SMP: Síndrome del Médico Patriarcal

Por Eva Morales Guido

Hace apenas algunos días en el programa de Telefé Noticas, conducido por Nicolás Repetto y Milva Castellini, en la sección de “Gente que Sabe” el Dr. Daniel Lopez Rosetti explicó como las conductas de las mujeres son influenciadas por la acción de las hormonas en nuestros cuerpos. El libro, titulado Ellas (2016) y escrito por el mediático doctor que suele frecuentar las pantallas televisivas, cuenta con un capítulo específico de la temática titulado “Ellas y las hormonas” y un prólogo del también mediático Dr. Facundo Manes, especialista en Neurociencias.

“Cuerpos diferentes. Pero no sólo en eso. El cerebro es diferente.”, escribe Lopez Rosseti en la introducción. La intención discursiva resulta clara, pareciera entonces que la biología y la neurociencia podría ser la respuesta a por qué las mujeres ganan en promedio un 27,6 % menos que los hombres, o por qué las tasas de desempleo son mayores en las mujeres, o también por qué el 76% del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado es realizado por las mujeres[1]. Aunque está más que claro que la cuestión pasa por otro lado, sin embargo, la ciencia esta siempre tratando de legitimizar, en cierta medida, nuestro lugar en la sociedad.

“¿Te vino?”

Nicolas Repetto, el conductor del programa, comenzó la charla describiendo de manera general a las mujeres durante su ciclo menstrual: “Van para arriba, van para abajo, están eufóricas, están deprimidas, están calientes, están frías.”, y ante la explicación  del Dr. sobre estudios de investigación que se desarrollan en su libro, Milva comentó: “No es un mito entonces, esta científicamente probado que modificamos.” Pero, ¿está todo científicamente probado?

Robert Frank, médico ginecólogo fue el primero, en 1931, en darle a la menstruación bases científicas para explicar las conductas femeninas y justificar la exclusión de las mujeres en ámbitos de poder.  Más tarde en el 1964, la médica endocrinóloga Katharina Dalton comenzó a implementar el término de Síndrome Premenstrual[2]. Este concepto comenzó a tener más relevancia en el último tiempo: los procesos vitales como la menstruación, la menopausia o la niñez han sido definidos en términos médicos para ser comprendidos como una “enfermedad”. Este proceso de medicalización de la vida nos lleva a estar discutiendo si una mujer puede estar enferma sólo por estar transitando su ciclo menstrual, con todas las variaciones que este implica, ya que todos los cuerpos y experiencias son diferentes. Y no todas las mujeres menstruan.

“Lo nuevo: cómo tratar el síndrome premenstrual y mejorar la calidad de vida”[3], es como titula una nota el portal de Noticias Infobae. Una de las médicas entrevistadas comenta: “El síndrome premenstrual puede ser tratado, y es aconsejable consultar, dado que el objetivo es mejorar la calidad de vida de los pacientes que lo padecen”, entonces ¿es la menstruación una enfermedad?

El Sindrome Premenstrual (SPM) engloba a todos los síntomas que puede llegar a experimentar una mujer los días anteriores a su menstruación; desde irritabilidad, depresión, ansiedad, labilidad afectiva, etc. Desde las ciencias médicas, la psiquiatría cumplió un rol fundamental en la concepción de las experiencias premenstruales como una enfermedad mental. El Manual diagnóstico y estadísticos de los Transtornos Mentales (DSM), es una herramienta diagnóstica consensuada por la Asociación Americana de Psiquiatría (AAP) y utilizada internacionalmente que permite arribar a un diagnóstico estableciendo criterios claros como si se tratara de un checklist para ver si se encuentra en el paciente.

En 1980, luego de la popularización del concepto de Sindrome Premesntrual, con varias publicaciones de la Dr. Dalton, un comité de psiquiatras de los Estados Unidos definen un nuevo cuadro conocido como Trastorno Disfórico Premenstrual (TDPM) y plantean su incorporación al DSM III (3ra Edición). Desde entonces el SPM deja de ser un concepto más abstracto para pasar a ser un diagnóstico psiquiátrico, el cual además, requiere un tratamiento médico. Para poder diagnosticar el TDPM deben estar presentes ciertos síntomas durante cinco días anteriores a la menstruación en cada uno de los tres ciclos menstruales anteriores. Sin embargo, muchos miembros de la Asociación Americana de Psiquiatría estuvieron en contra de incluir este diagnóstico, ya que no presentaba una base científica sólida en su justificación. En una carta enviada al presidente de la AAP, médicos y público en general protestaron por la inclusión en el DSM y argumentaron que no existía una base empírica para dicho diagnostico y que el mismo implicaba consecuencias sociales, políticas y económicas para las mujeres. Sin embargo, el TDPM fue incluido como una enfermedad de salud mental.

¿Que tienen en común el patriarcado y la industria farmacéutica?

La medicalización es un término introducido por Ivan Illich (1984), en los cuales los médicos se ocupan y tratan problemas asociados a características intrínsecas de la vida-, tales como la sexualidad, el envejecimiento, o la menopausia. Es un proceso que se extiende imparablemente, lo cual implica para la industria farmacéutica un mercado inagotable.

Antes del siglo XX, las experiencias premenstruales de las mujeres no habían sido consideradas ni descriptas como una enfermedad, ¿A quién podría beneficiar esta noción? La concepción de mujer padeciente responde a un modelo patriarcal que busca someter a las mujeres al ámbito de la familia y del cuidado excluyéndola de espacios de poder, justificando con supuestas “bases científicas” los discursos de profesionales como el Dr. Lopez Rosetti quien sostuvo que “si sabes cuando ovula una mujer, es más probable que te de su número de teléfono”.

El siguiente paso a incluir una entidad como “enfermedad” es proveer un tratamiento farmacológico para la misma, ahí es donde entra en escena la industria farmacéutica. La fluoxetina, un antidepresivo elaborado por el laboratorio Eli Lilly bajo la etiqueta comercial de Prozac, fue aprobado en el 2011 por la FDA (Foods and Drugs Administration) de los Estados Unidos como tratamiento para el Transtorno Disfórico Premesntrual. La estrategia del laboratorio fue la siguiente: como la patente del Prozac estaba pronta a vencerse, debían encontrar una nueva indicación para este fármaco que no fuera la depresión. Ante esta situación, Eli Lilly cambia la estética del producto, el fármaco se empezó a comercializar como una píldora violeta y rosa bajo el nombre de “Sarafem”. Sara, era la primera esposa de Abraham, su nombre significa “Princesa” y se la distinguía en el Nuevo Testamento por la obediencia a su esposo. Sarafem y Prozac eran exactamente lo mismo, la diferencia solo cabía en el color de la píldora y se superaba el escollo de que al ser utilizado para el tratamiento de la depresión, el Prozac tendría una visión más negativa para su uso en mujeres que habían sido diagnosticadas con TDPM.

La estrategia de marketing de la “big farma” funciona como una herramienta fundamental en todo el proceso de medicalización de la vida y sus resultados son evidentes. “The Lancet”, una prestigiosa revista médica británica, publicó un estudio realizado con un grupo de estudiantes de medicina, a los cuales se les ofreció dos píldoras: una azul y otra roja. Los investigadores le comentaron a los estudiantes que una de esas pastillas iba a tener una efecto “tranquilizador” sobre sus cuerpos; la mayoría de los estudiantes eligió la píldora color azul y manifestó sentir ese efecto, sin embargo, ambas píldoras tenían los mismos compuestos.

Eli Lilly gastó más de $33 millones de dólares en el marketing del fármaco: luego de 7 meses de su aprobación en los Estados Unidos mas de 200.000 pacientes recibieron tratamiento con Sarafem[4]. Al parecer pasó desapercibido el hecho de que el uso de cualquier fármaco, en este caso la Fluoxetina, implica efectos adversos, costos económicos y un cambio en la perspectiva de la salud del paciente que debe ser sometido a un tratamiento. Una vez más, la industria farmacéutica se enriquece de manera exponencial a costa de la salud de las mujeres.

¿Gente que sabe?

No hay que ser reduccionista, Nico. Pero biologicamante es asi. Porque la biología lo quiso o Dios lo quiso”, dice el doctor mediático.  Es fundamental aclararle al Dr. Lopez Rosetti, que más allá de lo puede aportarnos la ciencia, la universalidad de términos como “las mujeres son hormonales”, parte de un supuesto más que discutible. Las experiencias menstruales que vive cada mujer, forman parte de su subjetividad y su propio cuerpo. Ningún experto pueden convencernos de lo que ocurre durante nuestro ciclo mestrual, porque no todas las mujeres viven esta experiencia de la misma manera.  Tratar de definir nuestras experiencias premenstruales en términos patologizantes como “sindrome” y “trastornos” sólo responden a un sistema de poder que busca enfermarnos, someternos y excluirnos.

[1]    “La violencia económica en la mira”. Magali Brosio y Candenlario Botto. 24 de noviembre del 2017. Economía feminista. Http://economiafeminista.com/la-violencia-economica-en-la-mira/

 

[2]    La medicalización del sufrimiento femenino:el Trastorno Disfórico Premenstrual. Daniel Matusevich y Pedro Pieczanski.VERTEX. Revista Argentina de Psiquiatría. 2008,Vol XIX: 280- 291.

[3]    “Lo nuevo: cómo tratar el síndrome premesntrual y mejorar la calidad de vida”. 7 de octubre del 2017. SALUD. Infobae. Http://www.infobae.com/salud/2017/10/07/lo-nuevo-como-tratar-el-sindrome-premenstrual-y-mejorar-la-calidad-de-vida/

 

[4]    “Is PMDD real?”. Jennifer Daw. Octuber 2002, Vol 33, N° 9. American Psychological Associated. Http://www.apa.org/monitor/oct02/pmdd.aspx

 

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