La renta básica universal, un debate pendiente

Por Tomas Eloy Quintero y Gala Kreisler

En la coyuntura actual es necesario que la población reclame iniciativas al sector estatal para la generación de políticas al largo plazo como puede ser la Renta Básica Universal (RBU), con el objetivo de paliar las crecientes desigualdades y fomentar el desarrollo humano

“… he llegado a la conclusión de que si no se suprime la propiedad privada, es casi imposible arbitrar un método de justicia distributiva, ni administrar acertadamente las cosas humanas. Mientras aquella subsista, continuará pesando sobre las espaldas de la mayor y mejor parte de la humanidad, el angustioso e inevitable azote de la pobreza y de la miseria. Sé que hay remedios que podrían aliviar este mal, pero nunca curarlo. Puede decretarse, por ejemplo, que nadie pueda poseer más de una extensión fija de tierras. Que asimismo se prescriba una cantidad fija de dinero por ciudadano”

Tomás Moro, Utopía (1516)[1]

Lo que aquí arriba se expresa fue escrito hace más de 500 años, como parte de una utopía. ¿Qué pasaría si esa utopía se volviera realidad? Es decir, ¿Qué pasaría si todos los ciudadanos recibieran una cantidad fija de dinero para cubrir sus necesidades? Esto se han preguntado en el último tiempo variados autores: tales como Rubén Lo Vuolo (1994,2005), Van Parjis (1986, 1995), Raventós (2001, 2005, 2017), Yanez, entre otros académicos, filósofos, economistas y políticos, en diversas partes del mundo, como una alternativa a los sistemas actuales de distribución de riqueza.

La renta básica universal(RBU) es una forma de sistema de seguridad social​ en la que todos los ciudadanos o residentes de un país reciben regularmente una suma de dinero sin condiciones, ya sea desde un gobierno o alguna otra institución pública, además de cualquier ingreso percibido por los mismos provenientes de actividades públicas o privadas.

La implementación de la renta básica universal a nivel mundial en la que todos los ciudadanos perciban un ingreso es una necesidad imperante en la sociedad actual a escala global. Hay dos factores preponderantes a considerar a la hora de resaltar la importancia de la RBU, el primer factor es que el 1% de la población posee tanto dinero líquido o invertido como 99% restante de la población mundial, el segundo factor es que la automatización del trabajo las tareas de producción se transfieren, por lo tanto, ya no van a ser realizadas por operarios humanos y pasaran a ser realizadas por un conjunto de elementos tecnológicos.

La RBU se presenta entonces como una alternativa a los regímenes tradicionales de seguridad social, ya que su fundamento no es el seguro (como en el modelo de Bismarck) ni la solidaridad (modelo de Beveridge) sino la equidad (modelo de Paine). Sin embargo, como sostiene Van Parijs (1994:55), para que dicha prestación pueda instituirse debe ser percibida como justa, equitativa y éticamente aceptable. En ese sentido, numerosas organizaciones alrededor del mundo se han manifestado en favor de esta medida, convocando a intelectuales de diversas profesiones a expresar los motivos económicos, políticos y sociales que sustentan la implementación de esta idea.

La RBU es una condición para poder ejercer la libertad; algo que jamás puede tener una persona cuya existencia material no esté garantizada. Esta es la dimensión política de la RBU: constituiría un freno eficaz a la dominación social en las sociedades de principios del siglo XXI. Una buena razón para incluirla como componente constitutivo de ciudadanía.

Las capacidades humanas y en particular la destreza y la capacidad productiva de toda la población, “ha contribuido a atemperar y humanizar la concepción del desarrollo”, según Amartya Sen (filósofo y economista indio). No obstante, el hecho de reconocer el capital humano ayudará a comprender la trascendencia de éste en el proceso de desarrollo.

El desarrollo es, en última instancia la capacidad de la gente para realizar actividades elegidas y valoradas de forma libre. Después de todo, como señala Sen: “Sería inapropiado ver a los seres humanos como simples ‘instrumentos’ del desarrollo económico” y no como un fin en sí mismo. Por tanto, ningún proceso de desarrollo puede emerger independiente del ensanche de las capacidades humanas. Así por ejemplo, poseer educación y salud son capacidades humanas vitales que permiten a las personas tomar decisiones en áreas claves o para elevar la productividad de un país. Sin educación estas opciones son limitadas.

En la coyuntura actual nacional, el presidente Mauricio Macri recurre a reformas (reforma previsional, reforma laboral) en pos de generar supuestas oportunidades de trabajo e inversiones extranjeras, pero tanto el sector público como el privado es improbable que se genere el trabajo necesario para disminuir la tasa de desempleo,sumado a la precarización laboral que es cada vez mayor y a la llamada “lluvia de inversiones” que no parece llegar, por lo tanto, es necesario que la población reclame iniciativas al sector estatal para la generación de políticas al largo plazo como puede ser la RBU que puedan paliar las crecientes desigualdades y fomentar el desarrollo humano.

Por otro lado, se suele pensar que las necesidades son infinitas, que cambian permanentemente en cada cultura, en cada época y para cada persona. Si fuera así, sería imposible trabajar científicamente con esto porque cada caso sería distinto y no es posible generalizar (No se podría generar el RBU, según esta visión).

Max Neef (economista, ambientalista y político chileno) esgrime que este supuesto es producto de un error conceptual que consiste en que se diferencia claramente lo que son necesidades humanas y lo que son satisfactores de esas necesidades. Alimentación, vivienda o abrigo no son necesidades, son satisfactores de una necesidad como la subsistencia.

Las necesidades humanas fundamentales son pocas, clasificables e invariables. Lo que cambia no son las necesidades, sino los satisfactores. Esto es lo que cambia en culturas o sociedades diferentes.

Desde 1983 existe la Red Renta Básica (Basic Income Earth Network-BIEN- en inglés), y en 2004 pasó a ser una red mundial. La sede en Argentina se llama Red Argentina de Ingreso Ciudadano, presidida por Rubén Lo Vuolo. Es necesaria la realización de un debate en Argentina acerca de la RBU, que confluya en un acuerdo policlasista (entre sector público-privado) para obtener los recursos necesarios para el planteamiento del RBU como política pública estratégica que sea sostenible en el largo plazo.

[1] Moro T (2003). Utopía, Editorial Planeta. Traducción de Joaquim MalafrèGavaldà.

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