El largo camino de la ultra-derecha en Europa

Por Cristopher Cardarelli* y Emiliano Delucchi**

Complejo y multidimensional, el fenómeno de las ultraderechas europeas merece un abordaje económico y social, pero también histórico. ¿Cuáles fueron los cambios y las irrupciones que pusieron en jaque un orden político que supo ser hegemónico durante más de 50 años?

Posguerra y recuperación

Con revolución industrial, Europa occidental ocupa la centralidad económica mundial (que antes había pertenecido al Asia) y varios de sus estados se erigen como potencias coloniales, por lo que empiezan a disputarse el comercio mundial. Esto termina generando un conflicto de intereses cada vez más grande, el cual se resuelve con dos guerras mundiales. A partir de entonces, los países de la región buscaron consensos básicos para lograr un período de prosperidad.

G y E 1Fuente: Atlas nuevos mundos emergentes, Le Monde Diplomatique

No puede dejarse de lado que el proceso se da en el contexto de la incipiente guerra fría, por lo que EEUU participó activamente de la recuperación europea mediante el plan Marshall. Este consistió en una serie de créditos cuyo objetivo era, por una parte, asegurar la compra de los productos industriales estadounidenses (dado que en ese momento EEUU producía casi el 40% de todos los bienes del mundo) y por otro, lograr una relativa paz social en naciones devastadas por la guerra y seducidas por los buenos resultados económicos de la URSS y el bloque del este.

Dentro de ese contexto surgió el Estado de bienestar europeo, un tipo de alianza pluri-clasista entre los partidos comunistas y otras expresiones políticas más moderadas, las cuales dieron lugar a los procesos social-demócratas. Sin dejar de lado al Estado liberal burgués como campo en el que se daban las disputas políticas, incorporaron derechos laborales, mayores salarios, fortalecimiento de las capas medias y el mercado interno. Todas estas concesiones tuvieron lugar durante la hegemonía del keynesianismo como paradigma económico.

El círculo virtuoso keynesiano encendió las alarmas en los años 70 y comenzó a resquebrajarse en los 80 con los triunfos de Reagan en EEUU y Thatcher en Gran Bretaña. A partir de ese momento, las derrotas del trabajo frente al capital son lentas pero continuas hasta la caída de la URSS, y bastante aceleradas luego de ese acontecimiento traumático para la economía mundial, que incluso llevó a varios teóricos a proclamar el fin de la historia política humana en base al triunfo total del neoliberalismo frente a otros proyectos.

G y E 2Fuente: Elaboración propia en base a datos del Banco Mundial

Pérdida simbólica de Europa: el caso francés

Para entender las transformaciones que se dieron a nivel simbólico en el continente europeo, es necesario retrotraernos hasta unos años posteriores a la rendición de las fuerzas del eje. Las bombas y balas se dejaron de lado como forma de moldear las relaciones de fuerza entre naciones, ya que las batallas se habían trasladado hacia los países subdesarrollados (Vietnam, Camboya, Angola, Corea). Una nueva guerra latente afloraba: La Guerra Fría

En este enfrentamiento, el mundo se presentaba bipolar, de un lado del ring la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) y del otro, los Estados Unidos de América. En el medio, numerosos países intentaban mantener relaciones amigables con ambos Estados, aunque no todos lo conseguían con éxito. Sin embargo, en Europa, Francia logró posicionarse como un jugador clave, ya que mantenía relaciones de “distensión, entendimiento y cooperación” con la URSS, mientras que para EEUUlos galos representaban un rol necesario, aunque incómodo.

En este aspecto, Francia comprendía el valor de su posicionamiento como pívot en el mundo de las relaciones internacionales. Es así que muchas de sus acciones resultaron innovadoras, tales como el reconocimiento de la República Popular China, las buenas relaciones entabladas con la URSS y el reconocimiento del derecho a una patria y a un Estado para el pueblo palestino. Institucionalmente, Francia fue la fundadora del G5 (Luego G7 y finalmente G8 con la incorporación de Rusia), en el FMI ocupaba de facto la dirección general y logró con esfuerzo ser miembro permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

De 180º fue el giro que dieron las políticas de relaciones internacionales de Francia con la caída del polo Soviético: c’est fini. Aunque continuó siendo un actor importante en el plano internacional, paulatinamente comenzaría a perder su capacidad de independencia en la toma de decisiones. Como “contraofensiva” ante la pérdida de poder político internacional, los galos buscaronla institucionalización de temas de importancia coyuntural, tales como, medioambiente (creación de la Organización Mundial del Medio Ambiente), orden internacional (creación de la Corte Penal Internacional) y paz mundial (operaciones de mantenimiento de la paz por parte de la ONU). Ninguna de las acciones llevadas a cabo prosperó como se esperaba: se toparon con los intereses norteamericanos.

Así, un nuevo “desembarco a Normandía” se dio a través de las embajadas norteamericanas a lo largo y ancho de Europa. El posicionamiento de EEUU frente a situaciones particulares imperaba al final del día, y así paulatinamente Francia (como otros tantos) comenzaron a modificar sus acciones, sobre todo las que hacían referencia al lo que debía ser el nuevo orden mundial.

En suma, el proceso de americanización no manifiesta solamente en el campo cultural, por lo que que las relaciones internacionales de las últimas décadas del siglo XX pueden leerse como un fiel reflejo de la pérdida lenta, aunque ininterrumpida, del poder político-simbólico del viejo mundo.

El factor Asia

El eurocentrismo no debe impedirnos ver lo que sucede a partir de los 60 en cuanto a la relocalización industrial. El primer receptor fue Japón, con mano de obra muy capacitada y barata, aunque luego ese rol es ocupado por los llamados Tigres Asiáticos (Hong King, Taiwán, Malasia y Corea del sur) Finalmente China se transforma en un capitalismo de estado a partir de la muerte de Mao en 1976, incorporando 1100 millones de personas a la producción global, proceso que maduraría recién con la explosión del desarrollo chino en la década del 90.

Este proceso golpeó duramente a la mano de obra menos calificados en Europa, ya que las industrias que los empleaban migraron cada vez más hacia el este. Sin embargo, el aumento de calificación de los obreros asiáticos y la fuerte inversión de China en investigación y desarrollo, permitió a la ciudad de Beijing orientar su economía hacia la producción de bienes intermedios y de alto valor agregado, lo que afectó a los trabajadores medios del primer mundo. El golpe de gracia lo dio la desintegración de la URSS, que aportó otra buena cantidad de obreros con altas calificaciones y dispuestos a resignar salarios y derechos a cambio de poder trabajar en occidente.

En este sentido, si bien el sector de servicios ha crecido en importancia durante el siglo XX, el término post-industrial no puede ser aplicado a escala global ni utilizado para explicar cómo funciona el mundo, sino que refiere única y parcialmente a los países desarrollados, que aunque han trasladado sus industrias, siguen recibiendo ingresos de los grandes conglomerados industriales que tienen casa centran dentro de sus fronteras (BMW, Peugeot, Ford, Basf, etc.). Un dato interesante es que la producción de acero no ha desaparecido en los últimos decenios, sino que ha migrado casi exclusivamente hacia China.

G y E 3Fuente: Elaboración propia en base a datos del Banco Mundial

Podemos hablar, entonces, de un proceso de des-proletarización en lugar de desindustrialización en los países desarrollados. Aquí vale destacar que el avance de las finanzas y la especulación frente a la industria ha traído consigo una cada vez más desigual distribución de la riqueza, quizás porque este sector de la economía ofrece mayores ventajas a las elites que a los trabajadores de un mundo laboral degradado a la hora de apropiarse de la torta.

Thatcher y el neoliberalismo como proceso cultural y económico

Además del aspecto económico, para entender el largo proceso de auge y deterioro de los estados de bienestar europeos son fundamentales los aspecto cultural y simbólico, que experimentaron grandes transformaciones a partir de la llegada al gobierno de Margaret Thatcher en Reino Unido. Bajo su mandato, se produjo una gran caída de la sindicalización, aumento del sector financiero en la economía y elevada desocupación, al tiempo que la Dama de Hierro mantenía una buena imagen y su programa de gobierno un amplio consenso social.

Al aumento sustancial de la desigualdad, hay que sumarle un fuerte endeudamiento tanto gubernamental como empresarial e individual, ya que las derrotas sindicales y del campo del trabajo fueron reemplazadas con créditos otorgados por un fortalecido sector financiero. En ese contexto desfavorable, la idea de que los caídos hacia las márgenes del sistema lo hacían por propia incapacidad o dejadez fomentó el rencor hacia los sectores menos favorecidos que necesitaban de ayuda estatal para sobrevivir.

Fuente: El Observador: Reino Unido, Le monde diplomatique

La capacidad del neoliberalismo para no perder adeptos (a pesar de que por primera vez la generación adulta actual vivirá en peores condiciones que la precedente), debe buscarse en la articulación de demandas populares (y no tanto) que es capaz de representar. Dicha articulación, que hace pie en las nociones de aldea global y libertad individual, actúa en desmedro tanto de la capacidad de los Estados-nación como de los partidos políticos tradicionales.

Estas instituciones, indisociables de la realidad económica del siglo XX, se muestran debilitadas y carentes de capacidad para abordar la atomización de demandas, lo que da lugar al nacimiento de nuevos actores en la escena política y social ya sea en forma de ONG’s, agrupaciones de base, fundaciones que muestran un rostro humano de las grandes corporaciones, o partidos políticos anti-sistema que escapan a la división izquierda / derecha.

Si bien la neoliberalización viene aparejada de un proceso de diversificación de las demandas sociales, el neoliberalismo como todo regente de poder provisorio busca constituir y moldear sujetos a su medida, bajo un proceso de homogeneización de la sociedad liberal/consumidora. En este sentido, el país regente no es otro que EEUU, y bajo su hegemonía se suscita un proceso de Americanización de la sociedad europea y las configuraciones relacionales de Europa.

Los interrogantes del nuevo siglo

El derrotero atravesado en este artículo finaliza en una Europa ya entrada en el siglo XXI, con sus Estados y partidos políticos tradicionales deslegitimados fruto de una crisis de representación sin precedentes. En ese sentido, las debacles económicas de 2007 y 2011 terminaron de demostrar que la realidad material del viejo mundo había cambiado para siempre, por lo que nuevas respuestas eran necesarias.

El histórico bipartidismo, hackeado por el descontento social, da lugar a nuevas formaciones tanto por izquierda como por derecha (este encasillamiento a veces resulta deficiente), aunque estas últimas parecen ser más exitosas en cuanto a la satisfacción de las demandas del electorado mediante un discurso que mezcla la xenofobia y el antisemitismo propios del siglo pasado, con un ataque a la globalización e incluso a las elites, que hace mella en los conflictos de estos tiempos.

Utilizando lo que algunos teóricos denominan “provocación estratégica” generan reiterados golpes de efecto en determinadas situaciones, sobrepasando el límite de lo políticamente correcto. Así, con discursos sumamente violentos en redes sociales contra los inmigrantes, que muchas veces actúan como chivo expiatorio, los partidos ultra-derechistas parecen estar superando la espiral de silencio que pesaba sobre sus ideas desde la posguerra.

A pesar de que algunas expresiones de izquierda también han nacido con el nuevo siglo, la claudicación del Gobierno Griego de SYRIZA frente a la troika, sumada a la incapacidad de Podemos de hacerse con el poder político en España, obliga a una revisión sobre los límites de este tipo de construcciones. Quizás la respuesta esté enla coalición gobernante de centro-izquierda portuguesa, que vive una bonanza económica con índices sociales en alza desde 2015.

En la próxima edición de Primera Generación publicaremos la segunda parte de este artículo, en el que se abordará en profundidad la situación actual de los partidos de ultra-derecha, desde sus construcciones discursivas hasta sus programas de gobierno y representación parlamentaria.

* Lic. en Ciencia Política (UNLaM)

** Lic. en Comunicación Social (UNLaM)

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