Plata amarga

Por Emiliano Delucchi

En un contexto de triunfo electoral y mejora de varios índices económicos, la Alianza Cambiemos se envalentona y apura cambios de fondo. Sin embargo, el desafío es ganar las elecciones de 2019 luego de la profundización del ajuste que ya está en marcha mediante las reformas laboral, impositiva y jubilatoria. ¿Cuáles son las probabilidades de éxito?

Un proyecto a largo plazo

Consolidado en las urnas, el gobierno salió airoso de una coyuntura económica difícil apelando a la polarización con el pasado y al voto emocional, relacionado con la esperanza y el futuro. Sin embargo, desde Cambiemos saben que no todo se basa en lo simbólico, por lo que vale indagar en las políticas públicas apuntadas a la situación material que fueron llevadas adelante por el gobierno.

Lejos de las teorías que aseguraban que el de Macri sería un gobierno de un solo período, y hasta incluso menos, ya que 2 años bastarían para llevar adelante las reformas neoliberales que pretendían los sectores concentrados (quita de retenciones, subsidios y derechos laborales) todo parece indicar que estamos ante un proyecto que llegó para quedarse y en pos de este objetivo empuña un tridente de medidas: el gasto social, más alto como % del PBI que en 2015, la obra pública, planchada en 2016 y con un salto exponencial este año, y finalmente el endeudamiento que atrae principalmente a capitales especulativos.

Los montos destinados a gasto social e infraestructura representan una de las pocas novedades a la hora de evaluar lo que han sido los gobiernos neoliberales en nuestra historia, siempre dispuestos a achicar el gasto estatal sin restricciones. Esta vez, la deuda social en materia de infraestructura parece abrir una puerta electoralista a una gestión carente de otro tipo de resultados positivos para conquistar a los sectores más postergados.

En ese sentido, la inversión en infraestructura ofrece tres ventajas, la primera es ganar votos en sectores históricamente adversos, a la vez que facilita la ruptura de un discurso fuertemente instalado, que asegura el macrismo gobierna solo para los ricos; en segunda instancia, no se puede pasar por alto que el propio presidente y muchos altos funcionarios pertenecen a familias que históricamente han realizado la obra pública nacional; finalmente, una buena infraestructura es demandada por las multinacionales a la hora de invertir en países con matriz ganadera agrícola extractivista, por lo que por medio de esta modalidad de gasto público todos salen ganando.

Las penas son de nosotros

Por otra parte, el fenómeno del endeudamiento puede dividirse en dos vertientes: pública y privada. En cuanto a la primera, la deuda externa fue llevada a más del 60% del PBI en poco más de 2 años, encendiendo algunas alarmas entre quienes dudan, incluso al interior del propio gobierno, de la viabilidad de este ritmo (el más vertiginoso de nuestra historia), a tal punto que el Ministro de Economía, Nicolás Dujovne aseguró públicamente que para 2020 el proceso de toma de capitales se reducirá sustancialmente.

Esta política tiene dos objetivos principales, por un lado, financiar el dólar libre (levantamiento del cepo) para que las empresas puedan girar a sus casas matrices todo lo que no pudieron en los años anteriores, y por otro mantener la liquidez que garantice la expansión del mercado de capitales vernáculo.

Asimismo, el endeudamiento individual mediante préstamos hipotecarios en UVAs (Unidades de Valor Adquisitivo) atados a la inflación, sumado préstamos personales de todo color, sabor y textura, augura un inminente cuello de botella que solo puede resolverse mediante cantidades cada vez más altas de endeudamiento. Estas políticas crediticias, que hasta permiten a personas de escasos recursos endeudarse por el equivalente a varias veces sus ingresos solo demostrando capacidad de ahorro de unos cuantos miles de pesos mensuales, son criticadas incluso por economistas liberales como José Luis Espert.

La necesariedad de esta batería de medidas responde al aprendizaje histórico de la derecha argentina, que intenta emular modelos exitosos tanto en el mundo desarrollado como en la periferia que le permitan llevar adelante su característico programa de distribución regresiva del ingreso, orientado sobre todo al agro y las finanzas, sin dejar de obtener buenas performances electorales que le aseguren el control del estado en un contexto mundial donde los golpes militares no son viables social ni económicamente.

Nada nuevo bajo el sol

En el contexto propio de un país de ingresos medios como Argentina, en donde el mercado interno y el consumo de las capas medias y populares constituyen una buena parte del PBI y resultan fundamentales para mantener un buen clima social, el objetivo principal del neoliberalismo es reducir el salario real, maximizar las ganancias empresariales pero al mismo tiempo sostener el consumo popular.

La solución a este problema aparece en la apertura de importaciones, que traen consigo el aumento del desempleo, y en el otorgamiento masivo de créditos personales, familiares y empresariales, de manera que los precios de los productos consumidos bajen al mismo ritmo que los salarios, estrategia que fue aplicada parcialmente en los 90 pero lejos está de ser un invento argentino.

Hace casi 40 años, Ronald Reagan y Margaret Tatcher asumieron los gobiernos de las grandes potencias occidentales e impusieron un feroz programa de reformas neoliberales como respuesta a la supuesta crisis del estado benefactor Keynesiano que había tenido su auge tras la segunda guerra mundial.

1 Captura

El presidente estadounidense logró iniciar una paulatina reducción del salario real de los trabajadores que se redujo de $9,5 a $6 en una década, mientras que en Francia aumentó de 6,5 a 8 en el mismo periodo. (Gráfico 1) Asimismo, su par británica asestaba un golpe mortal al movimiento obrero organizado al derrotar las huelgas mineras, logrando en tiempo récord una sustancial caída en la sindicalización, aumento de la desigualdad y desindustrialización de una economía cada vez más orientada a las finanzas.

2 Captura

Sobre legitimaciones y hegemonías

El éxito de este tipo de programas en los países anglosajones radicó no solamente en la eficacia a la hora de hacer más ricos a los ricos, sino en constituirse en hegemónicos en el plano simbólico, de tal manera que el grueso de la población perjudicada no atribuyó la nueva coyuntura socioeconómica al programa de gobierno, sino que éste fue reivindicado mediante constantes apelaciones a imaginarios que apelaron al sistema meritocrático y al anti-estatismo arraigados en los imaginarios populares.

En nuestro pagos la fórmula que se aplica es similar, y el rol legitimador lo encarnan los medios masivos de comunicación de la mano de constantes referencias al éxito de los emprendedores, sumados a la difusión de las opiniones de personalidades respetadas socialmente, basta recordar la visita de la Reina de Holanda, Máxima Zorreguieta, quien en una serie de conferencias aseguró que la pobreza en nuestro país se debía a la falta de bancarización de la población, lo que le impedía acceder a créditos baratos.

Si bien los referentes son importantes, no puede dejarse de lado que la idea de self-made man tuvo un correlato durante fines del siglo XIX y la primera mitad del XX en nuestro país, donde numerosas familias de origen migratorio (principalmente europeo) lograron constituirse en clase media en base al trabajo y esfuerzo de sus miembros, en su mayoría de orígenes humildes, a quienes “nadie les regaló nada”, por lo que la legitimación del discurso oficial escapa a un mero implante ideológico pergeñado por los grandes medios masivos, sino que recoge cadenas de significantes sedimentados desde hace décadas en el cuerpo social.

El huevo de la serpiente

Cuando en 2005 Brasil y Argentina se propusieron pagar la deuda al FMI para recortar su influencia, desde el organismo recomendaron refinanciar la deuda, asegurando que eso era lo más conveniente, postura que fue repetida hasta el hartazgo por los dirigentes liberales locales que hoy están en el gobierno. La situación se aclara al considerar que el objetivo de los organismos multilaterales de crédito no es el cobro del dinero, sino influenciar en las políticas públicas de los estados deudores, orientándolas en beneficio de las transnacionales con sede en los países a los que dichos organismos responden.

Trazando un paralelo que nos lleve hacia la economía doméstica, y teniendo en cuenta que una persona que haya sacado un crédito hipotecario UVA hace 21 meses debe hoy un 40% más que al inicio. Uno de los objetivos encubiertos de este tipo de préstamos podría ser el de mantener al ciudadano cautivo durante buena parte de su vida, ya que sería irrelevante si el dinero se devuelve en 30 años, 35 o incluso 40, porque lo importante no es la devolución rápida, sino la atadura de por vida a una institución bancaria.

Finalmente, merece atención el alto riesgo de inviabilidad del sistema, que incluso comienza a ser advertido por instituciones que nada tienen de conservadoras a la hora de avalar préstamos, como la consultora Standard & Poor´s, que alertó sobre la enorme fragilidad de Argentina debido a su deuda elevada combinada a una cada vez mayor dependencia de los vaivenes del sistema financiero internacional.

En esta línea, no podemos soslayar que a diferencia de lo que ocurre en el primer mundo, donde los créditos se toman para la adquisición de bienes inmuebles o muebles de alto valor, aquí hay una enorme masa de dinero destinada a cubrir gastos corrientes (comida, reparaciones hogareñas) de los sectores más vulnerables, que toman capital a tasas altas poniendo como garantía sus ingresos en concepto de planes sociales. En este sentido, un descalabro financiero pondría en riesgo la satisfacción de necesidades básicas que apenas logran cubrirse actualmente.

Un comentario sobre “Plata amarga

  1. Muy bueno Emi. El desafio que representa volver a una perspectiva populista es altisimo, y creo que necesita del hundimiento de una amplia franja de la poblacion para lograr los votos suficientes. Una andaluza compañera de trabajo hace años repetia: Otro vendra .. que bueno me hará…”!

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