país. En los discursos pastoriles de Macri, el populismo es la figura del diablo, que toma por asalto el espíritu de los hombres, y debido a él se le atribuyen todos los pecados de la humanidad.

Tal es así, que Macri, no pudo con su genio de líder de autoayuda y lanzó la arenga de vestuario: “Podemos salir de este modelo de resignación, donde la gente sólo podía aspirar a un empleo público como forma de subsidio encubierto del desempleo (…) alejarse del pesimismo crónico y no resignarse a cumplir los sueños”. Sin ninguna duda, los sueños de los dueños de la Argentina S.A, se hicieron realidad: los medios hegemónicos, los banqueros, y el poder económico en todo su conjunto, no solamente influyeron en las decisiones políticas y económicas de la Argentina, hoy son los patrones de los destinos de la patria.

Mientras tanto, la mentira del paraíso a futuro que ya tiene sus primeros “brotes verdes” ha llegado para la prosperidad de todos los argentinos, la ficción sigue vigente como hace dos años atrás. Para el presidente neoliberal, el pesimismo crónico se manifiesta en una parte del pueblo que cuenta con una educación política que pone al descubierto las intenciones de los poderosos. Además, los neoliberales en el poder político, responsabilizan al trabajo estatal por los descalabros económicos y lo denigran comparando un sueldo legítimo con una contribución escondida.

 El viejo sueño de un Estado con la menor cantidad de trabajadores posible, e infestado de tecnócratas con siderales sueldos que en nombre de la calidad y la eficiencia destruyen los derechos sociales de los que menos tienen, es posible con una reforma laboral, que rápidamente saldrá a la luz luego de las elecciones de octubre.

La oligarquía, se reunió en “Idea”para preparar el nuevo desembarco de la explotación laboral, que tiene un futuro promisorio ante el avance en las urnas por parte del macrismo y legalizado por una justicia servil a los políticos-empresarios y con parte de una tibia oposición que muchas veces se asemeja a la segunda marca de Cambiemos. El gobierno de los ricos, se encuentra amparado por la fragmentación de votos y por las diatribas de corrupción que son dichas por el arco político, por derecha y por izquierda, consciente o inconscientemente los discursos de una parte de la oposición acarrean agua en favor de la ola amarilla.

Un ciudadano común podrá pensar sin temor a equivocarse que “los garcas por el momento van ganando la batalla”.

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