Enemigo nuevo

El dolor fue efímero en la memoria de algunos argentinos, sin darse cuenta (en su gran mayoría) con sus votos soltaron el bozal de los lobos de la derecha criminal. Hoy nos encontramos con las diatribas que vociferan la aparición de un peligro extremista inexistente.

Por Víctor E.G.

Los tiempos pasan y las mañas siguen siendo las mismas. Cuando el neoliberalismo se encuentra en apuros para aplicar sus recetas de miseria y desigualdad crea un nuevo enemigo a quien enfrentar y al cual inculparle todos los males que ellos mismos construyeron en contra de la sociedad. A mediados y fines de los ´70 la Doctrina del Enemigo Interno, sesgó la vida de millares de compatriotas, con una excusa similar a la de nuestros tiempos, los extremistas que atentan contra la paz y el orden. Luego, llegado los ´80, la absurda guerra de Malvinas acabó con la vida de centenares de conscriptos, todo por los delirios de un general alcohólico que los mandó al frente sólo armado con el coraje colimba. El gobierno de facto se encontraba acorralado por los desastres económicos provocados por la política económica de Martínez de Hoz.

La muerte siempre precede a los gobiernos neoliberales. En los tiempos democráticos las fuerzas de seguridad fueron los ejecutores de los crímenes de Estado en defensa de los más poderosos, que imperturbablemente persisten en el tiempo, la oligarquía argentina se recicló y volvió disfrazada de progresista. Durante el gobierno de la Alianza de “Don Fernando”, el saldo de víctimas fatales llegó a 39 personas durante los conflictos sociales dentro del estado de sitio decretado por el presidente de ese entonces. El país azorado vio la cacería de los policías motorizados y los pisotones de la caballería de la Federal sobre los cuerpos de las Madres de Plaza de Mayo. Se cayó a pedazos el “Uno a Uno” de Cavallo, los bancos secuestraron los dólares de la clase media, el Mega Canje y el Blindaje Económico, favorecieron la fuga de capitales y engordaron las cuentas de los Paradise y Panamá Papers de los “glorificados” empresarios argentinos.

Sin embargo, el dolor fue efímero en la memoria de algunos argentinos, sin darse cuenta (en su gran mayoría) con sus votos soltaron el bozal de los lobos de la derecha criminal. Hoy nos encontramos con las diatribas que vociferan la aparición de un peligro extremista inexistente. Matar por la espalda a un ciudadano argentino de raíces mapuche es válido en el país amarillo, el cobarde accionar del grupo Albatros se justificó en las frases de la vicepresidenta de la Nación, que con su habitual ignorancia semántica expresó: “El beneficio de la duda siempre lo tiene que tener la Fuerza de Seguridad”. El joven Rafael Nahuel fue ejecutado por la espalda con una bala de plomo en Villa Mascardi, ante la duda los efectivos de Prefectura dispararon.

Con la mentirosa excusa del accionar en nuestras tierras de un grupo terrorista mapuche con relaciones y entrenamiento con el ISIS, surgió el relato de que había nuevos extremistas que inquietaban a los márgenes nacionales, la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM). Dentro de la lógica de secuestro de subjetividades, el Grupo Clarín, comenzó con el armado de la ciencia ficción. El “periodismo de investigación” atizó la idea de una rebelión india que amenazaba la paz de la Patagonia argentina, que para ellos (los medios hegemónicos) son las tierras de Lewis y Benetton, socios y aliados de Mauricio y por lo tanto son también fraternos amigos del grupo monopólico. El negocio de las tierras fiscales compradas a precio vil tiene que ser legitimado por la mayoría de los argentinos a quienes les venden la imagen de magnánimos filántropos que vinieron a repartir sus ganancias en nuestros suelos. Pocos argentinos saben de la pérdida de soberanía, luego del Estado Nacional, el señor Benetton es el mayor dueño de tierras, inclusive tiene dentro de sus terruños un puesto de Gendarmería a su servicio.

No en vano el presidente modificó la Ley 26.737. Por intermedio del decreto 820/2016, cambió la Ley de Tierras Rurales, votada por el Congreso en diciembre de 2011, que limitaba la compra de tierras por parte de extranjeros. El Gobierno amplió del 25 al 51 por ciento la participación de extranjeros en las sociedades autorizadas a comprar tierras en el país. Para el gobierno de derecha esa ley “era una locura”. Eurocentrismo y cipayismo es la cultura que quieren imponer, disfrazada de un patriotismo terrateniente. Tal vez, estaremos en las puertas de la segunda conquista del desierto, comandada por el ejército neoliberal argentino en sólida alianza con los neoliberales extranjeros.

“Los que violan la Ley tienen consecuencias”

El acto de fe y las palabras de la Prefectura Nacional, fueron los elementos sagrados para justificar la balacera de plomo contra los mapuches. Que por el momento son el nuevo enemigo a vencer a como dé lugar. Sin embargo, bajo esa mirada gubernamental estamos en peligro todos lo que no comulguemos con la práctica neoliberal. ¿Qué defensa tenemos ante los armados y la estigmatización de los medios adictos al gobierno? ¿Qué pasaría si las fuerzas de seguridad disparan por las dudas a todo aquel que para ellos sea sospechoso o sedicioso?

 La respuesta es fácil: No tenemos defensa ante ellos. Porque el plan es meter miedo a la ciudadanía para disciplinar y que de esa forma no puedan interferir en sus planes de estafa y robo. El estado de derecho cada día que pasa aumenta más su ruptura y nos acercamos a caer en el abismo de la infamia y de la injusticia. El capitalismo salvaje aprendió a ser más cruel y más cínico. Maquillaron la barbarie detrás de repetidos discursos de diálogos y honradez, el manual duran-barbista es seguido como un dogma por todo Cambiemos. En un pasado se luchaba en contra de una fracción política, hoy la lucha es desigual, la alianza de medios, redes oficiales, poder judicial y poder ejecutivo, avanzan a paso redoblado y ante ellos se encuentra esa masa a vencer llamada pueblo. Y también está esa porción de “imposibles”, que se formó a partir del 2003, y es la que a su manera entabla la tan temida palabra para el gobierno: Resistencia.

La ley, no ampara al pueblo, el absolutismo neoliberal ejecuta las leyes a su antojo. La figura ficticia de república es comandada por los representantes del odio y de la revancha. Están construyendo una democracia neoliberal asesina y despiadada que agobia física y espiritualmente, nos hace remontar  la memoria a los tiempos que nos asolaron las dictaduras cívico militares. Han logrado exacerbar las pulsiones de sus seguidores que en algunos casos son el resultado de una mezcla de fascismo e ignorancia atroz. Y los cuales están dispuestos por idea o por dinero a defender las aberraciones jurídicas y económicas. La espada justiciera va más allá del “castigo” a ex funcionarios, su filo amenaza a la única herramienta que en un futuro podrá arreglar parte de esta debacle, la política popular.

Las fuerzas de seguridad al servicio de la represión indiscriminada son el fiel reflejo de la ideología de la ancestral derecha argentina. Sin embargo, el mayor peligro no son los uniformados, ellos sólo siguen las ordenes de los gobiernos de turno, el riesgo verdadero es la semilla de salvajismo que están plantando en la sociedad. La brutalidad mental es acrecentada todos los días por los soldados del rencor. El nuevo enemigo debe ser liquidado acorde con los métodos de la era de la posverdad. El neoliberalismo, es la cultura de la escisión del hombre de sus valores morales y éticos. Sino, no tenemos otra forma de entender el porqué de tanto odio de sus simpatizantes y dirigentes por un lado y tanta indiferencia de los “apolíticos” por el otro. El neoliberalismo macrista volvió a encarnar el slogan: “Los argentinos somos derechos y humanos”.

 

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