VOX POPULI, VOX NEOLIBERALISMO

Por Víctor E.G.

Luego del triunfo de la alianza de derecha “Cambiemos”, es muy difícil (hasta un punto imposible) hacer un análisis sociológico que explique el porqué del triunfo de la exclusión social y el éxito del vaciamiento cívico-intelectual, que se instaló en las personas como una pandemia de “fiebre amarilla” que atacó al buen criterio de los habitantes de territorio nacional. Sin embargo, nos queda la sana intención de manifestar el pensamiento político en algunas opiniones que nacen de los discursos y diatribas emitidos por los políticos de tinte empresarial, en los cuales pudimos afirmar algunas hipótesis y avizorar los nuevos gustos en la ciudadanía en lo que respecta a sus líderes gubernativos pos modernos.

En un primer momento, aseguramos que la victoria del macrismo fue producto de la demagogia y las mentiras manifestadas durante la campaña electoral del 2015. Y a eso, sumémosle la esperanza (para muchos) de la extinción total del impuesto a las ganancias. Además, el efecto psicológico que provocó el vocablo “cambio”, la cual no tiene nada de original; Barak Obama, ganó su primera elección presidencial utilizando el mismo significante vacío. También, tuvo el Pro un aliado fundamental: “el periodismo de guerra”, el cual en éstos dos últimos años sumó nuevos dragoneantes en su batalla en contra del campo Nacional y Popular, los gurkas-periodistas no pararon en su afán de ser opositores a la oposición de Macri.

Y la novedad en los discursos “light-espirituality” salidos de los templos de los Focus Group, encabezados por el gurú Duran Barba, que hipnotizaron a los nuevos y viejos votantes de la antinomia nacional. La nueva derecha, ha agregado a su gestión un acompañamiento de votos que no hizo caso a la fáctica y negativa realidad económica reinante. Es la primera vez, que en un período inflacionario, con preocupantes niveles de desocupación y con la anunciación de nuevos tarifazos en todos los servicios, y el aumento de los combustibles que siempre se trasladan a los precios de los alimentos, a pesar de toda esa expoliación al bolsillo común, los diversos sectores sociales prefirieron apoyar el proyecto amarillo, que los somete al sacrificio en vano de sus intereses personales. “No aflojemos”, surgió efecto en el espíritu ciudadano.

La nueva ilustración neoliberal, agregó al cotillón de los globos de colores, la penetrante propaganda de afiches en las calles de barrios y ciudades de todo el territorio argentino, mostraron a la obra pública en un pseudo gran esplendor. “Asfaltamos calles que antes eran de tierra”, fue expuesto como un trabajo faraónico y ese esfuerzo administrativo fue celebrado por el electorado del cambio y tomado como signo de la no corrupción. “Estamos haciendo lo que nunca antes se hizo”, dio a entender en la cosmovisión del apolítico, que llegaron los honestos salvadores de la obra pública que con su marketing hicieron olvidar las 1830 escuelas nuevas construidas en los tres gobiernos anteriores o las 15 nuevas instituciones universitarias y los miles de kilómetros de rutas distribuidas por todo el país.

La continua mentira del mejoramiento de la educación pública, por parte del antiguo Ministro de Educación, Esteban Bullrich, cuando en su discurso triunfal prometió su mayor esfuerzo para mejorar la misma. La vergonzosa construcción de  las “escuelas contenedores” que fueron dadas como limosna a los pibes porteños durante su gestión, es probablemente el plan educativo del flamante senador.

Los impostados gestos maternales de la gobernadora Vidal, no van a subsanar el año y medio sin computación de los alumnos de la Escuela Pública Nº12, Alte. Guillermo Brown, tampoco sus mímicas de bondad preparadas para el flash de la cámara arreglaron los agujeros del techo del mismo colegio que lleva años de abandono, un ejemplo particular que se repite en todos los puntos de la provincia y cualquier persona de bien pudo constatar el estado deplorable de los establecimientos educativos cuando emitieron sus votos semanas atrás. El abandono de las escuelas públicas, son las muestras contundentes que desenmascaran el cínico rostro de la derecha, que con una sonrisa te dice: “Caíste en la escuela pública”.

La cabeza en las fauces de lobo

Una buena parte de los argentinos en forma instintiva o automática fueron llevados por el odio a votar en contra de una persona. O su apoyo al oficialismo fue por simpatía a la moderna y compleja ideología pro; otra porción convalidó la aplicación de una política que privilegia a los sectores de poder. Otros fueron cautivados por aquellos que apelaron al lenguaje del ruego, de lágrimas secas junto a la redacción de una carta novelesca, elementos que convencieron a los “indecisos” y a todas las personas que no quieren saber nada con la política y vieron en la gracia de la teatralización un político diferente. Punto a favor de los representantes neoliberales que aplican sus viejas recetas con nuevas formas gestuales que son acompañadas con “gentileza”.

 “No volvamos para atrás”, declamada con las manos en el pecho, implorando dejar de lado esas cosas antiguas que llevaron al pueblo cerca de la igualdad, aunque, la ceocracia los convenció al decirles, que los “atajos” no sirvieron para el crecimiento del país y de ésta forma escondieron (una vez más) la realidad: que esas cosas viejas que nos dijeron los neoliberales fueron, son  y serán conquistas de los derechos sociales que nunca fueron plasmados al cien por ciento por las interrupciones de los proyectos populares, intenciones “populistas” que surgieron antes de nuestra independencia por aquellos próceres que son venerados (actualmente) sin ningún tipo de cuestionamiento por todo el arco político y social. La historia de la tragedia del pensamiento argentino se repitió por la legitimidad del voto en favor a Macri.

Esos sufragios nos acorralaron a todos en el filo del abismo neoliberal, en el cual ya lo hemos transitado con mucho dolor e impotencia. Algunos argentinos, son frágiles de memoria, no recordaron las políticas de Matinez de Hoz, con la Plata dulce y la Tablita cambiaria; se olvidaron del Plan Austral; soslayaron el Uno a uno de Cavalho y lo peor aún volvieron a votar a los mismos que los encerraron en el corralito del 2001. La costumbre neoliberal, reseteó la memoria y atribuyó sus errores (que para ellos son beneficios de clase) a sus adversarios, los cuales fueron mancillados por los exegetas del odio y de la venganza.

Nada importó al alma votante de Cambiemos, la crueldad con Santiago Maldonado y su familia por parte del Estado argentino y ese despreció brutal nos recordó a la época de: “algo habrán hecho”, que justificó los más aberrantes crímenes que puede cometer el alma humana. Hoy, la Vox populi, quedó embriagada por el coaching del argentino honesto y emprendedor, que siempre pide “un esfuerzo más a los argentinos”. Se legitimó la suspensión del Estado de Derecho, el cual actúa como grupo de tareas en favor de los “ganadores” y en esta forma torcida de ejecutar las leyes estamos en peligro todos los argentinos que no compartimos la visión neoliberal amarilla. Están en peligro nuestros derechos, que fueron el fruto de arduas batallas contra el poder de siempre

“Hacele caso a tu corazón”, echó por tierra toda racionalidad política y colocó a la palabra de los cuadros intelectuales como algo oscuro y viciado de corrupción, así nos dio a entender el Presidente cuando dijo que “ahora había que hablar y convencer a los sectores más oscuros”. Una expresión graciable que denostó a su rival de toda la vida, aquellos líderes políticos que representaron a las mayorías populares. “El esfuerzo de los argentinos”, seguirá llenando las arcas de los Aranguren; de los Quintanas; de los Macris; de los Peñas Brown; de los Lewis; a los Calcaterras y a tantos otros nuevos y viejos ricos, serviles de este modelo fatídico.

La filosofía de la frivolidad, ganó el combate comunicativo en una sociedad que parece estar en manos de la banalidad, actitud que impidió ver los problemas graves que en corto tiempo caerán en los votantes del cambio y en todos los que no pertenecen a los grupos oligárquicos. El proceso cognitivo no racional surgió efecto, creo una realidad política con los apolíticos, que les importó más las imágenes armadas con simpáticos rostros y no les agradó leer los textos explicativos que hacen elevar el pensamiento y así, entender que la “felicidad” particular no alcanza para vivir tranquilos en una sociedad que cada vez tiene más personas infelices, hundidas en la desigualdad de un modelo que les ofrece para comer un crédito bancario.

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