Reforma Laboral: El capital normalizando

Por Juan Manuel Erazo.

En mayo de este año, el presidente Mauricio Macri visitó la Republica Popular China para participar del Foro de Negocios e Inversiones junto a cientos de empresarios y funcionarios públicos de distintos países. Al tomar la palabra manifestó que desde Argentina “queremos dejar de ser el granero del mundo para pasar a ser el supermercado del mundo”. En este artículo se desglosará esta idea fuerza cargada de apreciaciones económicas, políticas, históricas e ideológicas.

En primer lugar, se analizará el “dejar de ser el granero del mundo”. Así fue denominada la Argentina hacia finales del siglo XIX cuando el sistema económico se sostenía por el intercambio de productos primarios (exclusivamente de origen agropecuario, y en gran medida generados en la región pampeana) por productos manufacturados provenientes del exterior, especialmente de Europa. Argentina se abría a la repartija mundial del trabajo como una economía primaria agroexportadora.

Este modelo económico se consolidó a fuego y sangre tras la derrota del modelo paraguayo de autonomía e industrialización, la represión a las montoneras federales del interior, el exterminio de los pueblos originarios tras la llamada Campaña del Desierto y el despojo de sus tierras, y la consolidación de la elite oligárquica porteña. Las bases del “granero del mundo” se apuntalaron tras la derrota de todo aquello que resistía el ingreso violento del capitalismo global.

Ese capitalismo tuvo como consecuencia mayores niveles de concentración de la tierra, negociados de todo tipo entre el Estado y privados, y la pauperización de las condiciones de vida de la clase trabajadora argentina, de gauchos, indios, inmigrantes empobrecidos que escapaban de la guerra y las persecuciones políticas. El médico y abogado Juan Bialet Masse lo describe en su Informe sobre el Estado de las Clases Obreras en Argentina:

“Era de ver aquellos hombres agobiados por el peso, sintiendo ya los efectos de la falta de presión, jadeantes, paso a paso, víctimas forzosas del progreso, porque no hay otro medio mejor de hacer la operación; pero ya que no puede evitarse, deberían ser pagados al menos con doble salario del que perciben. Esos son las águilas del progreso, héroes anónimos, que labran el canal de la riqueza de que ellos no van a gozar; su trabajo se paga con un peso y cincuenta centavos y se cree haberlo recompensado con largueza.”

En segundo lugar, el actual presidente niega en sus dichos todo el proceso de industrialización que atravesó la Argentina desde mediados de los años 30 hasta la última dictadura cívico militar. Esta última tuvo el claro objetivo de volver a transformarnos en “el granero del mundo”, a costa de la desarticulación de la organización popular: la desaparición forzada de 30000 personas (centralmente delegados de fábrica) es una muestra clara.

Ser el supermercado del mundo

Reprimarización de la economía a bajo costo. Lisa y llanamente ese es el norte. Una versión 2.0 del “granero del mundo” en una etapa crítica del capitalismo global, donde la transnacionalización devora economías enteras, donde los niveles de exclusión social como fruto de la alta concentración son abismales ¿Qué implica ser el “supermercado del mundo” cuando el capital avanza tenazmente sobre el trabajo?

Aquí es donde aparece la reforma laboral, condición necesaria para avanzar en este plan económico que propone Cambiemos pero que fue pensado desde las grandes cámaras empresariales, especuladores financieros y grupos agroexportadores. Para entender la reforma laboral, hay que imaginar un supermercado.

¿Por qué las personas hacen las compras del mes en un supermercado? Porque casi siempre se consiguen diferentes mercancías (centralmente alimentos) a bajo costo. Los supermercados luchan por quien puede presentar “mejores ofertas” para garantizar mayores márgenes de ganancias ¿Y cómo es que los supermercados ofrecen determinadas mercancías a bajo costo? Hay muchos artilugios legales, más o menos legales o definitivamente ilegales, pero lo más importante se esconde en las condiciones laborales de sus trabajadores/as.

La mayor parte de los/as trabajadores/as de los supermercados trabajan 6 días de la semana, en horarios rotativos altamente fluctuantes, carecen de la paga de horas extras, no están sindicalizados/as (o son parte de sindicatos que nada tiene que ver con la rama), cobran salarios bajos y perciben míseras indemnizaciones al ser despedidos/as. Los/as repositores/as son casi siempre tercerizados/as, y los supermercados casi nunca se hacen cargo de sus posibles conflictos.

Este tipo de empleo son los pilares de la reforma laboral que impulsa Cambiemos, que contó con la aprobación de la cúpula de la Confederación General del Trabajo (CGT): desproteger al trabajador, facilitando la renuncia de sus derechos en pos de obtener desesperadamente un empleo e igualando las condiciones objetivamente desiguales entre empleado y empleador; desresponsabilizar al empleador, facilitando la tercerización y la subcontración; y, por último, flexibilizar el mercado reduciendo las indemnizaciones, pagando horas extras con “días libres”, congelando salarios y facilitando despidos.

Este paquete de medidas se refugia en ideas como “liberación de fuerzas productivas” y “aumento de la oportunidad de empleo”, pero históricamente su implementación siempre significó mayores niveles de desempleo engrosando la pobreza y profundizando las desigualdades. Ser como la India donde un sueldo vale lo mismo que una botella de Coca Cola, esa es la cuestión. Es el capital avanzando sobre el trabajo. Cuando aumentan los privilegios de unos pocos, siempre se reducen los derechos de muchos/as.

Las condiciones necesarias para su implementación

En primer lugar, Cambiemos necesita generar el consenso social necesario, sembrar la idea de que es vital y necesario para el “cambio”. El capital necesita normalizar, implantar la idea meritocrática de que a mayor explotación más honroso se es, hacer de la flexibilización un estado natural de las condiciones laborales. Para esto se despliega un intenso operativo mediático e institucional a partir de las principales usinas del establishment y de los grandes grupos comunicacionales.

En segundo lugar, se necesita la bancada del poder legislativo. Este paso quedó momentáneamente trunco cuando la semana pasada el bloque de legisladores del FPV – PJ consideró necesario continuar con las modificaciones sobre el proyecto en otros ámbitos, ante el malestar manifestado por diferentes corrientes de la CGT y otras centrales sindicales.

Y la principal condición para profundizar la avanzada de los privilegios sobre los derechos es la desarticulación de cualquier oposición por parte de las organizaciones gremiales y sociales. Esto puede darse, pero va a costar. El visto bueno dado por el triunvirato de la CGT fue fuertemente cuestionado por sectores internos liderados por Pablo Moyano, la Corriente Federal de los Trabajadores, y otras centrales gremiales, entre ellas las dos CTA y la Confederación de los Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) quienes convocaron a una movilización el próximo miércoles 29 de Noviembre.

La oposición a estas reformar puede configurar un nuevo frente gremial que haga tambalear la agenda de Cambiemos y que ejerza presión sobre diversos bloques legislativos conformados por la oposición más blanda. El escenario queda abierto, signado por la resistencia de la organización popular, la avanzada represiva mediático/policial del gobierno y el constante metabolismo de la lucha de clases.

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